Esquina de Maipú y Corrientes, alrededor de las 21. Lunes pasado. Una mujer joven, llevando a su niño en un cochecito, cruza la calle hablando por un celular con la mirada fija en el horizonte. La luz verde del semáforo le está indicando que no puede cruzar porque el paso lo tienen los vehículos. Un auto frena súbitamente y le toca bocina. Sin detener la marcha y la charla telefónica, levanta la mano, dibuja un gesto despectivo y prosigue su rumbo. Conocida es la incultura tucumana en materia vial, de la que, por cierto, no están exentos los peatones.

Desde el lunes, el Departamento de Prevención y Educación Vial de Tránsito de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán ha iniciado el operativo “megáfono”, cuyo objetivo es concientizar a los ciudadanos, tanto peatones como conductores, a respetar las normas. En distintos puntos del microcentro, se instalan inspectores municipales, que señalan con un megáfono los comportamientos incorrectos. “A la señorita que está cruzando por la mitad de la calle le recuerdo que debe hacerlo por la senda peatonal”, repetía una empleada municipal. Algunos se avergonzaron y asintieron con un gesto, mientras que otros no lo tomaron bien, posiblemente por haber quedado al descubierto su falta y sentir el bichito del ridículo. A los automovilistas se les llama la atención cuando conducen sin el cinturón de seguridad o cuando hablan por celular o emplean auriculares; a los motociclistas cuando no llevan casco.

Según el subsecretario de Tránsito y Transporte, la primera experiencia fue exitosa. “Una sola persona me dijo que no estaba pintada la senda peatonal cuando le dije que cruzara por la esquina. Pero eso no es justificativo para cruzar por cualquier lado y se lo explicamos. Yo creo que la gente va a entrar en razón”, dijo con optimismo. Anticipó que el operativo se efectuará por la mañana tres días a la semana y que lo que se pretende es realizar una campaña sostenida, como en algunas provincias del NEA. Lo llamativo es que la Municipalidad solamente cuenta con dos megáfonos, a los que se sumaría uno más donado por una firma del medio.

Todo volvió a la normalidad por la tarde, cuando desaparecieron los megáfonos y los inspectores. La penosa historia de la falta de respeto por los otros se repitió con normalidad. Como el “lobo” no estaba, los infractores reanudaron sus transgresiones.

Algunos lectores, que vieron con simpatía este operativo, acotaron que este podría efectuarse a la salida de los colegios, cuando se estaciona hasta en triple fila o propusieron, como sucede en otros países, que la multa a los transgresores deba pagarse en el momento, caso contrario, que sean llevados a la comisaría más cercana para efectuar las actuaciones correspondientes.

La creativa iniciativa municipal es un aporte al intento de concientización ciudadana, pero esta se logrará con educación en la escuela y con cursos exigentes con pruebas eliminatorias a la hora de obtener el carnet de manejo.

¿Qué hacer con la joven madre del comienzo de esta columna? Puso en peligro la vida propia y la de su niño y ante el bocinazo admonitor, reaccionó negativamente, como si el otro fuera el infractor. ¿Es tan importante una charla telefónica como para exponerse a la muerte con total indiferencia? Tal vez si ella hubiese sido educada en la niñez acerca del respeto por el otro y por las normas sociales, no tendríamos que apelar a megáfonos para corregir las inconductas.