FORMOSA.- Boca no tenía necesidad de sufrir anoche con Santamarina de Tandil. El resultado debió ser suyo antes de que incluso arranque el partido por los 16avos de final de la Copa Argentina. No hubo parámetro futbolístico entre uno y otro. La tenencia del balón fue de uno, de Boca; los errores, también de Boca, y los furcios que complicaron a Boca cortesía del juez Silvio Trucco y sus asistentes.
Pero lo que importa realmente es que el “Xeneize” ya está en octavos de final. Sufrió, claro, porque entre los desaciertos de los líneas de Trucco y la poca actividad ofensiva que mostraba el equipo de Guillermo Barros Schelotto, la cuesta se hizo bastante empinada.
Si los líneas hubieran estado finos, Rodrigo Bentancur le habría dado el primer gran respiro de la noche al futuro ganador. Le cobraron off side al volante central que había aprovechado los pésimos reflejos del arquero Joaquín Papaleo para hacerse del Balón. El juvenil uruguayo solo tuvo que acompañar el balón a la red y festejar su conquista.
No hubo caso, la bandera de la desgracia le jugó una mala pasada al “Charrúa” y a Boca, que seguía en tablas contra un rival que apenas si había invertido su tiempo en desesperación y en liberar patadas a diestra siniestra en el medio.
Igualmente, antes de los 20 minutos de partido Boca se hizo dueño del premio mayor y del pase a los octavos de final. Llegó un gran centro de Frank Fabra y un poco sutil cabezazo (o nucazo) de Darío Benedetto, el centrodelantero que quería Guillermo, para decretar el 1-0 parcial.
Boca continuó siendo el Boca dominante, aunque no agresivo en la red contraria. Volvió a extrañar a Carlos Tevez, que fue el lanzador y nexo con Benedetto en la zona caliente. “Apache” fue intermitente. Y tanto falso contacto le jugó una mala pasada a los de La Ribera.
Siendo amo y señor del partido, el “Xeneize” tropezó. Volvió a caer en sus lagunas y a fallar en una cobertura. Dejó a Martín Michel sólo (pero lejos del arco de Guillermo Sara) frente a lo que podía ser el gol de su vida. Y le dio Michel, y se la colgó desde casi 30 metros a Sara. Así rompía los esquemas de lo que era un duelo juzgado.
El nerviosismo no tardó en hacerse escuchar desde el banco de suplentes. Guillermo estalló de furia, pidió serenidad, respeto por la pelota, atención por el rival y efectividad. Cristian Pavón le dio con el gusto al “Mellizo”. En sociedad con Papaleo, Pavón ni amagó y remató al medio del arco sin oposición, entrando por derecha. Gol y triunfo para Boca. Sufrido, pero justo.