Ya no sorprende que La Ciudadela desborde de público cuando juega San Martín: la fidelidad del hincha “santo” es harto conocida, incluso fuera de las fronteras de la provincia. Pero sí causa asombro que todavía se sigan dando situaciones que exigen una urgente solución, si no se quiere lamentar una tragedia. El inicio del partido de ayer se demoró por un motivo repetido: un sinnúmero de chicos, de no más de 12 años, trepados en los alambrados que circundan el campo de juego, especialmente en la unión de las tribunas ubicadas sobre calle Rondeau y Pellegrini, y en la cabecera del arco donde se ubica la hinchada de San Martín.

Decir que el problema se debe a “travesuras de menores” es hacer un reduccionismo aberrante. Esta grave situación se presenta, básicamente, porque las tribunas rebalsan de gente y, literalmente, no hay sitio donde puedan ubicarse estos chicos. De hecho, muchos de ellos, cuando se bajan de los alambrados, lo hacen hacia la cancha, y no hacia las tribunas. Esto, por ejemplo, ocurrió antes del inicio del partido, cuando los jugadores de Unión Aconquija se encontraban realizando trabajos físicos previos al partido. Un menor de aproximadamente 10 años gambeteó a un jugador del equipo catamarqueño y hasta le tiró un caño. Más allá de la travesura -celebrada por la hinchada-, lo cierto es que ese chico no debía estar dentro del campo. Sobre todo, por su propia seguridad.



Ayer volvió a oírse entre los hinchas el concepto de “sobreventa de entradas”. Incluso, durante los días previos al partido había llamado la atención que el propio club había sacado a la venta dos juegos de entradas populares distintos, pero igualmente válidos. Esto, además de confundir, podría llegar a fomentar la falsificación.

La excesiva cantidad de hinchas en las tribunas no es exclusiva de la popular. En la platea alta muchos vieron el partido de pie, en las escaleras, porque las butacas y el pasillo -espacio clave en caso de una evacuación de emergencia- estaban colmados. La prensa sufrió esa desorganización: los pupitres reservados para los periodistas gráficos, además de ser escasos, son ocupados, en muchas ocasiones, por personas que no se desempeñan en los medios. En algunos casos, incluso, ni siquiera son periodistas. El área de Prensa de San Martín es atenta con los medios, y les brinda un trato muy cordial. Pero la falta de organización hace que a último minuto -y a pedido de los afectados-, miembros del departamento deban controlar que personas ajenas a los medios no ocupen esos espacios.