Ellos dicen que no se trata de un escrache, sino de una forma más de educar y de concientizar a los peatones, automovilistas y ciclistas. Que no es la intención avergonzar ni dejar en evidencia al ciudadano, pero sí que caigan en cuenta de que están cometiendo una infracción y que tengan la oportunidad de corregir ese comportamiento. Todas esas son las intenciones de la nueva campaña que desde ayer lleva adelante la Subsecretaría de Tránsito y Transporte de la Municipalidad capitalina, que consiste en salir a los puntos críticos de la ciudad con agentes que porten megáfonos y que digan, a viva voz, cuando las cosas no se están haciendo como manda la normativa.

Cruzar caminando por la mitad de la calle o en diagonal, manejar sin cinturón de seguridad o hablando por celular y transitar en una moto sin casco, con más de dos pasajeros, son algunas de las infracciones que más se remarcaron ayer durante el debut de este sistema que tiene sus antecedentes en una iniciativa municipal que no prosperó en 2010 (ver: “Los concejales en 2010 se lo tomaron a broma”) pero que ahora la Municipalidad está dispuesta a sostener hasta que los tucumanos aprendan a fuerza de megáfonos a convivir en la ciudad.

La nueva modalidad llamó la atención de los curiosos que poco entendían lo que pasaba en San Martín al 600, entre Muñecas y Maipú. Es que allí, megáfono en mano, los inspectores (todas mujeres del departamento de Prevención y Educación Vial de la Dirección de Tránsito) “escrachaban” a los infractores y hasta sorprendían a algunos difundiendo a viva voz mensajes de concientización.

“A la señorita que está cruzando por la mitad de la calle le recuerdo que debe hacerlo por la senda peatonal”, repetía, por ejemplo, Marcela Orellana, la primera encargada de llevar el ruidoso aparato e identificar a las personas. Muchos, ante este llamado de atención, reaccionaron con vergüenza y asintieron con un gesto. Pero otros, la minoría, no lo tomaron bien y no dudaron en reaccionar aunque, según las agentes no fueron la mayoría como podría esperarse. “La gente todavía no sabe de esta nueva medida. Hay personas que nos insultan cuando les decimos algo, pero son muy pocos. Otros, en su mayoría, nos felicitan. Se trata de un tema cultural y de respetar a la autoridad”, reflexionó Beatriz Vallejo, que acompañaba a Orellana en el operativo “megáfono”.

Enrique Romero, subsecretario de Tránsito y Transporte, no sólo supervisó el debut de la campaña, sino que él mismo tomó el megáfono para interpelar a los infractores. “Todos cometemos infracciones, de eso no hay dudas, pero en algún momento hay que empezar a cambiar”, dijo en diálogo con LA GACETA. Para el funcionario, la primera experiencia fue más que exitosa. “Una sola persona me dijo que no estaba pintada la senda peatonal cuando le dije que cruzara por la esquina. Pero eso no es justificativo para cruzar por cualquier lado y se lo explicamos. Yo creo que la gente va a entrar en razón”, señaló. También “invitaron” a los conductores que estacionaban en zonas prohibidas a retirarse. “Durante toda la mañana la San Martín estuvo limpia (de infractores). Es que el tucumano le tiene más miedo al silbato y a la multa que a la muerte por accidentes de tránsito”, remarcó.

Vuelta a la “normalidad”

El operativo “megáfono” duró hasta el mediodía: cuando el ajetreo de la city bancaria se apagaba, las agentes se marcharon. ¿Pero qué pasó después?

A la tarde, en la misma esquina, todo había vuelto a la “normalidad tucumana”. Sin megáfonos, sin silbatos ni escrache ni autoridades apostadas en la vía pública, los motociclistas continuaron circulando sin casco, los automovilistas se olvidaron de abrocharse el cinturón de seguridad y los peatones omitieron la norma que les indica que -por su bien- deben cruzar por las esquinas. Sin el ojo o, mejor dicho, sin la voz del “Gran Hermano” municipal, las infracciones volvieron a aparecer.

Al parecer, varios megáfonos, tiempo y mucha tenacidad serán necesarios para revertir el poco cariño de los tucumanos por las normas viales.