¿Será el kirchnerismo la enfermedad infantil del peronismo? Algunos sectores del kirchnerismo esperan que la consigna “vamos a volver” y el espontaneísmo se materialicen electoralmente encabezados por los “puros”, con la oposición dividida y el peronismo atomizado, apantallando sin querer las brasas que encienden los sueños del macrismo para su mejor escenario. El pensamiento está escrito en un post de la peronista página de Facebook “Guerrilla Comunicacional” y la pregunta del comienzo tiene que ver con “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, la obra de Lenin. Toda una definición de los tiempos que viven el kirchnerismo y el peronismo en sus múltiples versiones tras el epílogo del gobierno de Cristina Fernández.
¿Qué tiene que ver esto con lo que sucede en Tucumán? Mucho. Los movimientos de los últimos meses en la provincia se encadenan con esos acomodamientos del peronismo ante un Cambiemos nacional que desconcierta a los seguidores de Perón. Odian todo lo que el macrismo representa, les arrebató el poder y encima deben mendigar fondos y sonreír ante los “chicos sin corbata”.
El dinero -o más bien su ausencia- es lo que impide que se despeje la espesa neblina entre todos los “ismos” que hoy se disputan el mote de oposición en el Partido Justicialista.
Charlas de living
José Alperovich volvió a ser el receptor de funcionarios de primera línea en su moderna casona. El ministro del Interior, Miguel Acevedo, el secretario general de la Gobernación, Pablo Yedlin, y el ministro de Desarrollo Social, Gabriel Yedlin, se sentaron en el espacioso living a dialogar con su ex jefe. Formalmente, dijeron que habían acudido a pedir el consejo de José. En realidad, habrían ido a ponerse a su disposición. ¿Qué tiene que ver este encuentro con el dinero, con el peronismo y con Cambiemos? El ex gobernador habría estado malhumorado por la falta de atención a sus pedidos por parte de los funcionarios de Juan Manzur. Alperovich habría sentido que se habían olvidado que gracias a él estaban en el gobierno. Como todo tiene que ver con todo, les recordó a los olvidadizos que es un peso pesado y dio su voto y el de Beatriz Mirkin a favor de la Ley Antidespidos en el Senado. Esa acción le costó cara a Manzur, que recibió un chirlo de Cambiemos. Lo materializó el ministro Guillermo Dietrich cuando le dijo al gobernador que se hacía el amigo del macrismo y prometía lealdad, pero que sus parlamentarios le pateaban en contra.
En la cadena de hechos, la aparición de Osvaldo Jaldo en el living de José tuvo que ver con eso, al igual que la posterior visita de Manzur y la de esta semana de sus ministros. Por ello, ahora, el ex gobernador posee toda la atención. Jaldo hasta acompañó a su ex líder a Concepción el martes por la tarde en las habituales recorridas que retomó el senador. Necesita sus votos, porque necesita llevarse bien con Macri porque necesita dinero.
En definitiva, Manzur debe sumarle a la anemia política crónica que sufre la carencia de fondos, que a su vez profundiza aquella dolencia cuasicongénita: los macristas lo usan, los peronistas le endilgan falta de trayectoria y los kirchneristas lo desprecian. La muestra de esto último fue el gesto de Axel Kicillof. El ex ministro vino a Tucumán, no se reunió con Manzur, pero sí demoró su acto en Central Córdoba para participar de un homenaje a Eva Perón que organizó la jefa del PJ local, Beatriz Rojkés. Los kirchneristas dicen que una cosa es la cercanía del gobernador con la Nación por las necesidades de gestión y otra que continuamente les muestre la espalda. Incluso algunos dicen que quedó claro que Betty está lejos de cederle la conducción a Manzur.
Demasiado serios
El dinero -o su escasez- fue también el que movilizó la reunión entre Manzur y el intendente Germán Alfaro. En la charla que iba a ser por los desmanes que provoca en las calles la SAT se habló de economía y de finanzas. El gobernador le habría dicho al jefe municipal que la provincia está seca, no por falta de agua, sino de recursos. Habría indagado a Alfaro sobre si él había recibido alguna ayuda de la Nación y le habría dicho que, por el momento, no puede solucionar los problemas generados por la SAT porque no posee fondos. Alfaro le habría dicho algo similar. Que también daña a sus arcas la caída en la coparticipación. No hubo ninguna solución por el agua ni tampoco sonrisas para las fotos. Los alfaristas afirman que la mueca adusta de su conductor fue para mandar un mensaje: ni amigo ni oficialista. Alfaro continúa en la vereda de enfrente de su poderoso vecino y con su reclamo contra la SAT.
Sin dinero, crecen los reproches políticos. No porque no hay cómo contener a los dirigentes ni porque no aparecen nombramientos para los “compañeros” ni porque la falta de obras caldea los ánimos. El enojo de parte del peronismo sube porque entiende que la golosinería de Manzur para con Cambiemos no renunda en ningún beneficio. O en muy pocos como para asumir el costo de hacer crecer -o permanecer- en el poder a la fuerza que le arrebató el trono mayor al justicialismo.
Mientras tanto, lo que queda del kirchnerismo no camporista redefine roles y estrategias. Se apoya en el Instituto Patria de Carlos Zannini y Oscar Parrilli con una consigna diferente a la de los melancólicos jóvenes de La Cámpora: hay que estar dentro del peronismo. Por ahora quedaron fuera, pero conservan la convicción de que deben luchar dentro del movimiento peronista para no quedar en el olvido.
En el medio de ese caldo revuelto e indefinido, Manzur pasea en el limbo. Seduce a Cambiemos, que no le responde, y se aleja del peronismo, al que podría necesitar si el electoral 2017 impone un clima bélico entre la Casa Rosada y sus rivales.
El peronismo mata infantilismos.