“Tienen que llevar colgada la identificación como en todos los lugares del país. Acá no quieren hacerlo porque dicen que los datos los van a exponer a ladrones. Pero debe estar esa información a la vista del usuario porque hay tanta informalidad que hoy cualquiera puede estar manejando un taxi. La actividad no está regularizada”, expresó la concejala Sandra Manzone cuando LA GACETA la consultó sobre la serie de ilícitos que se cometieron en los últimos días, relacionados a autos de alquiler. “Tienen que haber sanciones para los que no lleven el cartel. Yo no recuerdo jamás haber subido a alguno que lo tuviera”.

Sobre la posibilidad de que los taxis sean conducidos por personas con permisos extramuros, como lo denunció a este diario el sindicalista Antonio Rodríguez, la edil opinó: “no me parece descabellado. Lamentablemente esos pocos delincuentes van en detrimento de los otros taxistas. Acá hay mucha gente que es decente”.

Soluciones

Para Manzone, uno de los primero pasos que habría que dar sería “entregar los certificados que el Sutrappa cobró pero nunca entregó porque no andaba la máquina”. Enrique Romero, secretario de Transporte del municipio, había explicado a LA GACETA que la impresora recién se compró este año porque antes “estaban cerradas las importaciones”. El aparato se usó para el boleto estudiantil, pero ahora “no tiene tinta y hace falta limpiarlo”, según el funcionario de Transporte.

Otra forma que la edil considera necesaria para regularizar la situación de los taxis es la inspección. “Las ordenanzas y leyes están, lo que no hay son controles”.

Hay una irregularidad más sobre la que puso la lupa Manzone, quien señaló que tiene información de que existe un sindicato (no dijo cuál) que se encarga de gestionar los documentos de buena conducta del chofer y el dueño del auto, como obliga una ordenanza. “No digo que lo estén falsificando, pero este es un trámite muy personal”.

Sus denuncias

En 2012, Manzone presentó dos denuncias en la Justicia para que se investiguen dos casos: las presuntas licencias truchas y vehículos mellizos; y un taller donde “se vendían obleas falsificadas”.

“A la primera denuncia recién se la asignaron a otra fiscalía porque había caído en la de Teresita Marnero, que se jubiló. La segunda, lamentablemente, cayó en manos del fiscal Guillermo Herrera. Se allanó el lugar que yo denuncié, se secuestró el material que probaba la maniobra e incluso encontraron un arma. Sin embargo, el fiscal le devolvió todo lo secuestrado al dueño del lugar”, denunció.