Las luces se apagaron y ella aún no se daba cuenta de lo que le había pasado. Cuando volvió al colegio, entendió que era famosa. “Mis compañeros me vieron y vinieron corriendo a abrazarme”, contó Constanza Castillo, la pequeña que brilló con su show de folclore en Showmatch.

El sol acompañaba esta mañana de agosto y, entre los pájaros de la primavera temprana, se escuchó una voz que provenía del portero: “hola, ¿quién es?”, preguntó inocente Constanza. El sonido de una llave y perros corriendo denotaron que alguien nos venía a recibir.

Al instante, de traje y emocionado, abre la puerta su padre, Martín Castillo. A paso lento y charlando sobre el día llegamos a la habitación donde estaba Conti, como la llaman sus familiares. Ella esperaba tranquila en la cocina, mientras jugaba con su tablet. Por su simpatía y su avasallante personalidad, no terminó de saludarnos y ya estaba contándonos todo sobre su participación en Showmatch.

Guardas folclóricas, adornos típicos del norte, instrumentos y fotos familiares decoraban el comedor. Sobre la mesa, un CD de Jorge Rojas. “Es más flaco en persona”, comentó riendo la pequeña. Junto a ella, la más chiquita de las cuatro hermanas, Victoria (2), quien según Conti “le copia todo”.

Los que saben dicen que Marcelo Tinelli es una de esas personas que -si te ve- te cambia la vida y, sin dudar, eso fue lo que le pasó a esta niña. Con sus siete años generó el segundo pico de rating del programa en lo que va del 2016 –el primero fue la apertura-. “No podíamos creer las repercusiones que tuvo. Superó nuestras expectativas”, afirmó su mamá Emilse. “Cuando terminó el programa y volvimos al hotel nos abrazamos los tres y lloramos en la cama”, agregó Martín.


 Constanza inmediatamente, mencionó lo que podríamos llamar, “sus inicios”: “empecé a cantar y bailar cuando tenía dos años. Siempre me gustó el folclore”. Se remitió al origen de su amor por la música por ese ritmo y recordó que tanto sus abuelos como sus padres se enamoraron agitando poncho y pañuelo.

Mercedes Sosa
es su ídola. Y confiesa que le hubiese encantado conocerla: “me gustaría que no se hubiera muerto y poder cantar con ella aunque sea una sola vez”. Aseguró que ama cantar con su papá y que él es la persona que quiere que le enseñe: “me gusta escucharlo cantar y cantar con él”.

Habían pasado las 11 pero el cansancio no le permitía parar de bostezar. Nosotros interrumpimos su hora de sueño, ya que, -como va al colegio a la tarde- aprovecha la mañana para descansar. Con unos jeans que se compró en su estadía en Buenos Aires y el micrófono en el bolsillo comenzó a caminar. Orgullosa mostró su barrio, dónde hace las compras y su colegio, al que asistió horas después.

“Todos me saludan y me piden fotos”, comentó aún sorprendida por la reacción de sus vecinos y compañeros.

La taficeña contó cómo la recibieron en su ciudad natal cuando volvió de Buenos Aires: “me hicieron una bienvenida sorpresa en un teatro y estaba lleno de gente. Hasta me nombraron embajadora cultural”.

“Me da pena que muchos niños que quieren cantar no puedan hacerlo. Me gustaría ayudarlos”, reflexionó Conti. Va a participar en las donaciones por el Día del Niño para ayudar, de alguna forma, a aquellos que tienen menos.

Con un pote de arroz con leche en mano, volvió a su casa a almorzar y salir para el colegio: “ahora seguimos la vida normal y vemos qué nos espera para el futuro. Seguro son cosas lindas”, concluyó Martín.