Hay expresiones populares que pintan con exactitud conductas del ser humano. Se suele decir, por ejemplo, que “no hay que ensuciar el plato donde se come” o “escupir para arriba”, es decir que el damnificado es el mismo individuo que realiza la acción. Ello hace con frecuencia el hombre con la naturaleza. En nombre del progreso, la destruye, pese al peligro que ello implica y a las advertencias de los ecologistas.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) convocó en Estocolmo la primera Conferencia sobre el Medio Ambiente el 5 de junio de 1972. Durante el encuentro, se consideró la preservación de la naturaleza que es irracionalmente atacada por el ser humano de diversos modos. Se eligió esa fecha como Día Mundial del Medio Ambiente.

Como se sabe, las grandes industrias producen desechos que luego contaminan las aguas y matan especies animales; el crecimiento de las grandes ciudades y sus automóviles genera la polución que afecta a la atmósfera; las fumigaciones que protegen las cosechas de plagas a veces son las responsables de una ruptura en el equilibrio ecológico del suelo; los aerosoles -hasta los más inofensivos- contribuyen a la contaminación del aire; y todo ello sin contar las actividades nefastas del hombre cuando ataca el medio ambiente con la tala indiscriminada de bosques o la caza de animales.

Estas acciones no son, por cierto, desconocidas en Tucumán. Las inundaciones que se producen en parte del territorio provincial, se deben, entre otras causas, a la tala indiscriminada en el piedemonte. Nuestra crónica del 14 de mayo pasado, señalaba que unas 300 familias de Los Agudo y Las Juntas al este de Aguilares permanecían rodeadas por el agua, como consecuencia del desborde del río Medinas. El aislamiento se agravaba porque la ruta 331, que conduce a ambos poblados, se había convertido en un brazo del cauce desmadrado.

Las urbanizaciones que vienen realizándose en Yerba Buena han comprometido seriamente el piedemonte y son motivo de preocupación en los ambientalistas, porque pese a la existencia de un código de planeamiento urbano, este es ignorado en muchos casos. Por ejemplo, a mediados de mayo pasado publicamos que en la zona de El Corte, se estaban vendiendo terrenos con dimensiones que no eran las establecidas. A poco de iniciar su gestión, el actual intendente había suspendido por 180 días los desarrollos inmobiliarios situados en el piedemonte. Ello habla de la irresponsabilidad de los transgresores, que siguen loteando en el piedemonte sin importarles las consecuencias ambientales, así como de quienes deben hacer cumplir las leyes. La contaminación de la cuenca del Salí-Dulce, así como de otros ríos, la extracción descontrolada de áridos, el desmonte en el cerro y la escasa reforestación son realidades que no pueden pasar inadvertidas, mucho más si se tiene en cuenta que hay una legislación provincial específica sobre la cuestión.

“Estamos viviendo un momento de crisis, lo vemos en el ambiente, pero sobre todo en el hombre. El ser humano está en peligro y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda, no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología”, afirmó el papa Francisco en 2013.

No se debe esperar que los daños sean irreversibles para tomar conciencia e intentar hacer algo. Si ello llegar a suceder, como reza el dicho, de nada servirá llorar sobre la leche derramada.