BUENOS AIRES.- El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que el auge del proteccionismo en todo el planeta, particularmente en Estados Unidos, constituye una de las mayores amenazas para la economía mundial que, ya en su décimo año de crisis, da muestras claras de no haber sido superada.

Una semana después de que el semanario británico “The Economist” llamara la atención sobre el peligro de un regreso del proteccionismo en el mundo, la Asamblea Anual del FMI y del Banco Mundial que concluye hoy en Washington ha sido más precisa en sus pronósticos al asegurar que esa amenaza es real, sólo que a mediano plazo, y no como algo inmediato. Pero el Fondo avanzó un paso más en su análisis, afirmando que “el riesgo político es una de las más grandes amenazas para la economía”, un indirecta pero clara referencia a un hipotético triunfo electoral de Donald Trump en noviembre, que podría disparar un curso proteccionista en Estados Unidos que provocaría una conmoción en la economía mundial.

Esta primacía del análisis político sobre las previsiones estrictamente económicas que formula el Fondo en su Perspectiva Económica anual resulta algo casi inédito en la historia más reciente del organismo multilateral, siempre atado a las estadísticas y poco afecto a incurrir en otros terrenos. Si nos atenemos a los pronósticos de crecimiento de la economía mundial en 2016 y 2017, que serán del 3,1% y del 3,4%, respectivamente, nada debería hacernos pensar en “riesgos” políticos ni en fantasmas de proteccionismo. Sin embargo, el FMI considera que se trata de un crecimiento débil y que apremia obtener tasas de expansión superiores al 5% ya que el persistente y ascendente desempleo, los salarios estancados o en retroceso, así como el aumento de las desigualdades sociales que afecta a todos los continentes, configuran un cuadro que da sustento a quienes culpan a la globalización de todo esto y ven en el proteccionismo una salida viable.

Ciertamente, los temores al proteccionismo y a un regreso a las barreras comerciales de los años ‘30 tras el crack de Wall Street, se vienen escuchando desde el atentado a las Torres Gemelas y se han repetido en distintas coyunturas desde entonces. Pero desde el estallido de la burbuja de las subprime en 2007 y, especialmente, después de la caída de Lehman Brothers al año siguiente, el comercio mundial se hundió hasta finales de 2009, con una recuperación lenta y desigual que está lejos de alcanzar las cifras y los porcentajes de las dos décadas anteriores. En esos decenios, el crecimiento del comercio mundial duplicó el ritmo de avance del PBI, mientras que actualmente apenas mantiene su ritmo de los últimos años, reflejando no sólo una caída de la demanda global sino también una baja tasa de inversión.

Desde este punto de vista, los efectos de la crisis no emergen de ningún proteccionismo sino de una globalización en crisis. Pero el peligro, a los ojos del FMI y del establishment mundial, es que esta situación es lo que está en la base del auge de las tendencias populistas o proteccionistas.

Bajas tasas de crecimiento, crisis de deuda en emergentes y desarrollados, deuda pública y privada en sus cotas históricas, de un lado, están alimentando frustración y resentimiento en naciones y clases diversas, poniendo en marcha un proceso de ascenso proteccionista que el FMI busca evitar para que no desemboque en guerras comerciales y armadas como las alumbradas por la Gran Depresión. (Télam)