El handball es un deporte amateur y, por tanto, los jugadores no viven de su práctica. Pero en Ladricer se da una situación particular: casi todo su plantel está integrado por profesionales o por estudiantes universitarios próximos a recibirse. Todos destinan una parte de sus ingresos y de sus tiempos laborales para mantenerse activos en la competencia deportiva. Disfrutan tanto del handball que lo ubican casi al mismo nivel de su profesión. Y se organizan en sus trabajos para no dejar de entrenarse, de participar del torneo local y de viajar para jugar en otras provincias.
Uno por uno
El odontólogo Daniel López es el técnico de este equipo multicampeón en Tucumán y campeón de la Liga Nacional C de Clubes -el año que viene jugará la Divisional B, segunda categoría en el país-. “Para nosotros este deporte es una pasión. Los chicos dejan muchas cosas para entrenarse, aunque a veces las obligaciones complican las prácticas”, dijo. Contó que programan los viajes con el tiempo suficiente para organizarse en sus trabajos. “El dinero sale de rifas, por ejemplo; pero, sobre todo, del bolsillo de cada uno”, precisó.
A Alawi Naim le costó cursar la carrera de contador sin descuidar el handball. Pero el título no le simplificó las cosas. “Se hacen sacrificios, en lo económico; pero también en lo laboral”, admitió el joven de 27 años. Indicó que trabaja por cuenta propia y en relación de dependencia. “Por un lado gestiono permisos, hago horas extra; por otro, destino al handball tiempo que ocuparía mi actividad privada. Pero nunca hubo un impedimento”, afirmó.
Su colega Julio Heredia vivió una experiencia distinta. “En alguna ocasión trabajé en relación de dependencia. A veces pude hacer que mis vacaciones coincidan con los viajes del equipo; pero otras me dijeron que debía elegir... y dejé el trabajo. El handball es una pasión”, justifica. Hoy se desempeña en forma independiente. “Priorizo los viajes de handball. Cuando conozco las fechas organizo todo; dejo reuniones para el regreso. Aunque siempre llevo una notebook, por alguna urgencia”, precisa.
Con 23 años, Hernán Díaz es casi ingeniero. Practica handball desde hace una década, y no quiere dejarlo cuando se reciba. “La idea es que trabajo y deporte vayan de la mano. Será cuestión de hablarlo, pero como se entrena de noche no afectaría el horario laboral”, estimó. Parte de su sueldo como pasante cubre sus gastos deportivos.
El profesor de Educación Física Germán Estévez conoce de sacrificios. “La vida del docente me lleva a trabajar de lunes a viernes, por la mañana y por la tarde. Pero como el handball me apasiona lo tengo presente toda la semana”, dice. Cuenta que durante los días hábiles trabaja en lo táctico y en lo físico, y que el fin de semana juega el torneo local. “Y tenemos dos viajes por temporada, para los nacionales. Para esas fechas, pido licencia deportiva”, dice. Y se da maña para resolver la cuestión económica. “Todos tenemos en casa un ‘chanchito’, en el que vamos poniendo algo del sueldo para que el viaje no sea tan costoso”, explica; y añade que, además de ese ahorro destina unos $700 por mes para la cuota del club y para otros gastos.
Al igual que su compañero, el licenciado en Comercio Exterior Damián Minichillo también esgrime la legislación a la hora de viajar. “La licencia deportiva nos permite por 14 días ir a participar a un torneo nacional, representando a la provincia. Hoy estoy en un cargo jerárquico, pero antes, cuando trabajaba en (una importante empresa de gaseosas), ellos debieron leer las leyes”, recuerda. En cuanto a lo dinerario, dice que tienen un fondo de ahorro: “la prioridad es la cuota social; viajar nos sale unos $ 5.000”.
El que no tiene problemas por licencias laborales es Ezequiel del Sueldo. Este licenciado en Administración de Empresas dirige una firma de comercio exterior: “las cosas se manejan desde la computadora.”
A Christian Heredia García le queda muy poco para recibirse de profesor de Educación Física. Es el goleador del equipo, y viene de ganar la medalla de oro en los Juegos Sudamericanos Universitarios. No tiene un trabajo estable: “le dedico al handball el 100% de la semana”.
Desde que empezó kinesiología -cursa el último año-, Gonzalo Blendinger nunca dejó de entrenarse. El amateurismo golpea fuerte los bolsillos, pero él cuenta con ayuda parental. “Nosotros pagamos desde el lugar para entrenar hasta la camiseta y los equipos, como pelotas, conos, pecheras y el ‘pega’ (producto que favorece la adhesión de la mano al balón). La familia nos respalda para estas cosas”, resalta.