La realidad económica y social la mantiene en un segundo plano de importancia, como los que llegan detrás de Usain Bolt. Frente a los tarifazos, los fallos judiciales que lo frenan, las denuncias de corrupción, la pobreza, la caída de los salarios y la suba de precios; la reforma política no encuentra cabida en el interés ciudadano. Viene de segunda. Sin embargo, la Nación se esfuerza por mantenerla en la agenda, aunque pierda frente al peso de los otros temas. Es un debate institucional obligado, aunque sin la urgencia del resto, ya que su influencia valdrá en oro el año entrante.
Centralmente, a Cambiemos le interesa que el voto electrónico se generalice a todo el país; es su apuesta, convencido de que este mecanismo les dará transparencia a las votaciones, certeza a los resultados y garantías a los ciudadanos de que el sentido de su sufragio se respetó. En Tucumán, si llega a aplicarse este sistema en 2017, los resultados no sólo dirán quiénes son los representantes locales para la Cámara de Diputados, sino que pueden alumbrar interpretaciones sobre si los polémicos comicios del 23 de agosto de 2015 fueron legítimos, como lo entendió la Corte provincial, o bien un fraude electoral, como lo deslizó la sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo.
Básicamente, porque si con este sistema con el cual se pretende transparentar la votación -para contrarrestar el clientelismo, el bolsoneo, el acarreo y el manejo de los recursos del Estado-, se repiten las cifras del año pasado -100.000 votos de distancia entre el Frente para la Victoria y el Acuerdo para el Bicentenario-, alguien sonreirá con retardo en el oficialismo. Por el contrario, si se achica notablemente la diferencia, la oposición justificará sus denuncias de irregularidades en el proceso electoral. Será un resultado de lectura política que legitimará una de las dos visiones de la Justicia sobre la elección de 2015. Servirá para revisar el pasado en primer lugar; por más que el objetivo de la iniciativa del macrismo es un mejor futuro en cuestiones electorales.
Un modo distinto
¿Qué garantizaría la implementación del sufragio electrónico? La presencia de una máquina evitaría, por ejemplo, que no desaparezcan misteriosamente las boletas de los cuartos oscuros, obligando a los fiscales de todos los partidos a reponerlas. Supone, además, que toda la oferta electoral estará electrónicamente a disposición del elector que deberá tener una noción mínima sobre tecnología y no ser un analfabeto para no jugar en desventaja. Detalle: en la Argentina, según un informe de la Unesco, el analfabetismo alcanza a más de un millón de personas mayores de 15 años; o sea, electores posibles. Atención a otra cuestión no menor, y que remarca un trabajo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cipecc) sobre reforma política: se alterará el modo en que los partidos harán su oferta electoral a la ciudadanía. A las posibles picardías de los punteros políticos o dirigentes territoriales, supuestamente las estaría evitando una maquinita.
Es que el partido, o la boleta partidaria, puede perder influencia frente al sufragio electrónico; una suerte de despartidización de la movida logística. Algunos dirán del bolsoneo y otros hablarán de la merma el peso de la estructura partidaria. Claro, hay que comprobar la infalibilidad del mecanismo, sobre el cual se siembran dudas desde el PJ. Para eso los controles serán claves. Según la iniciativa nacional, las opciones elegidas por el votante quedarán registradas en un papel, como una forma de corroborar que “tecnológicamente” no se altera la simpatía política del ciudadano.
Sin embargo, advertidos de que a las leyes y a los sistemas electorales siempre se les encuentran los puntos débiles para sacarles provecho, algunos dirigentes políticos dudan de la eficacia del voto electrónico, o de las intenciones de quienes lo apliquen. En castellano: temen que se puedan manipular los equipos y los números. Se comenta que la Nación ya contrató a una empresa coreana para que provea de las unidades para este sufragio. Si son 100.000 las maquinitas necesarias para una elección nacional, a un costo de U$S 2.600 la unidad -como se menciona-, la cifra de inversión es de U$S 260 millones. A razón de U$S 8 por elector.
Este sistema requiere de la especialización en los organismos de control. En la actualidad, la Cámara Nacional Electoral no cuenta con una unidad técnica que pueda llevar adelante la certificación y las auditorías; según el buen informe del Cipecc (cippec.org/oear). No sólo es voluntad y necesidad de transparencia.
Para observar
En fin, con voto electrónico o no, indirectamente Manzur debe legitimar su elección en los comicios intermedios, ya que no obtener los 500.000 sufragios que obtuvo en 2015 -o por lo menos la misma diferencia con José Cano-, deslegitimaría su victoria y daría nuevas excusas para que la oposición siga mellando sobre el supuesto torcimiento de la voluntad popular. Si por el voto electrónico -en caso de que llegara a funcionar en Tucumán- el oficialismo logra imponerse repitiendo los números del año pasado, Manzur podrá sonreír. En su discurso como gobernador electo en el PJ, exultante aventuraba: les ganamos con cuatro sistemas electorales distintos, y les vamos a volver a ganar. Es su desafío primario, más allá de quiénes finalmente integren la lista y a qué dirigente respondan.
En este aspecto enviará un mensaje a la Nación en cuanto a los integrantes de la boleta del FpV (sin es que se sigue llamando así): son míos, o no son míos. Usualmente -no pasa con la actual composición política de los diputados nacionales tucumanos-, los candidatos elegidos responden al Gobierno provincial, especialmente cuando el color político de la gestión local no es la misma que la nacional. Es decir que, además, en el fondo lo que habrá como condimento extra un conflicto por la conducción del oficialismo, o de peleas entre las sociedades políticas por el manejo del oficialismo; y del peronismo tucumano.
En ese marco, el que los elija y los imponga podrá decir al poder central yo conduzco, conmigo tienen que negociar. Esta disputa no le es indiferente al macrismo, hoy de buenas migas con Manzur. Actitud que puede desacomodar al radical Cano, que mira cómo Prat Gay le abre las puertas al gobernador, sin pedirle permiso como el principal adversario opositor del PE, para que la Provincia gestione financiación en China. Cano no se puede enojar porque consigamos algo que favorece a Tucumán; se deslizó con alguna ironía en los pasillos de la Casa de Gobierno ante eventuales disgustos o celos políticos por la movida.
No es una pelea menor, y aunque muy comarcana, tiene alcance nacional. Seguro, el macrismo también observará y seguirá con atención esa situación, más allá de quiénes sean sus candidatos locales. Con ese panorama, los eventuales resultados del sistema con el voto electrónico vendrán a transparentar a unos y a castigar a otros. En suma, se juega mucho más que un mecanismo para garantizar una mejor representación política y mayor calidad electoral; se juegan las verdades y mentiras del pasado y un posible futuro político para algunos.
Y como están las cosas, con el mandatario tucumano de luna de miel con la Nación, lo más factible es que Tucumán termine aceptando el voto electrónico. ¡Cómo rechazarlo, si lo tiene resuelto en la Constitución de 2006! Todo sea porque se sigan abriendo más puertas. A eso sí, pero a la simultaneidad de las elecciones nacionales y provinciales, no.
Partidos sí, acoples no
En el Ejecutivo salieron a mostrar que tampoco se quedan atrás en materia de reforma política. Tras cuestionamientos opositores, salieron a mostrar que no están de brazos cruzados. La secretaria de Gobierno salió a mostrar que se avanza en propuestas para cambios en la legislación electoral que atenúen centralmente los efectos negativos del sistema de acople. Manzur no quiere eliminarlo; afirmó hace pocos días Cano. ¿Le estará advirtiendo el titular del Plan Belgrano a sus compañeros de gabinete nacional que miren con quien tratan?
Carolina Vargas Aignasse puso la mira donde es inevitable para atacar el sistema de acople sin necesidad de avanzar en una reforma constitucional, ya que este esquema electoral está incorporado en la Carta Magna, en el artículo 43, inciso 12. ¿Dónde? En la ley orgánica de partidos políticos; la 5.454. Es que la norma fue desbordada por el acople y se mostró débil frente a la imaginación de la dirigencia.
El esquema de colectoras prácticamente mató a los partidos, los convirtió en meras listas de candidatos; cuando en realidad cada organización política debía tener su propia identidad ideológica, su perfil político, su propia doctrina. Nada de eso quedó en pie con el acople. La urgencia de los interesados en llegar a una banca legislativa hizo que se apropiaran de siglas partidarias. Y no hubo obstáculos para obtener reconocimientos como partidos provisorios para inmediatamente poder participar de los comicios como boletas acopladas. La 5.454 quedó desactualizada frente a las picardías políticas.
Las iniciativas del Gobierno apuntarían a fortalecer a los partidos políticos, evitando que se puedan convertir en simples nóminas electorales. Por ejemplo, estableciendo un piso de afiliados que se verifique año a año. Para eso se debería contar con un sistema informático que permitiese a la Junta Electoral poder cruzar las planillas de todos los partidos provinciales para evitar dobles afiliaciones, y hasta dobles o triples adhesiones para conseguir el reconocimiento provisorio. La propuesta está. Con un pequeño detalle a considerar en el medio; cualquier modificación en la norma deberá verificarse para los comicios de 2019, no antes.
Antes, sólo vendría el voto electrónico para la elección de diputados, y con este mecanismo tecnológico todas las dudas y lecturas políticas posibles.