Un parlante rojo y un micrófono inalámbrico son todo lo que Lorenzo Alderete necesita para ganarse el aplauso de la gente y el pan de cada día. Los peatones se acercan rápidamente atraídos por su voz de cantante latino. Algunos le sacan fotos, otros lo graban con sus smartphones. El espectáculo montado en un escenario callejero dura unas cuatro horas. Tiene un amplio repertorio que va desde el cuarteto cordobés, pasando por la cumbia, hasta las melodías románticas de Arjona. Algunos transeúntes descubren un nuevo talento mientras pasean, otros ya lo conocen desde hace dos años. Todas las mañanas ocupa la misma parada: en la peatonal Mendoza, frente al Mercado del Norte, a metros de la intersección con la calle Maipú.

"Toto", como lo conocen, nació en El Cevilar, un pequeño pueblo tucumano cercano a El Bracho, al este de la capital tucumana. Nació ciego y toda su vida tuvo que luchar para tener un trabajo digno que le permitiera vivir. Junto a su esposa, también ciega, tienen la misma profesión: artistas callejeros. Comenzaron con un parlante pequeño alimentado por una batería de celular. Hoy cada uno tiene su equipo de sonido con una consola para ecualizar el sonido y conectar un micrófono inalámbrico. Abel, otro discapacitado, lo protege de posibles ladrones y así también se gana el pan. "La calle es dura", comentan Toto y Abel.

"Mi lema es 'Un método para mi trabajo'", explica Alderete. "Este es un trabajo inclusivo que genera más oportunidades", sostiene. Cuenta que por ley el Estado debe destinar un 5% de cupo para emplear personas discapacitadas. Alderete asegura que hoy ese cupo no es suficiente para incluir a la mayoría de los discapacitados. Como él y su esposa, muchos artistas también salen diariamente a las calles para ganarse la vida con su talento. Y en un escenario improvisado en alguna peatonal o vereda céntrica siempre encuentran un público entusiasta y dispuesto a disfrutar del espectáculo que ellos pueden brindar.