No se sabe con exactitud cuándo nació, probablemente con el hombre mismo, cuando este sintió la necesidad de soñar en palabras. “Es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”, decía el filósofo y poeta hindú Rabindranath Tagore. “Huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura. Donde no suele cobijarse nunca es en el verbo de los subsecretarios, de los comerciantes o de los lechuguinos de televisión”, dice el cantautor Joaquín Sabina. El 21 de marzo se celebró el Día Mundial de la Poesía.

“Al rendir homenaje a aquellas y aquellos para quienes la palabra libre, fuente de imaginación y de actuación, es el único instrumento, la Unesco reconoce el valor de la poesía como símbolo de la creatividad de la mente humana. Al dar forma y palabras a lo que todavía no tiene ni una cosa ni la otra (la belleza inexplicable que nos rodea, los enormes sufrimientos y la miseria del mundo), la poesía contribuye a la expansión de nuestra humanidad común, y ayuda a hacerla más fuerte, más solidaria y más consciente de ella misma”, escribió Irina Bokova, directora general de ese organismo internacional. La fecha propone reflexionar sobre el poder del lenguaje poético y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona. El principal objetivo de esta acción es apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.

Como señalamos en alguna ocasión, la poesía nunca se destacó por ser un género masivo en lo que a lectores se refiere, sin embargo, qué adolescente no ha escrito alguna vez un poema para contar su amor o su desdicha por un sentimiento no correspondido. Es una paradoja que casi no sucede con las otras expresiones literarias: se la lee poco, pero se la escribe.

Nuestra tierra ha sido fértil en poetas. En los últimos años, se viene desarrollando un entusiasta movimiento de vates, cuya actividad se refleja en recitales, en publicaciones de libros, en tertulias como el Café Literario de la Secretaría de Extensión Universitaria, que tiene lugar los sábados desde hace varios años, o en espacios como El Mayo de las Letras, organizado por el Ente de Cultura. La Facultad de Filosofía y Letras viene saldando una histórica deuda de los organismos del Estado con los escritores tucumanos. Acaba de editar el cancionero del taficeño Osvaldo Costello y una novela de Bernardo Vides, y está en carpeta la publicación de la obra de Manuel Aldonate y Lucho Díaz, entre otros.

Décadas atrás, la escuela primaria solía estimular en los chicos la magia de las palabras y en ello los maestros tenían un papel decisivo. Si ellos no leen poesía o nunca han escrito un poema, difícilmente puedan o se les ocurra enseñarla. Como sostiene la coplera purmamarqueña Barbarita Cruz, si desde niños nos educaran la sensibilidad artística, podríamos construir en un mundo diferente.

La poesía no sólo se halla en los libros, sino también en el vuelo de las nubes, en la sonrisa de un anciano, en el aleteo de un picaflor. Tal vez habría menos guerras, explotación, injusticia; tendríamos una sociedad menos materialista, una clase dirigente menos angurrienta, más humana. “Si los líderes leyeran poesía, serían más sabios”, afirmaba el mexicano Octavio Paz.