Carlos Oardi - LG Deportiva

Dice que mientras está en una cancha de fútbol se siente tan cómodo como si estuviera viviendo “el sueño”. Correr detrás de la pelota es su cable a tierra; y hacerle goles a los arqueros rivales, una inyección de adrenalina constante.

Ángel Fernando Quiroz tiene pasta de crack. Fue uno de los goleadores de la categoría 2003 y su único lamento en la temporada pasada fue haber perdido la final con Atlético, vistiendo la camiseta de Argentinos del Norte.

“Fer” tiene un hermano mellizo, Ángel Roberto, un tanto más bajito que él, y el primero en nacer de los dos y con carta de presentación de volante ofensivo.

Por esas cosas del destino, Fernando nació sin la mano y el antebrazo derecho. Es su cruz, su más duro lamento, porque afuera del rectángulo de césped se siente inútil, y hasta a veces observado. Es como si pidiera a gritos conseguir el disfraz del hombre invisible. En este caso, su felicidad, según contó, sería salir a la luz únicamente para los entrenamientos y los partidos de Argentinos del Norte.

“Afuera dependo de otro, en todo sentido. Mi papá es el que me ata los botines, por ejemplo. Mis hermanos me ayudan a cortar la comida, entre otras cosas”, dice el goleador de 13 años, cuyo interlocutor en determinados momentos de la charla con LG Deportiva es Roberto.

Los “benjamines” de los Quiroz integran una familia con seis hermanos en total. Todos intentan hacerle la vida lo más sencilla posible a Fernando. Es más, hasta hicieron gestiones con el Gobierno nacional para conseguirle una prótesis.

“Si no se da eso, voy a seguir defendiéndome en la vida como lo hice hasta ahora”, afirma Fernando, aunque a la legua se le nota el deseo de que la gestión llegue a buen puerto. Casi está de más decir que eso sería un verdadero golazo para él.

Segundos después de tomar el asunto con indiferencia, Fernando deja salir una consideración bien personal. “A veces me pregunto por qué me pasó esto a mí. También se lo pregunto a mis padres y a Dios...”.

Pese a lo que podría suponerse, Fernando se banca la situación bastante bien. “En el colegio hago todo con la mano izquierda, soy zurdo, jaja. Pero para jugar al fútbol soy diestro”, cuenta el autor de un golazo en la llave de semifinales frente al CEF 18. Vale decirlo: Quiroz es letal en el área contraria.

Si de fútbol se trata, Fernando es un libro abierto. “Jugando me siento cómodo, trato de disfrutar al máximo del deporte. Me considero un gran futbolista, marqué 13 goles en el torneo. También considero que formamos un gran equipo de grandes amigos en Argentinos del Norte”, apunta.

Roberto es quizás el 50% de la vida de Fernando. “Es que él siempre está pendiente de mí, es muy atento. Es parte de mí desde el día que nacimos, el 2 de enero de 2003. Claro que Jesica, Priscila, Miguel y Florencia son también muy importantes”, agradece a sus hermanos “Fer”, estudiante de la Escuela Técnica N° 1.

Hay quienes sostienen que son tan parecidos los Quiroz que hasta se compran los mismos botines. “Claro, del mismo color. Uno es rojo con morado y el otro gris con naranja”, cuenta Fernando y les envía un guiño al resto de sus hermanos. Fernando es un “Sagrado” de pura cepa. “Argentinos es mi otra casa. Allí con mis compañeros somos como hermanos dirigidos por una gran persona como Rodrigo Ceballos el año pasado y Ezequiel Juárez ahora. Mi sueño es triunfar en el fútbol, vivir de esto. No me siento uno menos, porque cuando entro a la cancha soy una persona normal, como cualquier otra. Y eso sí que es muy lindo y me estimula.”