Blanco

1- Puede faltarle fútbol, sí, pero Atlético nunca negocia su corazón ni su temple en la cancha. Su mayor referente ayer en esa bandera fue Nery Leyes, quien no dio una pelota por perdida en zona de ataque, (escuchó a Azconzábal en la práctica del miércoles pasado) la recuperó y cedió a Guillermo Acosta, que luego la acomodó en el ángulo derecho de un Lucas hoyos imposibilitado de poner resistencia alguna.

2- El mayor reto que tendrá el equipo, un equipo prácticamente igual para sus rivales, según palabras del propio Azconzábal, será entender que las transiciones, entre defensa y ataque o ataque y defensa, deben ser siempre en quinta velocidad. Cada segundo desperdiciado cotiza en oro en este divisional. En ese rubro, Rafaela fue más áspero y efectivo que el dueño de casa, a veces dormido para atacar.

3- Sobre el cierre del primer tiempo, Atlético perdió los estribos y la cabeza. Rafaela lo mareó y encontró fisuras en una defensa que había respondido bien previo al tropezó. Fue Cristian Lucchetti el que evitó que el susto se transforme en castigo. “Laucha” le tapó un tiro bajo a Gudiño y también reaccionó bien ante otro remate de Costa. El subcapitán suele ser sinónimo de serenidad cuando el equipo se apuna.

Negro

1- Si los ejercicios de laboratorio suelen ser claves para ganar encuentros, el “Decano” tiene dos semanas para reordenar sus ideas y volver a planificar ejecuciones sorpresas. En los dos primeros córners que dispuso, a uno lo tiró bien abierto para la llegada de Rosales, que pifió su remate. De milagro no fue gol de contra. Y en el segundo, otro centro pasado a la nada. Rafaela, en igual cantidad de chances, generó suspiros.

2- La suerte es parte del fútbol, eso está clarísimo. Ayer jugó para Atlético, sobre todo luego de un gran slalom de un Ramiro Costa perfilado sobre su pierna hábil, la zurda. El punta encontró el hueco entre Mauricio Rosales y Bruno Bianchi y buscó sin dudar el arco de Lucchetti. Su misil fue un tantito más esquinado de lo debido: el palo izquierdo le ahogó el grito. Atlético, feliz.

3- Entran 11 al campo, sí, pero cada uno cumple un papel importantísimo que puede influir para bien o para mal en el conjunto. Guillermo Acosta, autor de la obra maestra del 1-0 del triunfo, y Lucas Villalba son junto a Luis Rodríguez tres de los arquitectos que deben planificar y crear acción para Atlético. El equipo sintió en demasía sus desapariciones. Deben estar más enchufados.

ANÁLISIS
El triunfo, un clásico nicho de paz absoluta

Si esto se tratara de un juego de diferencias, apenas si habría una entre el Atlético de la pretemporada y este Atlético del torneo de Primera que comenzó ancho de espaldas.

La gran diferencia entre uno y otro fue eso, el triunfo. Nada, ¿no? Las victorias significan paz, significan libertad para trabajar, significan sesiones diarias para mejorar lo malo realizado y para pulir lo bueno hecho. Atlético se ganó su primera semana (en este caso dos, por las Eliminatorias) de serenidad absoluta. Tendrá, entonces, la chance de recalcular errores repetidos, de insistir que quienes deben trasladar la pelota deben hacerlo en máxima velocidad y no dudando. Hay más. En este sinuoso campeonato, el “Decano” dejó su primera marca positiva. Sumó tres puntos más a su rico promedio, lo que lo convierte ante sus rivales directos en la lucha por no descender en un enemigo cada vez más solido y difícil. Y eso que apenas jugó el encuentro de la fecha 1.