El mismo día que Río 2016 encendió su antorcha, una ola rompió la nueva ciclovía Tim Maia y el mar se tragó a dos personas. Sucedió hace tres semanas. Y la misma noche que el Senado suspendía a la presidenta Dilma Rousseff y anunciaba el nuevo gobierno de Michel Temer, se rompió una baranda en el Morumbí, templo del fútbol brasileño, con 61.000 personas en las tribunas. Los hinchas cayeron hasta dentro del campo. Y el Sao Paulo del “Patón” Bauza, que jugaba a las patadas por la Libertadores contra el Mineiro del uruguayo Diego Aguirre (hubo diez tarjetas amarillas y tres rojas), tuvo que parar cinco minutos para atender a los heridos. Se rompía el Brasil de Dilma y se rompe el Brasil de Temer (es apellido, no verbo). El deporte suele ser una buena metáfora.
“Não vai ter golpe!”. Lo dijeron en las últimas fechas varias hinchadas del fútbol de Brasil. Con cánticos y con banderas. Primero fueron las protestas contra la cadena Globo. Los hinchas la responsabilizaban por los partidos que comenzaban a las diez de la noche por culpa de la telenovela. “Jogo 10 da noite, NAO!”, dice una bandera que muestran ya desde 2015 hinchas del Inter de Porto Alegre. “Globo manipuladora”, decían a su vez los Gavioes da Fiel, de Corinthians. El colectivo “Futebol, Midia e Democracia” aumentó sus acciones. Y de la telenovela pasó a la política. “Globo Golpista”, comenzó a decir en varios estadios. La Forza Jovem, de Vasco da Gama cantó en la final del Campeonato Carioca “olé, olé, olá, Dilma, Dilma”. La Globo, me cuentan amigos desde Brasil, comenzó a bajar volumen de transmisiones y a buscar cómo tapar las banderas. Este fin de semana comenzó el Brasileirao 2016, el campeonato principal. Pero el país está en otra cosa. Es interesante ver de qué modo una entidad usa al fútbol para explicar el impeachment (https://notas.org.ar/2016/04/12/impeachment-brasil-explicado-traves-futbol/).
Nuevos amigos
El alemán Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) se declaró “ansioso” de iniciar el vínculo con el sucesor de Rousseff cuando habían pasado apenas unas horas de la suspensión. Temer ni siquiera había asumido con su nuevo gabinete, cuyos integrantes son todos hombres. Todos blancos. Sin más ministerios para la Mujer. Ni de Derechos Humanos. Ni de igualdad racial. Sí Mantuvo Temer el Ministerio de Deportes. Con nuevo ministro. Es el tercero en lo que va del año olímpico. Leonardo Picciani, de 35 años, integra un clan familiar político de Río junto con su padre (Jorge) que fue diputado y con su hermano menor (Rafael) que es nuevo diputado. Se trata de una familia cuyo patrimonio creció un 3.400 % de 2000 a 2011. Sí, leyó bien: 3.400 %. Son cifras oficiales y faltan los cuatro últimos años. Es decir, viendo lo que hemos visto estos últimos tiempos en Brasil, puede haber más. Mucho más.
Picciani, al menos, siempre apoyó los Juegos y los costos de las obras, que ahora están cada vez más bajo protesta porque el nuevo gobierno gasta en estadios, pero impone en cambio fuertes recortes sociales. “La mitad del gasto de los Juegos -aseguró Picciani meses atrás- es inversión privada”. Una de sus empresas (Agrobilara) es socia de otra (Tamoio Mineracao) que fue proveedora de obras de Río 2016. Son pagos indirectos, efectuados por Odebrecht, la constructora estrella de Brasil ahora en crisis por la corrupción. También en las donaciones políticas que recibió, Picciani tiene a varias firmas que participaron de obras olímpicas (Queiroz Galvao, OAS, etc). Los informes de prensa salieron cuando los medios críticos a la presidenta Rousseff investigaban a todos los que apoyaban al gobierno, como sucedía entonces con Picciani. Ahora crítico de Rousseff (votó a favor del impeachment), Picciani tuvo que salir a aclarar que no hay conflicto de intereses.
Razones de peso
¿Por qué lo designaron a él? Su partido, el PMDB, vio caerse el candidato original para las elecciones municipales de Río 2017 (el hombre señalado golpeó a su mujer y perdió puntos). El nuevo candidato, sí, adivinó, se llama Leonardo Picciani. Los Juegos, pues, podrán servir a su campaña. Algunos pensaron que el nuevo ministro de Deportes iba a ser Romario, una cara fuerte, el legislador más votado de Río en las últimas elecciones, duro denunciante de la corrupción en el fútbol. Pero Romario también perdió puntos. Ya el año pasado, después del aluvión de votos que parecía impulsarlo como un “outsider” peligroso para cierto establishment del poder, le apareció, inesperadamente, una cuenta secreta en Suiza. Desmintió primero y luego debió admitir que era suya. Típico carpetazo. Desde entonces, Romario pareció excesivamente alineado con sectores de ese poder que él decía enfrentar. Si hasta le frenaron sus investigaciones sobre los dirigentes más cuestionados del fútbol, como Ricardo Teixeira (expresidente de la CBF y vice de la FIFA) y el sucesor Marco Polo Del Nero. El Marco Polo que no viaja, por temor a ser detenido por el FBI. “Ahora -con el gobierno de Temer- ironizó días atrás el periodista Juca Kfouri-, Del Nero sabe que sí podrá viajar al menos a Brasilia”. A encontrarse con el nuevo presidente, que, a diferencia de Dilma, lo recibirá con los brazos abiertos.
Fue extraño ver a Romario votar en contra de la presidenta que cuestionó a toda esa cúpula mafiosa del fútbol que él denunciaba. Y apoyar a un nuevo gobierno que la protegió. De los 55 senadores que acusaron a Dilma, 34 tienen problemas con la justicia y 11 de ellos ya tienen condena judicial. Lo dicho días atrás: no molestaba la corrupción, molestaba Dilma Rousseff y su Partido de los Trabajadores (PT). “La historia demuestra que las élites brasileñas nunca tuvieron compromiso democrático”, dijo en su discurso el senador Lindbergh Farias. Y recordó una frase del periodista Carlos Lacerda sobre un viejo gobierno de Getulio Vargas: “No puede ser candidato. Si lo es, no puede ser elegido. Si es elegido, no podrá asumir. Si asume, no podrá gobernar”.
De la mano de la Justicia
El nuevo gabinete de Temer tiene también nuevo Ministro de Justicia. Alexandre de Moraes ganó fama de duro como Secretario de Seguridad de San Pablo. Ahora calificó “actos de guerrilla” las protestas sociales en distintas ciudades de Brasil en contra del nuevo gobierno de Temer. El último viernes, estudiantes que tomaban tres escuelas en San Pablo fueron desalojados a palazos y detenidos por la Policía Militar, sin orden judicial. Las protestas crecieron. En Río hay más de 70 escuelas tomadas. Se mezclan reclamos económicos y protestas políticas. Hay cronogramas sobre cómo serán las protestas. El COI, dijimos la semana pasada, prefería que la situación explotara ahora, para llegar más tranquilo a los Juegos. Río 2016 será la vidriera más fuerte que tendrá el gobierno de Temer. Y será también la vidriera más fuerte que tendrán sus opositores. ¿Se llegará a los Juegos en estado de paz? A la crisis política, se sabe, se añade la económica. Komeco, la empresa encargada de climatizar muchas de las principales obras de los Juegos, se presentó en concurso en estos días en la Justicia para evitar la quiebra. Como la ciclovía Tim Maia, como la baranda del Morumbí, lo de Komeco puede ser apenas son apenas una cara de esa crisis económica. Temer anunció recortes sociales porque, según dijo, hay que ordenar el presupuesto. Brasil será el primer país que celebrará Juegos en plena recesión. Los primeros Juegos de la historia en Sudamérica serán un verdadero desafío olímpico.