Con frecuencia escuchamos expresiones de deseo que difícilmente se concretarán, porque se las dice por obligación, pero sin convicción o sin un real compromiso. “Ya voy a ver si voy”, “no sé adónde hay que ir”, “no tengo tiempo”, “¿y si me duele el pinchazo”, “¿y si me contagio de sida?”, “¿y si me desmayo?”, son algunas frases que suelen escucharse cuando le preguntan a alguien si puede donar sangre. No es un gesto habitual, generalmente, se concreta en situaciones límite, cuando un ser querido ha sufrido un accidente y para su intervención quirúrgica se necesita ese tejido líquido que recorre el organismo transportando células y todos los elementos necesarios para realizar sus funciones vitales.
El 14 de junio se celebró el Día Mundial del Donante de Sangre, fecha instituida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para recordar el aniversario del nacimiento del doctor Karl Landsteiner, un patólogo de origen austríaco que desarrolló el sistema de clasificación de grupos sanguíneos ABO, labor que le valió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1930.
La OMS señaló que el objetivo de la celebración es agradecer a los donantes su contribución voluntaria y desinteresada, que permite salvar vidas humanas, y concientizar sobre la necesidad de donar sangre con regularidad para garantizar la calidad, seguridad y disponibilidad de sangre y productos sanguíneos para quienes lo necesiten.
Como se sabe, las transfusiones de sangre y sus productos no solo ayudan a salvar millones de vidas cada año, sino que también permiten aumentar la esperanza y la calidad de vida de pacientes con enfermedades potencialmente letales. Suelen necesitar transfusiones las mujeres con complicaciones obstétricas; personas con anemia grave o con traumatismos serios ocasionados por accidentes o personas que deben ser operadas. También requieren sangre los pacientes con talasemia o drepanocitosis, y se la emplea en la elaboración de factores de coagulación para los hemofílicos.
El objetivo de la OMS es que hasta 2020, todos los países obtengan su suministro de sangre de donantes voluntarios no remunerados.
El Ministerio de Salud de la Nación dijo que el actual sistema de donación es imperfecto y ofrece flancos vulnerables porque en las vacaciones o durante feriados prolongados, los bancos de sangre tienen dificultades para cubrir la demanda. Se intentará reemplazarlo por uno basado en donantes voluntarios y habituales. “Es importante que los bancos de sangre desarrollen actividades en la vía pública y en empresas para que la gente se acerque a donar y no se continúe exclusivamente con el pedido de reposición. De otro modo, el donante se identifica con la reposición y se reserva para cuando algún familiar o conocido la requiera”, dijo la responsable de la Dirección de Sangre y Hemoderivados de ese Ministerio.
En otras oportunidades, hemos señalado que se puede generar conciencia en la población instalando mesas informativas en lugares de gran asistencia de gente, como los estadios de fútbol, o en este mismo Congreso Eucarístico que se desarrolló en nuestra ciudad. La educación es el punto de partida necesario para incorporar conceptos y hábitos relacionados con la salud, el respeto por las leyes que regulan la convivencia social y la solidaridad. Si ello sucediera es posible que no tuvieran que recordarnos que donar sangre puede salvar vidas.