Que la victoria de Mauricio Macri es un hecho inédito en las últimas décadas. Que mucho de su futuro dependerá de cómo salga parado de las elecciones de 2017. Que Sergio Massa es la figura que podría comandar el peronismo. Que el kirchnerismo mantiene poder de voto en Buenos Aires. Que Macri es populista. Muchas de estas frases se desprenden de una charla con el politólogo y director de la consultora Poliarquía Eduardo Fidanza. El “encuestador” –apodo corto para hombres con su expertise- apoya sus aseveraciones en el análisis comparativo de la historia argentina y en la tendencia reciente del comportamiento de la sociedad.
- Cambiemos, con el PRO a la cabeza, ¿es la nueva expresión de quiebre o de continuidad de un bipartidismo?
- Antes diría que es un hecho inédito de la historia política argentina de los últimos años la llegada de PRO al Gobierno. En cierta manera desmintió lo que los politólogos dijeron durante años, en relación a la debilidad del sistema político. He aquí que un sistema que se daba por fenecido dio lugar de un cambio de tendencia y a la llegada al poder, por primera vez en la historia, desde la época de la Ley Sáez Peña, de un partido de centroderecha en elecciones normales y sin proscripciones. Es un hecho realmente novedoso. Ahora, esa es una parte. Otra es la coalición Cambiemos, que le da a la competencia política un cierto matiz bipartidista. Electoralmente el PRO tuvo con Cambiemos una mayoría, pero creo que las ideas del PRO, de Macri, están en minoría. Tiene una idea de sociedad y de relación entre el mercado y Estado, y de la gestión gerencial del Estado que es novedosa en lo que pensaron históricamente los dos grandes partidos.
- ¿Cómo crees que esa idea novedosa está calando en la sociedad?
- Diría que Macri, que si bien proviene de un partido de centro y que tuvo una experiencia inicial en la actividad privada, etcétera, se está comportando bastante acorde con las expectativas de la sociedad. ¿Por qué cómo termina el ciclo del kirchnerismo? Con expectativa de bienestar alta y con un sistema económico que no la puede garantizar. De alguna manera, el Presidente va detrás de esas expectativas, porque creo que se dio cuenta de un hecho vital: es un Gobierno no peronista y por lo tanto tiene una debilidad estructural; y lo que necesita es ganar las elecciones de medio término. Conversando con dirigentes de Cambiemos, nos decían que creían que si no ganaban las elecciones del año próximo se le iban a complicar las cosas. Hay un consenso de opiniones respecto de la importancia de ganar el año próximo. ¿Cómo se ganan las elecciones en Argentina y en otros países? Reforzando el trabajo y garantizando el ingreso y el consumo. Creo que hay una decisión importante en esa línea y el Gobierno toma esa decisión y despierta las sospechas de las ortodoxias económicas. Esto, respecto de un proyecto de presupuesto que no tiene previsto achicar el gasto público sino ampliarlo. Con eso lo que quiere hacer es reformar, motivar, incentivar el mercado interno, mientras que conforma su estructura de inversiones y demás. Me parece que la primera apuesta es al mercado interno y al consumo. En ese sentido, se pone en línea con el Gobierno anterior.
- ¿Se le complicaría la gobernabilidad o la continuidad más allá de 2019 si le va mal el año próximo?
- No echaría sombras sobre la gobernabilidad, porque hemos tenido experiencias suficientemente traumáticas en el país como para fomentar la soga en la casa del ahorcado. Si es que hay una derrota en 2017, creo que se hace difícil acceder a la reelección. La oposición está dividida, el peronismo más bien, pero creo que ya se está generando un liderazgo en torno de Sergio Massa, que no olvidemos que ya ganó las elecciones de medio término de Cristina (Fernández) en 2013 y le impide la reelección. Hoy Massa, en nuestras encuestas, después de María Eugenia Vidal, es el dirigente que mejor valoración tiene. Despierta recelo en el peronismo, pero otros miembros del partido lo ven como una figura. Una derrota del Gobierno en la provincia de Buenos Aires, si fuera contra Massa, lo reforzaría y se configuraría en una dificultad para Macri.
- Por segunda vez voltearía una reelección presidencial…
- No podemos anticiparnos. La oposición está fragmentada y, sin embargo, está generando un liderazgo. La historia dice que el peronismo tiende a reorganizarse en torno a los liderazgos emergentes y lo hace con una característica: con escasa autocrítica. Se perdonan rápidamente los errores, se cambian los discursos y el peronismo se empieza a encolumnar detrás del líder emergente y yo creo que es probable que ello ocurra.
- ¿Qué sería una victoria o una derrota para Cambiemos el año próximo?
- Es un mosaico de circunstancias. En general, lo que se dice es que la batalla más decisiva es la de Buenos Aires. La historia de los resultados electorales marca que si se pierde en la provincia, se pierde en el país. Las elecciones legislativas dependen también de la confluencia de fuerzas. Lo que hay que plantear es que a este Gobierno del que se dice que le falta política, demostró en estos meses capacidad para la transacción, que es un elemento clave de la política, y en ese sentido se están palpando logros, con sus costos para el Gobierno. Me refiero a lo que yo llamo “el consenso federal”, que no es otra cosa que gobernadores que no son ni PRO ni Cambiemos y cuando se los escucha hablar parecen que adhirieran fervorosamente. Esto viene dado por la capacidad de diálogo que demostró Macri y por una distribución generosa de fondos federales. Hay que ver esas coaliciones que no son políticas, pero que suman voluntades, cómo juegan. A veces pasa que dentro de Cambiemos hay más gente enojada que la que está afuera. Hay que ver cómo se procesa eso en un año. Insisto en que me parece que la elección clave es en Buenos Aires y ahí Cambiemos tiene la dificultad de definir sus candidatos.
-¿El rol de Elisa Carrió cómo juega en este escenario?
-Cambiemos tiene un matrimonio en tensión. Por un lado está el PRO y por otro, el radicalismo y Carrió. Es una figura muy fuerte, con una imagen polarizada, muy buena, pero polarizada. Creció mucho en imagen los últimos meses porque suele hacerlo cuando el tema central es la corrupción. Sé que hay dentro del Gobierno opiniones favorables a que ella juegue en Buenos Aires, pero me parece que los de la mesa chica del Presidente no la ven con buenos ojos. Creo que es una habilidad de Macri sentarse con Carrió a dialogar. Sería una buena candidata.
- ¿Serán otra vez fundamentales los “huérfanos de la política”?
- Esa orfandad política coincide con la desidentificación con los partidos. Es una masa que en general es, como dice Torre (NdelaR: en referencia a Juan Carlos Torre, doctor en Sociología y docente de la universidad Di Tella, autor de “Los Huérfanos de la política de partidos”), una clase media informada, educada y también más veleidosa. Esos sectores, como los describe Torres, son muy sensibles a una agenda, como la de los Derechos Humanos, de la transparencia o de la lucha contra la corrupción. Esa agenda creo que coincide con el discurso de al menos dos figuras. Carrió y Margarita Stolbizer. Entre ellas hay una disputa de ese electorado. Así, cuando Stolbizer converge con Massa, le está entregando parte de ese electorado huérfano a Massa. Ello es una paradoja, porque es el electorado que el año pasado fue decisivo para Macri. Se podría producir, así, un fenómeno similar al que ocurrió con Néstor Kirchner en 2003, que ese electorado progresista se adhiere a Kirchner sin haber votado nunca al peronismo. Ese era el momento en que Kirchner denostaba al peronismo de “pejotismo”. En eso veo similitudes con lo que hace Massa, que pone al peronismo en un lugar secundario. Igual, creo que esos son discursos aleatorios. Veo una convergencia entre Massa y el peronismo.
- ¿Puede decirse ya que el mundo “K” es residual?
- No me parece residual. En la dinámica del peronismo, el kirchnerismo y el cristinismo son fuerzas que entraron en su crepúsculo, pero mantienen un espacio porque tienen entre el 28% y el 30% de apoyo político. En una medición preliminar de Poliarquía en el Gran Buenos Aires, Cristina tiene un tercio de los votos. El futuro no es de Cristina, pero tampoco se podrá reconstruir el peronismo sin ella. Está claro que el peronismo en torno al PJ ahora no tiene figuras. Algunos dicen que puede ser Juan Manuel Urtubey, pero no tiene proyección nacional. Daniel Scioli, si bien obtuvo el 49% de los votos, tiene un techo, por su ambivalencia (igual tiene repartida buena y mala imagen casi en iguales proporciones). En ese armado hay cartas que aún están dadas vueltas, como la de Florencio Randazzo; hay quienes esperan que resurja y otros que dicen que no quiere salir porque le teme a algún “carpetazo”.
- ¿El triunfo de Macri del año próximo fue un logro propio o producto de un error ajeno?
- Hay una gran discusión sobre si el año pasado ganó Macri o perdió el kirchnerismo. Es difícil de establecer. Si sabemos que hubo un error garrafal, que fue la candidatura de Aníbal Fernández, sabemos que el favor que obtuvo con eso Vidal llevó a que la figura de Macri se impulse. La cualidad del Presidente fue que para gran parte de la sociedad fue lo distinto de Cristina, otro estilo de dirigencia, moderación, modernidad. Ahora, este Macri hoy en las encuestas de Poliarquía está aprobado por alrededor del 55% de la población. El ajuste económico le insumió 15 puntos, porque en el verano estaba en 70% de aprobación, pero lo consideramos normal.
- ¿Argentina siempre pidió un líder fuerte, que la proteja, cómo cree que reaccionará de aquí en más ante un Macri que no tiene ese perfil?
- Es un interrogante para el futuro. Por eso digo que la trayectoria de Macri es contracultural. No es peronista, no es radical, no es un “hiperpresidente”. De alguna manera contradice la tradición. Es una figura sui generis en la política local.
-¿Qué virtudes le ve la sociedad?
- Mucha clase media la aprueba. Creo que hoy el apoyo que tiene se debe a cuestiones políticas. Esa razón política es querer un Presidente moderado. Ese es un programa de las clases medias y medias altas urbanas del país. El problema ahí es que en algún momento en los próximos meses esa demanda política debe converger con una mejora económica. Ese es un gran desafío para un Gobierno como el de Macri y no peronista. Dicho en términos peronistas, muchos gobiernos no peronistas llegan al poder votados por las clases medias y terminan siendo las más castigadas a partir de las medidas económicas que se toman. Por ello el Gobierno emplea muchos fondos en ganar gobernabilidad y tranquilizar gobernadores, sindicatos, movimientos sociales. Todo ese arco posiblemente no lo vote y posiblemente para garantizar la tranquilidad en esos ámbitos, esté descuidando a la clase media vía tarifazos. Hay que hacer un equilibrio. Del cincuenta y pico por ciento que apoya al Gobierno, sólo una porción menor le ofrece un apoyo incondicional. El resto hace lo que llamamos “el aguante”, una transacción temporal.
- Cuál es el mayor enemigo de Macri entre estas opciones: ¿Massa, los gremios o el Papa?
- La relación con el Papa va mejorando. Macri irá a ver a Francisco y parece que el Sumo Pontífice será más cordial. El gremialismo depende de cómo negocie con ellos. Creo que el contendiente más importante es Massa, porque será el que pujará por un cargo electivo el año próximo y, eventualmente, puede recoger a la parte de la ciudadanía descontenta con el Gobierno.
-¿Percibe una sociedad que seguirá votando figuras o que irá por las propuestas?
- La gente va a votar figuras. Los programas políticos están en un segundo plano. Pero yo creo que si un Gobierno de centroderecha está haciendo esta política también vemos una cierta continuidad en las últimas décadas. Llegado a un punto, los gobiernos se dan cuenta de que garantizando trabajo y provocando el consumo ganan las elecciones. Lo supo Carlos Menem, que era neoliberal; no lo pudo conseguir Fernando De la Rúa y duró muy poco, y Néstor y Cristina lo entendieron. El discurso emancipador es para un sector. El verdadero discurso era mercado interno y consumo y más consumo y con eso ganaron una serie de elecciones. A ese legado Macri lo toma. ¿Macri hace populismo? Hace populismo para vencer al populismo. Ahora, la pregunta es qué hará el día después de lo que venza. ¿Lo sigue haciendo o lo va transformando en un proyecto de una sociedad más racional en el mediano plazo? Creo que es un desafío, porque la sociedad tiene más expectativas de bienestar que su capacidad real de la riqueza que puede generar. Esperemos las elecciones de 2017, porque si el Gobierno gana, quizás pueda hacer una política más cercana a lo que son sus principios, porque ahora no se observa eso, sino más bien una política monetaria relativamente rígida, pero una fiscal expansiva. Eso hace pensar que el año próximo habrá una inflación tolerable, del orden del 20%. Eso, con un crecimiento de un 3% o un 4%, llevará a una combinación ganadora, según marca la historia.