Días atrás, desde esta misma columna, advertíamos sobre la necesidad de frenar el alarmante incremento de muertes en las calles y rutas de nuestra provincia. También señalábamos que no corresponde referirnos a “accidentes de tránsito”, pues, en la amplia mayoría de los casos, son hechos prevenibles, no accidentales, que lamentablemente vuelven a reiterarse año tras año. Según la asociación civil Luchemos por la Vida, en 2015 se registraron 7.472 muertes en todo el país como consecuencia de la inseguridad vial, es decir, un promedio mensual de 622 víctimas mortales, lo cual equivale a 21 personas fallecidas por día. A ellas hay que sumar una innumerable cantidad de víctimas que quedan con heridas o con incapacidades de todo tipo. Sin embargo, la percepción social no deriva en una demanda fuerte y permanente a las dirigencias políticas para que se logre un cambio profundo de una vez por todas. De hecho, los trágicos accidentes registrados en el último fin de semana en Tucumán (en 48 horas murieron ocho personas y otras tantas permanecen internadas), ratifican que esta tendencia sigue en alza y que la concientización está bastante lejos de lo esperado.
Según un especialista en Emergentología del Siprosa, en nuestra capital, el 70% de chicos menores de 13 años fallece a causa de traumatismos provocados por accidentes de tránsito. Con mayor frecuencia, se registra en el Hospital de Niños, el ingreso de pequeños que han sido víctimas de choques. Estas cifras fueron corroboradas por la Dirección de Tránsito y Transporte de la Municipalidad. Según su titular, Enrique Romero, el año pasado fallecieron en accidentes de tránsito unas 341 personas. El 34% de esas muertes se produjeron a causa de accidentes en moto y, de esa cifra, el 12% se encuentra en la franja etaria de 13 a 19 años. Como se ve, y a la luz de los acontecimientos registrados el último fin de semana, la situación sigue siendo crítica. Por eso, no está de más reiterar (como lo hicimos en columnas anteriores), que las distracciones al manejar, el desconocimiento de las normas, la combinación de alcohol y conducción, el uso de los teléfonos celulares, el inadecuado mantenimiento de los vehículos y el deplorable estado de la red vial son algunas de las principales causas de los accidentes de tránsito. Y, por esa razón, la toma de conciencia por parte de la población es clave para poder promover conductas responsables en el ámbito vial. El panorama se vuelve cada vez más estremecedor si se tiene en cuenta que a la escandalosa cantidad de accidentes de tránsito no se contrapone nada: ni campañas de seguridad viales continuadas y efectivas, ni mejoramiento visible de las rutas -más bien todo lo contrario-, ni ningún acto o programa oficial que demuestre a nuestra sociedad, de una vez por todas, que la vida humana tiene valor.
¿De qué sirven las estadísticas si al parecer, las autoridades las ignoran? ¿Por qué el Estado sigue permitiendo que los menores conduzcan vehículos o que haya conductores circulando en estado de ebriedad? ¿Por qué no se castiga a los que transgreden las normas y ponen en riesgo la vida de los demás? ¿Es tan difícil acostumbrarnos a respetar las señales y las normas de tránsito? Si no se combate el problema de raíz y no se educa, probablemente los índices de discapacidad y de muerte por accidentes continúen en ascenso.