Julio de 1989 abrió la puerta de acceso al nuevo orden político y económico del menemismo en el país.

El sinceramiento de las variables económicas golpearon de lleno a Tucumán, a partir del 9 de ese mes. Y la llegada de Luis Garretón a la conducción de la Dirección Nacional de Azúcar (DNA) concretó el desembarco de un funcionario de pura cepa menemista.

A esa situación hay que adicionar el rigor del invierno que dañó severamente el cañaveral. La zona del Este fue la más afectada al punto que el ingenio Leales, quedó fuera del circuito productivo. Esa fábrica se erigirá en un foco de tensión política y social con el curso de los días.

Dentro de esos marcos se desarrolló la contienda política entre los actores locales.

Las expectativas estaban centradas en las recetas que utilizaría el riojano para conjurar la crisis. El futuro del Gobierno provincial constituía otra incógnita porque los rumores de intervención federal resonaban con insistencia.

El frío de la feria
Antes del inicio de la feria de invierno, el senador radical Mario Marigliano acudió con una acción de amparo a la Corte Suprema de Justicia ante el veto que opuso la Casa de Gobierno a una ley de coparticipación municipal.

Aducía que el Ejecutivo había equivocado el tiro. En vez de dirigir el veto al Senado, lo hizo contra Diputados. El Senado había originado la ley, por lo que Marigliano pretendía la nulidad de la disposición de Domato. Con el patrocinio de Eudoro Aráoz justificaba su planteo en un caso similar en el que Domato dejó sin efecto el veto. La pelea por el reparto del dinero en una etapa de crisis marcaba las diferencias entre oficialismo y la posición.

Sin embargo, el intendente radical de esta ciudad, Raúl Martínez Aráoz, anticipó una oposición constructiva frente al gobierno de Menem

Tucumán dejó de ser la cenicienta del país, pero tampoco pasó a ser la princesa, reflexionó Domato, antes de la asunción del riojano. La ansiedad dominaba por esos días al gremialismo. Estamos desorientados y no recibimos ningún anuncio concreto sobre el pago de los sueldos atrasados, confesaron Martín Rodríguez y Marcelo Sánchez, tras dialogar con el jefe del Ejecutivo.

El mismo gobernador le bajaba el precio a los problemas de Tucumán. Todas las provincias están en crisis, se excusaba.

Lucha frontal
La hiperinflación será combatida con dureza, prometió el ministro de Economía, Miguel Roig, en su primer discurso al país.

El reajuste de precios no conoció límites. La nafta subió el 500% y el gasoil el 300%. La situación es insostenible, advertía Pedro Omodeo, presidente de la Federación Económica de Tucumán (FET). La suba de los combustibles elevó el 100% el valor del cospel. La luz y el gas se fueron a las nubes. A todo esto, el ministro del Interior, Eduardo Bauzá, negaba la intervención federal a la provincia.

El desembarco
El primer funcionario de estirpe menemista que desembarcó en Tucumán fue el ex secretario de Hacienda de la municipalidad de la capital, Luis Garretón. Asumió el cargo de interventor de la DNA el 21 de julio y lo puso en funciones Pablo Aguilera, secretario de Desarrollo Regional.

Menem es la última ilusión de los argentinos, pontificó Garretón en su primera alocución pública. Exhortó a la actividad azucarera a insertarse en la revolución productiva que predicaba Menem.

Vamos a reducir costos, combatir la especulación y la corrupción, aseguró el delegado de Menem. Avanzar y vencer fue la consigna con que cerró sus reflexiones. El riojano Aguilera, a su vez, instó a producir más con justicia social.