Hay historias que por su belleza, uno desearía que no terminaran nunca; sin embargo, eso no suele ocurrir porque están inmersas el ciclo de la vida y de la muerte. En contrapartida, hay otras, que por su fealdad o la vergüenza que deberían provocarnos, uno anhelaría que concluyeran lo más antes posible, pero por razones que quizás escapan al sentido común o a la lógica, se mantienen y por su mala crianza, se proyectan hacia el infinito con un final incierto, si lo llegara a tener. Eso ocurre, por ejemplo, con los accesos a San Miguel de Tucumán.

Un cronista de nuestro diario realizó en la noche del domingo un recorrido por un tramo de la autopista de Circunvalación, ubicado entre el Mercofrut y la avenida Jujuy. Las farolas del alumbrado público estaban apagadas. Tuvo que esquivar animales sueltos (perros y caballos), carros y personas que circulan a pie, en moto o bicicleta por la banquina, incluso en contramano. Es decir que quienes ingresan a la capital por el sur se topan con ese deplorable y peligroso panorama.

Según el responsable de Vialidad Nacional, Distrito Tucumán, la conservación del alumbrado público en la autopista es responsabilidad de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia. Señaló que su repartición ejecuta en algunos casos obras de iluminación, pero no se ocupa del mantenimiento. El secretario municipal de Relaciones Institucionales dijo que le plantearon la cuestión a la DAU y al gobernador vía nota. Indicó que hace algunos años, inadaptados robaron los cables y rompieron los focos y nunca más fueron repuestos. “Va a venir muchísima gente por el Congreso Eucarístico y el Bicentenario y esa ruta es muy peligrosa. La gente le reclama a la Municipalidad una solución, pero es el Gobierno provincial el que debe resolver este problema”, dijo.

Pero no solo ese tramo se halla en estado penoso. La Jujuy, desde la avenida Independencia hasta la vía, el sector que sale de la ciudad, está desde hace años muy deteriorado y con las lluvias se inunda y se torna intransitable.

La que se halla prácticamente poblada por baches de distintos tamaños es la avenida Juan B. Justo, desde Sarmiento hasta la autopista. Tal vez el acceso norte tiene un mejor pasar, aunque los pozos, el pavimento levantado y los yuyos lo colocan en una posición poco grata. Los basurales acompañan al viajero desde que desciende del avión en el aeropuerto Benjamín Matienzo. Al pasar el puente Ingeniero Barros, un olor hediondo invade el aire y obliga a cerrar las ventanillas.

En junio de 2014, por orden del entonces gobernador, se creó la Secretaría de Estado de Saneamiento y Mejoramiento de Espacios Públicos, dependiente del Ministerio de Economía, cuyo objetivo era mantener la limpieza de los accesos de la capital, pero poco o nada ha cambiado.

Esta realidad parece estar integrada al paisaje cotidiano de los tucumanos. Hace unos años fue una modelo; en enero pasado fue un corredor del Dakar, los que criticaron a través de Twitter la mugre tucumana en los accesos. “Es verdad, la limpieza en esos lugares es una deuda que debemos resolver. Para solucionarlo trabajaremos con los municipios. Es un desafío para el corto plazo”, dijo Juan Manzur.

A un mes de la realización del Congreso Eucarístico y a 52 días de la celebración del bicentenario de la Independencia, los accesos de San Miguel de Tucumán ofrecen una triste bienvenida al visitante.