La madrugada del 10 de julio encontró a un exultante gobernador. En soledad, Juan Manzur evaluó lo que había acontecido el día anterior, con un cronograma de actividades tan intenso como difícil. Trató de calmar los nervios de Mauricio Macri que, prácticamente, no escuchaba al gobernador tucumano; sólo pensaba en cómo salir a la calle a enfrentarse con el pueblo. Miró hacia la plaza y salió a jugar su partido. Al presidente de la Nación le cuesta enfrentar a la popular. La platea le sienta bien. Sin embargo, con el correr de las horas, en Tucumán se sintió más tranquilo, aunque fatigado por los viajes dentro y fuera del país. Su imagen no ha crecido; más bien hay algunos consultores que señalan que sufre el mal de las tarifas. La suba en las boletas fue al gas, de la manera en que se intentó efectuar. Nadie puede llegar a destinar entre un 15% y un 20% de sus ingresos mensuales sólo para abonar una sola tarifa.

La teoría de la escasez en materia energética es entendible -como real-, pero también el Estado debería fijarse que la misma variable le cabe al salario, que no se estira como chicle y que tampoco se recompone en la misma medida que los reajustes tarifarios. Puede esgrimirse que en la Argentina imperó una mala costumbre alimentada por anteriores gestiones; pero los funcionarios actuales también tendrían que tomar en cuenta que la fiesta del pasado no puede hipotecar el futuro de las familias argentinas.

Después de la poco feliz frase para ejemplificar el derroche energético, Macri mandó a sus ministros a aclarar cómo será el incremento a partir de las modificaciones realizadas en el esquema y retrotraer a valores del 1 de abril pasado. Tuvo que llegar una boleta con un reajuste del 1.000% para que la “prueba y error” de gestión sea modificada. Eso es lo que se pagó con una baja en la popularidad presidencial. Así arrancó el segundo semestre, como también el del gobernador Manzur con un nuevo integrante dentro de su gabinete (una suerte de coordinador interministerial en materia de seguridad) para reforzar un área sensible. El mandatario provincial apuesta también a un relanzamiento de la gestión a menos de un año de haber asumido el cargo. Como Macri, pero la noche del 8 de julio, Manzur percibió una suerte de revancha. En esa misma plaza donde una noche de agosto de 2015 se repudiaba su elección, la institucionalidad le había puesto frente a aquel fantasma y vencer sus miedos. De allí la idea de darle otra dinámica a la gestión, aprovechando la sintonía que el gobernador tucumano tiene con la Casa Rosada.

El tiempo de las peleas quedaron atrás. De la misma manera que la Nación le extendió una mano al gobernador peronista, Manzur siente la necesidad de acercarse a otro peronista: el intendente de San Miguel de Tucumán, Germán Alfaro. Hay intenciones de la Casa de Gobierno de compartir más actos públicos con el jefe municipal capitalino. Uno de los motivos de la discordia entre ambos no asomó durante los actos del Bicentenario: José Alperovich. Fue casi como un gesto que Manzur no se acercara tanto al actual senador nacional que lo convirtió en gobernador. No estaba en los planes del macrismo una foto con el anterior mandatario tucumano.

Así como el presidente necesita socios políticos para gobernar en los tres años y medio que le quedan, como lo definió el ministro del Interior Rogelio Frigerio, de la misma manera Manzur necesita aliados internos para que no haya contratiempos en su administración de Gobierno. De hecho, la Capital es la caja de resonancia de toda la provincia y la continuidad de un sordo conflicto o enfrentamiento entre las administraciones provincial y municipal en nada suma a las carreras políticas del gobernador y del intendente.

El tiempo de los acercamientos es casi un hecho. Sólo faltan más gestos para comenzar otra etapa. Aún no se sabe quién tomará la iniciativa. Es posible que las propias circunstancias se ocupen de ponerlos nuevamente juntos en algún acto institucional. No obstante, no hay que perder de vista que el peronismo está lleno de matices y que las contiendas electorales pueden encontrarlos otra vez en veredas sepadas. Ese mismo tiempo lo dirá.