Los primeros nueve meses de la nueva gestión del Gobierno nacional todavía se miden en comparación con lo hecho (y lo dejado de hacer) durante la era kirchnerista. Ese vínculo del presente con el pasado es obvio, en especial en instancias donde los procesos son lentos y requieren de continuidad para ver resultados. Y, junto con la política estatal deportiva, no hay ninguna otra área más evidente de la necesidad de políticas de Estado que atraviesen gestiones que el campo de la producción, generación, circulación, consumo y apropiamiento de los bienes culturales por la sociedad, sea en su conjunto (a lo que se debe aspirar como instancia máxima deseable en una gestión de Gobierno) o en ciertos sectores determinados (lo que implicaría un recorte y parcialización de la política estatal, pero la existencia de una por lo menos).
Lo artístico es, apenas, la expresión exterior más evidente de la ebullición de las tendencias que laten en el interior de una sociedad. Y, por lo tanto, sólo emerge una parte de todo lo que hay adentro. El Estado debe jugar como articulador de ese universo complejo y múltiple, en el que no se puede hablar de una cultura en singular cuando debe hacérselo en plural: en toda sociedad, grande o chica, hay culturas conviviendo.
Si el Gobierno nacional no explicita su política cultural hasta ahora, tiene una justificación a mano: el cambio de funcionarios lo obligó a una reorganización general íntima, que incluye desde la reasignación de personal a la revisión de lo gastado. Ante la ausencia de anuncios sólidos se argumenta todavía el desguace recibido, la confusión administrativa y el expolio de los dineros públicos, que obligaron a cerrar grifos para empezar prácticamente de cero.
El principal problema que afronta el macrismo no es haber producido un cambio de paradigma sino, por el contrario, no haber hecho nada realmente visible aún, con una planificación que permita esperar resultados en unos años. El hombre clave del gabinete nacional no es el ministro Pablo Avelluto, sino su secretario de Cultura y Creatividad, Enrique Avogrado, quien es el encargado de diseñar los planes por fuera de la coyuntura, que sienten las bases de un modelo inclusivo real: ese que respete a todos y no sólo a los amigos.
Pocas explicaciones para mucho tiempo, y más aún cuando la comparación da como resultado que antes había una buena o mala política cultural según las miradas, pero por lo menos había alguna. Muchos han comenzado a preguntarse si, en un eventual y futuro cambio de gabinete (ya pensando en 2017), no le llegó el turno al titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos de la Nación, Hernán Lombardi, de cambiar de despacho. Desde antes de asumir Mauricio Macri se lo mencionaba en Cultura, y sorprendió que no haya sido su destino de entrada.
Sin excusas
Pero si la Nación se escuda en los argumentos antes escritos para tratar de evitar los cuestionamientos crecientes que se le están haciendo, en la provincia esas excusas no tienen justificación. El Ente Cultural de Tucumán sigue con el mismo responsable desde hace más de una década y tampoco se registró un relevante recambio en los directores de área.
Mauricio Guzman ha añadido un año más a su currículum como presidente del Ente Cultural, aunque este haya sido el más tibio de todos los vividos. En vez de ser el del lucimiento provincial por el Bicentenario de la Declaración de la Independencia, justificación que se argumentó en 2015 para explicar su continuidad cuando sólo algunos apostaban por él, los festejos de julio fueron modestos.
El primer semestre se estructuró pensando en la fecha patria y lo que se recordará de esos días será más el desembarco de estrellas nacionales con fondos federales (por ejemplo, Juan Carlos Baglietto y Patricia Sosa acaparados por la Municipalidad de la Capital en la inauguración del monumento de la avenida Mate de Luna o los shows en los domos del parque 9 de Julio) que a una idea genuinamente local. La excepción es el musical “Tina, el nacimiento de una Nación”, que, curiosamente, no depende del Ente Cultural sino del Ente de Turismo, con manos metidas adentro por el del Bicentenario y producción porteña.
En ámbitos de la Casa de Gobierno se afirma que la última chance para el bronce es este Septiembre Musical, previsiblemente subtitulado del Bicentenario. En el lanzamiento del mes sonoro, Guzman agradeció especialmente el aporte del Ministerio de Economía para afrontar los $ 5 millones de gastos, sin contar ayudas en especie de varios organismos nacionales.
El final del Septiembre Musical será comenzando octubre, a pocas semanas del festejo del primer año de Juan Manzur como gobernador, el mismo que dejó a pocos alperovichistas en su gabinete (Guzman fue una excepción), aunque al senador nacional devenido en asesor de... algo. Y se sabe que ese plazo es tiempo de balances y de cambios.
Nombres de recambio circulan desde el año pasado y se renuevan frecuentemente, coincidiendo con cada cierre de evento de trascendencia. Septiembre no es la excepción a la ola de rumores, pero nadie se anima a asegurar nada acerca del funcionario cultural, ejemplo máximo de la sobrevivencia en el Estado. Guzman disfruta de su tiempo.