A pesar de la ceguera, se graduó como psicóloga y quiere seguir ayudando a otros a superarse
La profesional sostiene que en Tucumán falta contención institucional para el no vidente, que necesita autonomía y autoestima
Fue la primera alumna ciega integrada de la Escuela Normal y es la única psicóloga no vidente de Tucumán. Marta Elene Acebedo trabajó muchos años enseñando a los ciegos a alcanzar autonomía en su vida cotidiana, tal como ella la tiene, y los ayudó a encontrar trabajo. Pero hoy, ya jubilada, lamenta que exista un vacío en la tarea de capacitar e insertar a los no videntes en su medio.
"Muchos tucumanos que han perdido la vista a causa de una enfermedad o un accidente, al igual que aquellos ciegos de nacimiento, necesitan aprender a manejarse de manera autónoma, y sus familias deben aprender cómo tratarlos. Es un proceso donde la contención psicológica resulta fundamental", opina Acebedo, de 58 años. "Yo cocino y puedo manejar mi casa, sola. Hoy en día es cada vez mayor la cantidad de gente que queda ciega por diabetes o accidentes. A veces personas jóvenes, que creen que ya no van a poder hacer nada. Falta ese lugar que los contenga, a ellos y a sus familias. Porque la familia también tiene que aprender a vivir con la persona ciega. Acostumbrarse a los nuevos roles".
Aunque existen en la provincia algunas organizaciones de ayuda al ciego, ella considera que no hay un lugar donde el no vidente aprenda lo que necesita para su vida cotidiana. "Falta contención. A veces los médicos no se animan a decir la verdad directamente -lamentó-. Supongamos que el paciente tiene una diabetes, con muchas posibilidades de quedar ciego. Hay que decirle la verdad y darle instrumentos para que pueda manejarse en la vida, Desde aprender a vestirse, bañarse, cortar la carne para comer, hacerse un café, cocinar… Hay gente que cree que por ser ciegos no pueden tener hijos, porque piensan que no podrán criarlos".
La menor de seis hermanos y la única no vidente de su familia, Marta es ciega de nacimiento, a causa de que su madre contrajo rubéola durante el embarazo. Hizo la primaria en la escuela Braille de Tucumán y la secundaria en la Escuela Normal. La única carrera que le gustaba era psicología, pero era 1976, año en que la dictadura cerró esa facultad de la UNT. Así que estudió en la Unsta, donde se graduó.
- ¿Cómo inició su carrera laboral?
- Me costó conseguir empleo. Mi madre era muy sobreprotectora. No me dejaba ni acercar a la cocina por miedo de que me quemara, tampoco me permitía buscar trabajo. Entonces empecé a mandar currículums a otras provincias y me fui a vivir a Santiago, donde alquilé un departamento con una amiga. Ahí aprendí todo lo que son las tareas de la casa, mientras trabajaba como psicóloga en un centro de rehabilitación. Después me enamoré de un tucumano, nos casamos y nacieron mis hijos. María primero, sin problemas, y después Roberto, que nació seismesino por una enfermedad genética. Nace ciego y con un problema de orientación espacial. No tiene nada que ver con la herencia, sino que fue una casualidad. Y a los dos meses de su nacimiento, muere el padre, de leucemia. Ya estábamos viviendo en Tucumán, él trabajaba en un hotel importante, no tenía problemas económicos y me había pedido que yo deje mi empleo para dedicarme a los chicos.
- ¿Cómo consiguió mantener a su familia?
- Después de dos años de hacer trámites logré una pensión y, más adelante, que me nombren como psicóloga, en 1988, en el Taller de Ciegos Adultos "Luis Braille". Hasta entonces la gente del taller no consideraba la necesidad de una psicóloga en el internado, sino que preferían personal de maestranza. Trabajé muy bien hasta 2008, año en que se jubiló director y nombraron a una directora nueva. A partir de ahí comenzaron a irse los alumnos. Habíamos llegado a tener unos 50 y en poco tiempo quedaron menos de diez. En esa época, el intendente de Famaillá, Enrique Orellana me propuso abrir un centro de rehabilitación para ciegos en esa ciudad. Comenzamos a armar la institución, a hacer reuniones, pero con el tiempo descubro que no había nada real en el proyecto. Hasta entonces ya me había jubilado. Años después me entero que al taller Luis Braille para adultos lo habían hecho desaparecer y lo fusionaron con la escuela Braille de niños.
- ¿Cómo trabajaba el taller para adultos?
- Se preparaba al ciego en entender cuál era su posibilidad, cuál su limitación, y enseñarle a salir a buscar la vida. A los trabajos los conseguíamos por medio de la institución Helen Keller. El Estado no nos da trabajo, por más cupo que digan que hay. Uno va a la Casa de Gobierno y pide entrar con el cupo del 4%, inician un expediente que demora muchos años, sin ningún resultado. En cambio, por medio de las ONG hemos conseguido 30 empleos en la Policía, con mucho esfuerzo. También conseguimos trabajo en el Siprosa y en la Municipalidad. Y a los chicos que tenían otras inquietudes o capacidades les ayudábamos a que siguieran estudiando, en el conservatorio, en la universidad o con docentes particulares.
- También consiguieron herramientas tecnológicas.
- Trajimos los primeros teléfonos con programa de voz, para poder leer mensajes. Ahora los celulares vienen ya con el programa instalado. También trajimos los primeros programas de voz para las computadoras. Un lector de pantalla que se llama Jaws y que lee todo lo que hay en la computadora. Nos permite usar Facebook, twitter, chatear, mandar correos, leer libros, escuchar películas (con un programa de audiodescripción). Todo lo que hace una persona común en la computadora. Incluso hay juegos on line para ciegos, que permite jugar en forma individual o contra otros.
- ¿En qué tareas se desempeñan mejor las personas ciegas?
- Muchos hospitales y otras reparticiones tienen ciegos como operadores de radio o telefonistas. La Policía también. Otra cosa que pueden hacer es la atención en call centers. Ahora la informática permite que hagan muchas cosas que antes no podían. Pueden ser músicos, docentes y otros oficios.
- Su hija María, única vidente de la familia, ¿no tuvo que hacerse cargo de atender a su madre y a su hermano?
No. Yo siempre traté de evitarle ese rol. Mandaba a mis hijos a distintas escuelas y en horarios diferentes. Vivíamos los tres en barrio Smata y un día me dijo que quería vivir sola. Le dije: “vaya”. La gente criticaba: “¿cómo puede dejarlos solos a la madre y el hermano?” Pero no. Los hijos no tienen que sentirse atados a nada. Nos vemos los domingos. Ella es terapeuta ocupacional y hace su vida, sin ataduras.
Fue la primera alumna ciega integrada de la Escuela Normal y es la única psicóloga no vidente de Tucumán. Marta Elena Acebedo trabajó muchos años enseñando a los ciegos a alcanzar autonomía en su vida cotidiana, tal como ella la tiene, y los ayudó a encontrar trabajo. Pero hoy, ya jubilada, lamenta que exista un vacío en la tarea de capacitar e insertar a los no videntes en su medio.
"Muchos tucumanos que han perdido la vista a causa de una enfermedad o un accidente, al igual que aquellos ciegos de nacimiento, necesitan aprender a manejarse de manera autónoma, y sus familias deben aprender cómo tratarlos. Es un proceso donde la contención psicológica resulta fundamental", opina Acebedo, de 58 años. "Yo cocino y puedo manejar mi casa, sola. Hoy en día es cada vez mayor la cantidad de gente que queda ciega por diabetes o accidentes. A veces personas jóvenes, que creen que ya no van a poder hacer nada. Falta ese lugar que los contenga, a ellos y a sus familias. Porque la familia también tiene que aprender a vivir con la persona ciega. Acostumbrarse a los nuevos roles".
Aunque existen en la provincia algunas organizaciones de ayuda al ciego, ella considera que no hay un lugar donde el no vidente aprenda lo que necesita para su vida cotidiana. "Falta contención. A veces los médicos no se animan a decir la verdad directamente -lamentó-. Supongamos que el paciente tiene una diabetes, con muchas posibilidades de quedar ciego. Hay que decirle la verdad y darle instrumentos para que pueda manejarse en la vida, Desde aprender a vestirse, bañarse, cortar la carne para comer, hacerse un café, cocinar… Hay gente que cree que por ser ciegos no pueden tener hijos, porque piensan que no podrán criarlos".
La menor de seis hermanos y la única no vidente de su familia, Marta es ciega de nacimiento, a causa de que su madre contrajo rubéola durante el embarazo. Hizo la primaria en la escuela Braille de Tucumán y la secundaria en la Escuela Normal. La única carrera que le gustaba era psicología, pero era 1976, año en que la dictadura cerró esa facultad de la UNT. Así que estudió en la Unsta, donde se graduó.
- ¿Cómo inició su carrera laboral?
- Me costó conseguir empleo. Mi madre era muy sobreprotectora. No me dejaba ni acercar a la cocina por miedo de que me quemara, tampoco me permitía buscar trabajo. Entonces empecé a mandar currículums a otras provincias y me fui a vivir a Santiago, donde alquilé un departamento con una amiga. Ahí aprendí todo lo que son las tareas de la casa, mientras trabajaba como psicóloga en un centro de rehabilitación. Después me enamoré de un tucumano, nos casamos y nacieron mis hijos. María primero, sin problemas, y después Roberto, que nació seismesino por una enfermedad genética. Nace ciego y con un problema de orientación espacial. No tiene nada que ver con la herencia, sino que fue una casualidad. Y a los dos meses de su nacimiento, muere el padre, de leucemia. Ya estábamos viviendo en Tucumán, él trabajaba en un hotel importante, no tenía problemas económicos y me había pedido que yo deje mi empleo para dedicarme a los chicos.
- ¿Cómo consiguió mantener a su familia?
- Después de dos años de hacer trámites logré una pensión y, más adelante, que me nombren como psicóloga, en 1988, en el Taller de Ciegos Adultos "Luis Braille". Hasta entonces la gente del taller no consideraba la necesidad de una psicóloga en el internado, sino que preferían personal de maestranza. Trabajé muy bien hasta 2008, año en que se jubiló director y nombraron a una directora nueva. A partir de ahí comenzaron a irse los alumnos. Habíamos llegado a tener unos 50 y en poco tiempo quedaron menos de diez. En esa época, el intendente de Famaillá, Enrique Orellana me propuso abrir un centro de rehabilitación para ciegos en esa ciudad. Comenzamos a armar la institución, a hacer reuniones, pero con el tiempo descubro que no había nada real en el proyecto. Hasta entonces ya me había jubilado. Años después me entero que al taller Luis Braille para adultos lo habían hecho desaparecer y lo fusionaron con la escuela Braille de niños.
- ¿Cómo trabajaba el taller para adultos?
- Se preparaba al ciego en entender cuál era su posibilidad, cuál su limitación, y enseñarle a salir a buscar la vida. A los trabajos los conseguíamos por medio de la institución Helen Keller. El Estado no nos da trabajo, por más cupo que digan que hay. Uno va a la Casa de Gobierno y pide entrar con el cupo del 4%, inician un expediente que demora muchos años, sin ningún resultado. En cambio, por medio de las ONG hemos conseguido 30 empleos en la Policía, con mucho esfuerzo. También conseguimos trabajo en el Siprosa y en la Municipalidad. Y a los chicos que tenían otras inquietudes o capacidades les ayudábamos a que siguieran estudiando, en el conservatorio, en la universidad o con docentes particulares.
- También consiguieron herramientas tecnológicas.
- Trajimos los primeros teléfonos con programa de voz, para poder leer mensajes. Ahora los celulares vienen ya con el programa instalado. También trajimos los primeros programas de voz para las computadoras. Un lector de pantalla que se llama Jaws y que lee todo lo que hay en la computadora. Nos permite usar Facebook, twitter, chatear, mandar correos, leer libros, escuchar películas (con un programa de audiodescripción). Todo lo que hace una persona común en la computadora. Incluso hay juegos on line para ciegos, que permite jugar en forma individual o contra otros.
- ¿En qué tareas se desempeñan mejor las personas ciegas?
- Muchos hospitales y otras reparticiones tienen ciegos como operadores de radio o telefonistas. La Policía también. Otra cosa que pueden hacer es la atención en call centers. Ahora la informática permite que hagan muchas cosas que antes no podían. Pueden ser músicos, docentes y otros oficios.
- Su hija María, única vidente de la familia, ¿no tuvo que hacerse cargo de atender a su madre y a su hermano?
- No. Yo siempre traté de evitarle ese rol. Mandaba a mis hijos a distintas escuelas y en horarios diferentes. Vivíamos los tres en barrio Smata y un día me dijo que quería vivir sola. Le dije: “vaya”. La gente criticaba: “¿cómo puede dejarlos solos a la madre y el hermano?” Pero no. Los hijos no tienen que sentirse atados a nada. Nos vemos los domingos. Ella es terapeuta ocupacional y hace su vida, sin ataduras".