El poder económico no tiene influencia en el nivel de felicidad, salvo que una persona, o su familia, no pueda satisfacer sus necesidades elementales. Cuando los requerimientos esenciales, como la alimentación, están cubiertos, el dinero pasa a ser un medio o una herramienta para alcanzar una sensación de bienestar, sostuvo la psicóloga Graciela Chamut, especializada en Dirección de Empresas.
“En la actualidad, la importancia que se le adjudica al el dinero está ligada a ciertos factores simbólicos. Uno de ellos es, por ejemplo, el afecto. A una persona querida le hacemos el regalo más caro. Pero en una sociedad de consumo como la nuestra, que pone el acento en lo material, el dinero y el poder económico también son símbolos de status, que se asocia a la necesidad y, en especial, al deseo”, observó.
“El dinero permite satisfacer el deseo, por ejemplo, de tener un determinado par de zapatos. Este fenómeno es muy común en las sociedades de consumo, pero no es suficiente para completar la felicidad. Sólo proporciona una sensación de bienestar”, apuntó Chamut. Por lo tanto, continuó la especialista, la posición económica de una persona no es determinante para su felicidad, como sí lo es su red afectiva.
“Si alguien tiene mucho dinero, pero no lo quiere nadie y, para sentir felicidad, ‘compra’ el afecto con regalos, lo que consigue es encubrir la falta de satisfacción con la vida”, recalcó durante una charla con DINERO.
Por otro lado, la psicóloga advirtió que en los sectores más vulnerables de la escala social, la posibilidad de tener dinero, y de acceder a bienes de consumo, no implica que alcancen la felicidad. “Tener plata no genera felicidad en el sentido más amplio. Lo que produce es una sensación de satisfacción y de capacidad. Y esto se percibe en los sectores más vulnerables de la sociedad. Cuando una persona no puede satisfacer sus necesidades esenciales, y las de su familia, seguramente se sentirá frustrada”, insistió Chamut.
Incluso, la especialista fue más allá al señalar que el dinero, y la posición económica, no son suficientes para resolver problemas más graves como una enfermedad. Sobre este punto, subrayó que, en la actualidad, es muy común que las personas piensen que con plata las dificultades se resuelven más rápido. “Pero esto no se cumple necesariamente. Ante una dificultad importante, como una enfermedad, una persona sin dinero puede afrontar el problema con la ayuda de otras personas. Y esta es la importancia de la red afectiva que puede proporcionarle a una persona la verdadera felicidad”, aseguró Chamut.