El domingo 22 de mayo a la madrugada un grupo de ladrones ingresó al laboratorio del Instituto de Cardiología de la avenida Mitre al 700, luego de forzar la puerta de ingreso. Luego de llevarse algunos artefactos de valor, midieron exactamente los metros que separaban la entrada de la pieza del fondo y allí comenzaron a romper la pared con un cortafierro y un martillo. Una vez que lograron un hueco por el que podían pasar, dejaron las herramientas e ingresaron a la parte trasera del negocio vecino, Peu-Fiat. Allí corrieron una heladera, fueron hasta un cajón, sacaron miles de pesos (se confirmó que la suma era grande pero jamás se dio a conocer el monto) y huyeron.
La tarea de investigar este caso recayó en la división Delitos Contra la Propiedad de la Dirección de Investigaciones Generales. Una vez que lograron el pedido de allanamiento por parte de la fiscalía II y la autorización del Juzgado de Instrucción de la IV° Nominación, la división realizó seis allanamientos en distintas casas de la capital tucumana. El resultado fue el secuestro de $ 49.600, una motocicleta Honda tornado robada, una pistola calibre 22 y teléfonos celulares. Estos datos serán fundamentales para encontrar lo que resta: un coagulómetro, un equipo de música y más dinero.
“Fue un grupo comando muy bien organizado. Reventaron las puertas de casi todos los ambientes. En los únicos lugares a los que no ingresaron fueron en los que no había nada de valor”, había explicado en ese momento una empleada del Instituto de Cardiología.
Los investigadores están plenamente seguros de que se trató de una “entregada”. El boquete fue realizado en el único lugar en el que no los iba a detectar la alarma de Peu-Fiat. Además, una vez allí, fueron directamente hasta donde estaba el dinero -que no era la caja registradora- sin tener que realizar ningún desorden para encontrarlo.