Un mes. Ese fue el tiempo que permaneció detenido José Antonio “Pico” Peralta, acusado de ser líder de uno de las bandas de narcomenudeo más fuertes de la provincia y que opera en el sur de la ciudad. Fue aprehendido por personal de la División de Delitos contra la Propiedad el 8 de agosto. Ayer, por la tarde, cuatro personas coparon, redujeron y golpearon a los policías de la comisaría de Delfín Gallo para que Peralta pudiera escapar a bordo de un vehículo.

El acusado de ser el cerebro de la organización Los 30 (ver nota “Dejo su barrio Presidente Perón...”) demostró con su fuga, el poder y la logística con la que cuenta su organización. También quedó en claro que nada fue al azar, que todo estaba perfectamente planificado desde hace bastante tiempo, o al menos, el suficiente para organizar un grupo que diera semejante golpe.

Desde ayer a la mañana, según confiaron fuentes policiales, el acusado de acopiar y comercializar drogas dijo sentirse mal. Sus compañeros de celda -había otros ocho presos por distintas causas- avisaron por la tarde que estaba sufriendo un ataque de epilepsia. El carcelero le abrió la puerta y lo llevó hasta el baño para que se mojara la cara.

Mientras ello ocurría, en la puerta de la comisaría se estacionaba un VW Gol gris. De ese vehículo descendieron cuatro hombres portando pistolas y armas largas. Rápidamente, dos ingresaron a la sede policial y dos se quedaron haciendo guardia. Redujeron a los otros dos uniformados que se encontraban en el lugar. Cuando ingresaron a la zona de arrestos, “Pico” estaba luchando con el carcelero, al que también redujeron y golpearon salvajemente. Uno de ellos debió ser trasladado hasta un centro asistencial para ser atendido.

El quinteto, después de cumplir con el objetivo, salió corriendo y hasta festejando el golpe que habían acabado de dar. Se subieron al vehículo y huyeron a toda velocidad con rumbo desconocido. Sus compañeros de encierro, pese a que tenían la posibilidad de escapar, decidieron quedarse en el lugar.

Dudas

Peralta estaba prófugo desde hace bastante tiempo. La policía de la provincia lo aprehendió al estar sospechado de haber cometido un robo el 8 de agosto. Cuando recibieron su prontuario, los investigadores se dieron cuenta de que tenía pedido de captura de la Justicia Federal por una causa vinculada a la venta de drogas.

Quedó alojado en la sede de la ex Brigada. El lunes 29 de agosto, en la Jefatura de la Policía se recibió una nota de tribunales informando que Peralta debía ser llevado a la sede judicial al día siguiente para que se le notificara que se le había dictado la prisión preventiva.

En el mismo escrito, que fue firmado por el secretario Ramón Alberto Zelaya, pide que informe cuál era el cupo para alojar al detenido en la comisaría de Delfín Gallo o en la Seccional 13, ya que su defensor había solicitado que lo ubicaran en un lugar donde las condiciones de encierro fueran “mejores”.

El martes 30 fue trasladado a la dependencia que está ubicada en el este de la provincia. Según confiaron fuentes policiales, los funcionarios judiciales nunca averiguaron en qué estado se encontraba la comisaría y tampoco ordenaron que se reforzara la vigilancia, ya que Peralta es considerado como un hombre “pesado” y con muchos recursos para evadir el accionar de la Justicia. Prueba de ello es que estuvo prófugo poco más de un año. Nueve días después de que fuera trasladado hasta esa dependencia, “Pico” se escapó como si nada.

Los investigadores quedaron perplejos por la fuga. No podían creer con la facilidad con que había conseguido escapar. Tampoco tienen dudas de que Peralta comenzó a imaginarse el plan de escape el mismo día en que había sido detenido.

“No entendemos que nos hayan pedido que lo alojemos en la comisaría de Delfín Gallo, una seccional que no está preparada para detener a personas que son tan peligrosas. Tampoco hubiera sido bueno que se lo destinara a la Seccional 13, puesto que allí está su territorio, es decir, puede contar con mucho más apoyo”, dijo uno de los pesquisas.

LA GACETA trató infructuosamente comunicarse con el juez federal Fernando Poviña para que diera a conocer la razón por la que se decidió alojar “Pico” en Delfín Gallo y no en otro lugar que sea más seguro.

Fuentes judiciales informaron que este caso desnudará un problema que viene creciendo: en el penal de Villa Urquiza no hay lugar para alojar a los acusados de narcotráfico.

Y lo que es más grave aún, tampoco habrá uno a corto plazo. Hace unos días, Regino Amado, ministro de Gobierno, Justicia y Seguridad, confirmó que la Nación no tiene ni siquiera previsto construir un penal federal para alojar a todos los procesados.

Reacción

Luego de concretarse la fuga hubo un revuelo. La primera orden que se impartió fue que se hicieran controles en los caminos para tratar de dar con el Gol gris. Pero varios pesquisas sospechaban que era muy probable que “Pico” decidiera cambiar de vehículo en algún lugar para evitar ser encontrado. Delfín Gallo ofrece decenas de caminos para hacer este tipo de operación.

“La Policía lo detuvo una vez y ahora estamos haciendo un arduo trabajo para hacerlo nuevamente. No vamos a bajar los brazos para cumplir con el objetivo”, indicó el comisario Víctor Pereyra, jefe de la Unidad Regional Este.

A menos de dos horas de haberse producido la fuga, hubo una reunión de urgencia. La orden que se impartió desde el Gobierno fue clara: “lo buscan hasta debajo de las piedras hasta que lo encuentren”. Por ese motivo, se cerraron los principales caminos que conducen a otras provincias y se movilizaron a los móviles del Servicio 911 a las zonas donde Peralta imponía su poder.

Paralelamente, personal de Policía Federal, Gendarmería Nacional y Policía de Seguridad Aeroportuaria movilizaron a sus hombres para que colaboraran en la búsqueda del narco que no estuvo ni un mes detenido, una clara señal del poder que ostenta.

"No deben traer gente tan pesada acá"

Jamás se vieron tantas patrullas y policías allí. En la plaza que se encuentra frente a la comisaría de Delfín Gallo no se hablaba de otra cosa que de la fuga de un preso narco al que lo habían ayudado a salir cuatro hombres armados. Todos quería contar lo que habían visto, pero también tenían miedo. Por eso, ninguno quiso dar su nombre completo.

“A la tarde está llena la plaza. Esa gente llegó como si nada en un VW Gol gris. Se bajaron dos y después, al salir, ya eran tres. Pero no se escucharon gritos ni ruidos que alertaran a nadie. Después nos enteramos que estaban armados, que habían golpeado a un policía y que habían ayudado a salir a un narco. Lo que si llamó la atención a más de uno es que salieron muy rápido y en la zona eso no suele pasar porque hay una escuela cerca, salen criaturas”, explicó Roberto, uno de los pocos testigos de la huida.

Zulema, una mujer que estaba con amigas y con su nieta en la plaza, explicó que “no alcancé a ver las armas. En ningún momento pensamos nada raro, porque estaban a cara descubierta, vestidos normalmente. Eran jóvenes pero no recuerdo sus caras. Como no nos llamaron la atención, no nos fijamos en esos detalles. Es como cuando uno se cruza a un desconocido en la calle. Si uno no nota nada raro, se olvida de esas caras. Y nosotros nos enteramos de todo después”, relató.

Todos consideraron que Delfín Gallo es un lugar tranquilo y nadie aún entiende “por qué trajeron a un hombre así, tan pesado, para acá. La comisaría tiene un patio antes de la celda y después se puede ver una reja bastante frágil. Además, nunca suelen haber más de tres policías por turno. Uno a veces se va a quejar de que todos los fines de semana ponen música a todos lo que da en el barrio y ellos dicen que no pueden salir”, señaló Eugenia.

Una comisaría con pocos policías de turno y sin seguridad para detenidos peligrosos

Al comienzo de las pericias, tres policías se pararon en la entrada de la comisaría de Delfín Gallo y vetaron la entrada a cualquiera que no llevara uniforme policial. Cuando llegó el personal de la fiscalía de turno, se cerraron las precarias verjas de hierro recubiertas por un débil plástico que cumple las funciones de puerta. No la suelen cerrar demasiado. Los compartimientos plegables no calzan bien y dejan rendijas por las que cualquiera puede echar un ojo.

La comisaría por fuera se muestra recién pintada y limpia como el edificio de la comuna, que se ubica a uno de sus costados. Desde afuera no se percibe la fragilidad que presentan otras dependencias, como la de la comisaría 2° de la capital. El ancho pasillo de unos diez metros, con oficinas a los costados, desemboca en un patio, donde se realizó la mayor cantidad de pericias por parte de Criminalística. A pocos metros de allí hay una celda no muy grande que no cuenta con medidas especiales de seguridad. Cuentan los que la recorrieron que tiene medidas básicas, que pueden servir para contener a arrebatadores o personas que están allí por contravención, pero que “de ninguna manera es un lugar para tener detenida a una persona con el poder logístico de José ‘Pico’ Peralta”. Los vecinos incluso contaron que siquiera tienen un teléfono que funcione lo suficientemente bien como para permitirle una llamada a un detenido. Cada tanto, se los ve pasar con destino a las cabinas de un drugstore cercano.