“Era hora que vinieran por el barrio. Aquí ya no se puede vivir, pero tienen que volver”, explicó María del Carmen García, habitante de Villa 9 de Julio. Ayer a la siesta, unos 200 efectivos coparon ese sector de la ciudad para neutralizar la violencia que genera el enfrentamiento entre los clanes Toro y Carrión.

“Es un megaoperativo para buscar armas y detener prófugos”, indicó un alto jefe. En la Escuela de Policía, los casi 200 hombres, en su mayoría de la fuerza provincial y un reducido grupo de Gendarmería y Policía Federal, se presentaron en seis domicilios donde supuestamente podrían estar los integrantes de ambas bandas. Detuvieron a 23 personas, secuestraron armas (una escopeta y dos armas nueve milímetros), unos $ 11.000 en efectivo, una balanza de precisión, un auto, un taxi con licencia de Banda del Río Salí y una moto.

Los seis allanamientos que se desarrollaron fueron en el marco de la investigación del crimen de Luciano Gastón Calderón, integrante del clan Toro que fue ultimado el 29 de abril. Por ese hecho hay varios detenidos, pero aún están prófugos varios sospechosos de ambos bandos.

Después que se concluyera las medidas, personal de la Unidad Regional Capital, al mando de los comisarios Martín Galván y Abel Monteros, detuvieron a unas 22 personas por contravención.

Las razones del enfrentamiento entre ambas familias, según los investigadores, podría estar vinculada a una pelea territorial por la venta de drogas. Lo único cierto es que en ese populoso barrio, cada tanto se enfrentan a tiros. “No se puede vivir. Si ellos se quieren matar, que se maten, pero con lo hagan alejados y no en sitios donde los chicos están jugando en la calle”, dijo María Luisa Rodríguez, otra de los vecinos.

Y algo de razón tienen la vecino. El lunes por la noche, un hombre, que sería integrante del clan de los Toro atacó la casa un vecino. Según la denuncia que realizó la víctima, para balear la vivienda usó hasta una pistola tipo ametralladora en el ataque.

Conmoción

Toda Villa 9 de Julio quedó paralizada por el movimiento de uniformados durante la siesta de ayer. En una de las casas allanadas, en la que supuestamente podrían ubicar a “Quemarancho”, uno de los principales sospechosos de haber cometido el crimen de Calderón, encontraron una pistola nueve milímetros y varias balas de ese calibre. Ahora serán peritadas para comprobar o descartar si fue utilizada en el homicidio.

En otra casa, los investigadores se llevaron una escopeta y otra pistola nueve milímetros, pero se llevaron una sorpresa: encontraron alrededor de $ 1.000 y la propietaria les dijo que era todo el efectivo que tenía. Sin embargo, luego encontraron unos $ 10.000 más. “Me olvidé de decirle que eso eran unos pesitos que tenía ahorrado”, dijo la mujer mientras observaba como los uniformados secuestraban el efectivo.

En esta casa encontraron el taxi. Como los dueños no quisieron abrirlo, la fiscala María del Carmen Reuter ordenó que sea secuestrado.

Los vecinos de la zona están desesperados para que esta guerra llegue a su fin. “Es evidente que esta gente tiene mucho respaldo para seguir escapándose. Está bien que la policía los siga buscando, algún día caerán y la calma volverá al barrio”, opinó Juan Carlos Fernández.

Un joven que caminaba por el lugar, al ver la presencia de los policías, comenzó a correr. Los efectivos lo detuvieron y al comprobar que no era ninguno de los buscados, le aplicaron una contravención. También secuestraron un auto y una motocicleta que encontraron en la calle de la zona, pero no así a sus propietarios, por lo que se sospecha que pudo haber sido robada.

Luego del operativo, que fue organizado por los comisarios Leandro Herrera, Luis Bacas y Fabián Salvatore, el secretario de Seguridad Paul Hofer se presentó en el lugar. “Vamos a seguir tras pasos. No detendremos la búsqueda hasta dar con ellos. Vamos a trabajar para que la paz vuelva al barrio. Este tipo de operativos comenzará a verse en toda la provincia”, anunció.