No es una exageración decir que Mario Alberto Retali, tucumano, analista de sistemas, de 50 años, descubrió Los Andes. La historia viene así. Encasillarlo en una modalidad de carrera a pie es demasiado difícil. “Corrí en calle y aventura”, detalló. “También hice triatlón”, complicó aun más la tarea de ponerle un rótulo. Retali se considera un deportista a secas, pero con un dato que lo diferencia: fue el encargado de armar el primer equipo tucumano, el “Tucumán Team Los Andes”, que compitió en la “Marathon Extreme 506K”, más conocida como Cruce de Los Andes.

“Me enteré de la carrera en un asado. Fernando Berardinelli y Mario Neme lo comentaron”, recordó Retali el episodio que vivió en 2012. Ni Berardinelli ni Neme corrieron alguna vez la prueba, pero siempre están presentes. En los últimos cuatro años la competencia que une Chile, desde La Serena, con Argentina, hasta San Juan, resultó un imán para los tucumanos que en 2016 fueron mayoría: de los 16 equipos inscriptos, seis fueron de la provincia.

“Conocieron algo distinto. Algo que yo ya había probado en carreras de aventura. Empezaron a tomarle el gustito a estar unidos, a preocuparse por el que está corriendo”, expuso una de las razones por las cuales el Cruce de Los Andes captó la atención. “También hay muchos tucumanos porque al hacer punta el team (NdR: el equipo de Retali ganó en 2013 y 2015), los corredores trajeron las vivencias, empezaron a contarle al resto de los corredores y les gustó”, relató el descubridor del Cruce de Los Andes.

Basta un ejemplo para comprender lo que dice. “Corrí la posta 10, de madrugada. La linterna que llevaba en mi cabeza, nunca la prendí. La luna estaba a full, bastaba su luz para poder correr”, describió este deportista que este año participó, convocado a último momento, por el equipo de Ensenada que horas antes de la largada de la posta sufrió la baja.

Retali no tenía pensado correr. Fue como capitán del Tucumán Team Los Andes, pero a una propuesta de ese tipo para un corredor es difícil decirle que no.

Ganan los paisajes

Como él, varios atletas cuando hablan de la carrera se remiten poco a las cuestiones técnicas y estratégicas. Los paisajes y los detalles de la geografía le ganan a cualquier dato logístico. “Hablan de la vivencia porque el maratonista ya sabe lo que es el dolor. Sea en Tucumán, Buenos Aires o en Los Andes. El dolor se puede recrear, pero no el escenario y, en este caso, correr por Los Andes es un impacto”, calificó.

Esa es otra razón por la cual vale el esfuerzo anual que cada integrante hace para estar en una de las 12 postas que se desarrollan a lo largo de dos días. “Hasta una determinada fecha se compite pensando en el Cruce y después se entrena específicamente”, explicó.

“También el entrenamiento es específico para cada posta. Son distintas una de otra y hay que analizar las condiciones para poner al corredor que mejor se desarrolle en ella”, señaló.

Satisfacción

Entre el sufrimiento, el entrenamiento y la organización precisa que hay que tener si se quiere llegar en el primer puesto surge la incógnita de qué es lo que se gana. No hay dinero como recompensa y tampoco indumentaria, ni accesorios. Retali se encargó de explicar lo que significa el triunfo que queda inmortalizado en el trofeo, en algunas ediciones más grande y en otras más chico. De cualquier manera, nada puede representar fielmente lo que siente un equipo ganador del Cruce de Los Andes o que simplemente compite en él. “Muchos piensan que sólo ganamos la copa, pero el Tucumán Team Los Andes gana mucho más cada año que participa: volvemos siendo mejores personas. Nos gusta porque sentimos que podemos ayudar con el deporte. Es un sentimiento que uno busca porque juntamos más amistades, más allá del trofeo. Salimos segundos este año, pero estamos tan contentos como si hubiéramos sido primeros”, explicó con felicidad.