Carlos Castillo - Agencia DPA
El Mercosur, que hoy cumple 25 años de su fundación, está lejos de los grandes objetivos que se planteó en estos años y que tienen que ver con la libre circulación de personas y de bienes por el extenso territorio, de 15 millones de kilómetros cuadrados. En este cuarto de siglo no se pudo implementar un mecanismo concreto para facilitar el libre tránsito de personas, aunque se habló de crear un pasaporte único del bloque y hasta se intentó introducir una matrícula vehicular común para todos los países que lo componen.
La integración social es otra de las materias pendientes, a pesar de los pronunciamientos sobre las intenciones de “garantizar la generación de empleo y el crecimiento económico”. Este asunto fue derivado a la Comisión de Coordinación de Ministros de Asuntos Sociales (Ccmasm).
Los derechos culturales de los 295 millones de habitantes que viven en los países socios están garantizados sobre el papel, pero en la práctica hay problemas hasta para circular con un bien artístico entre un país y otro. En el terreno comercial, motivo principal de la creación del bloque, en 1991, también se presentan fisuras. Aunque crecieron los negocios, persisten las diferencias respecto de las asimetrías económicas.
En cada una de las cumbres presidenciales, que se realizan semestralmente en los países socios por el sistema de rotación alfabética, se repite la necesidad de reactivar el bloque, al que todos consideran vital. Pero los propios presidentes reconocen que la consolidación de la Unión Aduanera requiere avanzar, entre otros aspectos, en la facilitación del comercio intrazona. El Mercosur no tiene un camino definido para avanzar sostenidamente. En lo que parecen coincidir los actuales mandatarios es en la necesidad de ser inteligentes y comprometidos para construir “la mejor ruta”, como sugirió recientemente el presidente argentino, Mauricio Macri.