El mundo emprendedor es como la selva: quien se interna en ella debe estar dispuesto a sobrevivir, dejando de lado el confort, los miedos y a resistir las inclemencias del tiempo financiero. Tal vez por eso, Tito Loizeau, fundador de la agencia Caramba! y director de Endeavor Argentina, sostenga: “Los emprededores son como Tarzán: necesitan libertar y sentirse seguros” de que, pese al fracaso, pueden seguir adelante una y otra vez. Loizeau será uno de los disertantes de Endeavor 200, la experiencia del Bicentenario, un ciclo de charlas que se realizará, el 21 de este mes, en los predios de la Estación de Trenes Mitre de esta ciudad. Antes habló con LA GACETA en estos términos:

-¿Cómo es que el emprendedor puede sobrevivir en nuestra selva urbana?

-Y lo fundamental es la libertad. Un claro exponente es Tarzán, que -por lo que se describió de su personaje- se sentía libre y sguro en la selva. Cualquiera en ese terreno tendrá la sensación de terror porque no conoce la selva. Trasladado a nuestra experiencia cotidiana, un señor sentado cómodo en el escritorio de su oficina tendrá pánico de explorar nuevos terrenos. Tarzán nació en la selva y se acostumbró a ella hasta convertira en su hábitat natural. Cuando uno emprende, el mundo ideal del emprendedor es estar en el lugar de Tarzán, que está entre la libertad y la seguridad. Los emprendedores buscamos, a través de la libertad, tener la seguridad de lo que hacemos, de nuestra idea o proyecto, aunque nos vaya mal. Es difícil encontrar a un emprendedor que vuelve a un estado de relación de dependencia, porque ya sabe enfrentar a lo desconocido, al temor a fracasar.

-Siempre surge un dilema: ¿se nace o se hace emprendedor?

-Vos tenés dos clases de emprendedores: los que dicen serlo y aquellos a los que no le queda otra alternativa que hacerse emprendedores por necesidad, que no tienen otra opción. En otras palabras, hay algunos que tienen vocación y otros que deben potenciarla para sobrevivir en nuestra selva urbana. Ojo; cualquiera puede ser emprendedor, como también puede jugar al fútbol o al tenis. La cuestión pasa por entrenarse. Además, hay gente que tiene más talento que otras personas que necesitan más esfuerzo para lograr su meta. Y así observamos que hay emprendedores que llevan en su ADN ese espíritu porque vieron que a sus padres les costó trabajo alcanzar sus objetivos. Y luchan más que otros. En la vida emprendedora son muchas más las piedras que las rosas. Para jugar en la vida, talentosos y menos talentosos necesitan entrenarse todos los días.

-¿Cuál debería ser la filosofía a seguir?

-Los emprendedores siempre corren riesgos. Qué es lo que hace que llegues a esa instancia; seguramente la plata no es. Tengo 45 años y cuando arranqué como emprendedor tenía 21; recién salía de la universidad. Todos mis amigos se emplearon en bancos de prestigio con muy buenos sueldos y yo decidí arrancar mi propio proyecto. Sabía que no me iba a ir bien desde el principio. Quiero decir que el dinero no puede ser el móvil que te lleve a emprender; tal vez sea la consecuencia, pero si es el móvil, estás en el horno.

-¿Hay una edad promedio para empezar a emprender?

-Volviendo al ejemplo de Tarzán, cuanto antes emprendas, menos miedo tendrás. Pero tenemos casos de que hubo emprendedores como Ray Kroc que a los 65 años creyó en su proyecto (McDonalds). En suma, no hay edad, pero a los jóvenes se les hace más fácil enfrentar al miedo. A los 18 o 25 años no tenés tanto miedo a arriesgar como sí a los 50 que pensás si jugándotela expones a tu familia.

-¿Cuándo puede experimentarse esa sensación de sentirse el rey de la selva?

-Tampoco hay edad; puede ser en cualquier momento. Los emprendedores se reinventan a cada momento. Tal vez te vaya mal, pero vas a intentarlo nuevamente. Puede sonar a un mensaje evangélico, pero es la realidad. Pero para emprender hay que abandonar la zona de confort que te da un puesto o un sueldo, de pasarla mal un tiempo para pasarla mucho mejor después. Si no le ponés tiempo, energía y cabeza a tu idea, olvidate de emprender. A esa idea hay que validarla antes, si realmente le interesa a un potencial mercado consumidor. El emprendedor exitoso, el rey de la selva, es aquel que no se da cuenta en qué día de la semana vive, que no se atreve a decir “qué suerte, es viernes” o “que macana, es lunes”. Para emprender no solamente se necesita pasión, sino también coraje para hacerlo. El peor escenario no es que no te vaya bien, sino quedarte con la espina de no saber qué hubiera pasado si emprendía. A eso no te lo sacas más.