Inseguridad, impunidad, indiferencia. Este “trío de íes” tal vez describa las causas de los robos frecuentes a instituciones públicas, como centros asistenciales o educativos. Pero hay hechos que por su singularidad o por su absurdidad, salen de lo común, tanto que debería llamar la atención de quienes tienen que velar por la seguridad de la sociedad.

En apenas 14 días, la escuela nocturna “José Manuel Estrada” fue blanco de cinco asaltos. El establecimiento está ubicado en la calle Álvarez Condarco 50, en Villa 9 de Julio. En el turno mañana funciona la escuela Elmina Paz de Gallo. La directora de la nocturna dijo que los delincuentes están cada vez más ensañados. Estos destrozaron puertas y sustrajeron material de estudio. “Como la escuela no cuenta con material que pueda ser útil para otra personas, destruyen lo que hay... no sé si dejar abierto para entren y se lleven lo que quieran, así no destrozan”, afirmó. Al establecimiento asisten muchos alumnos hipoacúsicos y se recibe la documentación para todos los planes sociales. “Desde el lado del alumnado, al que generalmente se le echa la culpa, supongo que no tiene relación con todo esto. Nos sentimos con las manos atadas. Fui a poner la denuncia en el turno noche y en la comisaría nos dijeron que no pueden hacer nada. Pedimos una custodia desde las 24 hasta 6 y nos dijeron que ellos no podían hacer nada”, afirmó la docente. Hace unas semanas decidieron mejorar la iluminación externa del edificio, pero esta no duró mucho porque los malhechores se llevaron las luces y el equipamiento nuevo. La Policía se justificó diciendo que no cuenta con los agentes suficientes para instalar una guardia nocturna en los establecimientos educativos e informó que se reforzarán los patrullajes preventivos del servicio 911 durante la madrugada para cubrir las siete escuelas que hay en esa zona. La comisaría 10° es la encargada de cubrir esa jurisdicción.

Los robos consecutivos a los establecimientos educativos no son una novedad. En 2014, la Escuela de Manualidades de Lastenia, fue asaltada en tres oportunidades. La última vez le sustrajeron el horno pizzero, ollas y otras fuentes; destruyeron los trabajos de arte y lograron robarse cuatro máquinas de coser antiguas con pies de hierro. Marzo de ese año tampoco fue grato para la Escuela N° 375 de Las Corzuelas (Burruyacu); fue saqueada en tres ocasiones. Los ladrones rompieron puertas y se llevaron computadoras, televisores, equipos de música y utensilios de cocina. Los padres decidieron cortar la ruta 321 para reclamar seguridad. El comisario de la localidad explicó que sólo disponía de un policía por guardia. La de ALPI es una de las que encabeza la lista desdichada, fue asaltada seis veces en 2014. El año 2013 resultó penoso para la Escuela de Capacitación Técnica, sufrió cuatro atracos; en el último, los delincuentes provocaron daños materiales, se llevaron una computadora, herramientas, defecaron y orinaron. Lo insólito es que el establecimiento está al lado de la seccional 11ª, en la avenida Benjamín Aráoz al 1.000, frente al parque 9 de Julio. Y en las últimas horas, estudiantes de la escuela Santa María de Oro, de Alto Verde (Chicligasta) se movilizaron por las calles del pueblo en reclamo de seguridad, tras un robo perpetrado en el local escolar, el domingo.

Se deberían buscar otras soluciones y no repetir las fórmulas habituales que no son eficaces a juzgar por la realidad. La Policía podría reunirse con las autoridades educativas, los docentes y los padres para diseñar en conjunto estrategias de prevención. Si se sigue esperando que se cometa el delito para entonces actuar, no se irá lejos en la resolución del problema.