José Alperovich se acomodó en su sillón y, mientras ingresaba Juan Manzur al living de su casa, justificó su decisión de ventilar públicamente que ya no era kirchnerista.
El gobernador fue hasta allí tras participar el martes del programa televisivo “Los Primeros”. Antecesor y sucesor estaban de buen humor e intercambiaban chanzas. ¿Y el caso López? Claramente, lo sienten ajeno. El senador se puso más serio cuando su cuñada, la legisladora Silvia Rojkés, le habría planteado que no estaba de acuerdo con sus dichos sobre los K. “Nadie me dijo nada ni me dio explicaciones cuando decidieron sacar a Betty del cargo (de presidenta Provisional del Senado)”, le habría contestado. Antes, Alperovich ya había relatado que su decisión de desconocer a Néstor y a Cristina se había basado en que no quería que lo tilden de ser “un corrupto más de la política”. Ex legisladores y ex intendentes, testigos de la charla, escucharon en silencio. Sin embargo, más tarde comentaron que coincidían en que su líder político había cometido un error. ¿Cómo explica, luego de ser el gobernador que más fondos recibió en la historia de la provincia y uno de los más beneficiados, que fue una “víctima” de la prepotencia K? “El jefe no resiste un archivo”, murmuraba un ex legislador.
Subiendo la “loma”
Los Tribunales federales se sacudieron el polvo que habían acumulado en su década de discrecional hibernación y parecen dispuestos a escalar la montaña de expedientes con casos relacionados a hechos de corrupción. Una de las causas que podría reactivarse es la que apunta sobre presuntas irregularidades, sobreprecios y vicios de construcción que radicó la senadora Silvia Elías de Pérez en 2013, por la construcción del megaemprendimiento Lomas de Tafí. El juez federal Sebastián Ramos habría pedido a la Justicia provincial que le remita ese expediente. La solicitud habría sido desoída. Ramos tiene en la mira al ex ministro de Planificación Federal Julio de Vido por la compra de trenes en el exterior y por otras denuncias que involucran obras públicas.
Elías de Pérez había asentado en la Justicia federal local esa denuncia que apuntaba contra el interventor del Instituto de la Vivienda, Gustavo Durán, contra el titular de la SAT, Alfredo Calvo, “y los funcionarios públicos de la provincia de Tucumán, funcionarios nacionales y toda otra persona que resulten responsables del delito de fraude en perjuicio de la administración pública”. La senadora había entendido que, al tratarse de fondos federales, eso era lo procedente. Sin embargo, tras algunas idas y vueltas, el juez federal Daniel Bejas dictaminó que debía ser la Justicia local la que entendiera en el caso. Se diferenció de Ramos y de su par Ariel Lijo (lleva un caso por obras con dinero nacional en Santiago del Estero) que sí investigaron denuncias similares. Se supo que quizás deba explicar el motivo de su decisión. El ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, llega hoy a Tucumán para dar una charla en el Consejo Asesor de la Magistratura. También indagaría sobre el accionar de los magistrados locales, cuestión que vendría observando incluso desde antes de asumir en el cargo.
En breve habría novedades sobre otra denuncia por obras públicas que encararía la Oficina Anticorrupción. Incluye 15 firmas que realizaron obras de infraestructura en Tucumán y que estarían sospechadas de sobreprecios y fallas de construcción. De ese total, cinco son de capitales tucumanos y 10 foráneos, entre santiagueños, cordobeses y bonaerenses. La presentación incluiría un pedido para que no puedan postularse para encarar obras públicas. En ese escrito no estarían las dos constructoras “favoritas” de Alperovich, que no habrían ejecutado el grupo de obras cuestionadas. ¿Seré yo, señor? Eso se preguntan los constructores tucumanos, que por estos días observan temerosos sus celulares, temiendo un llamado que los deje en evidencia. Muchos de ellos fueron cómplices en el entramado de corrupción con la obra pública que inmiscuye a funcionarios nacionales y provinciales. Los empresarios que no recibieron esos beneficios exorbitantes de contratos, a cambio de la entrega de valijas y de silencio, quieren que la bomba explote y transparente la actividad.
¿Volverá?
Estaban tan felices, que uno de ellos cayó a la piscina mareado por la emoción. Literalmente, un ex delegado comunal terminó en la pileta de la casa de Alperovich luego de escuchar al ex mandatario decir que volvería al Gobierno y, con él, todos los presentes. Fue hace dos semanas, en uno de esos continuos encuentros entre el senador y “ex” diversos que buscan cobijo en su casona. Hasta ahí, los presentes entendieron que Alperovich volvería a disputar la gobernación en 2019, pero ahora estaría dudando sobre qué hacer en su futuro. Tiene algo en claro, según sus cercanos: hará lo necesario para que José Cano no alcance la Gobernación. Su encuestador predilecto le habría dicho que, según datos de abril, el concepto de los tucumanos sobre Manzur vendría en picada. También que el naranja de Daniel Scioli se esfumó de la paleta de colores políticos, que el amarillo de Mauricio Macri asoma opaco y que se espera que emerja una tercera fuerza. ¿Será el azul de Sergio Massa? Sería una opción válida, que además explicaría los elogios que lanzó Alperovich hacia el “tigre” bonaerense.
“Juan no quiere irse tan rápido”, dicen los edificadores del manzurismo. Habrá que ver si puede contradecir a su jefe si le pide que no repita. Osvaldo Jaldo se hace el distraído, pero continúa armando tropa propia en silencio. “Es el único peronista de los tres”, avisan sus seguidores. Muchos que supieron copar la plaza de Tribunales para exigir que la Justicia convalidara el triunfo “kirchnerista” en Tucumán hoy están desencantados con el tándem Alperovich-Manzur. Uno niega a quienes lo engordaron con billetes en el poder y el otro se suma a sus dichos. Y coquetea con el “demonio amarillo” que destronó a su reina.