ACTÚA HOY

• A las 22.30, en Casa Managua (San Juan 1.015).

Rosario es ciudad de cantautores. Las canciones se respiran en sus calles y transitan grandes teatros, pequeñas salas y espacios abiertos en la voz de sus propios compositores, que muchas veces dejan de lado el río como paisaje y salen a buscar nuevos colores y sabores musicales.

Pedro René es uno de los viajeros. Está de gira por el Noroeste, y esta noche se detiene en Tucumán para compartir un recital íntimo junto a dos colegas locales, Álvaro Olmos y Martín García. Cada uno ofrece un estilo propio y, al mismo tiempo, complementario del otro, como se lo podrá comprobar en Casa Managua. El título del encuentro está tomado del quinto disco del rosarino, “Cardumen”, que ya está circulando desde hace dos años.

Reñé comenzó a formarse con miembros de la famosa “Trova Rosarina”, sin dejar de lado su profesión de psicólogo, hasta que se volcó de lleno a la música. Entonces se lanzó al mundo, con experiencias memorables en Cuba, cuando Silvio Rodríguez lo invitó a su estudio; Estados Unidos y España, aparte de sus actuaciones en el país. Y junto con esos viajes hacia afuera, emprendió otro hacia adentro de sí mismo, según confiesa.

El artista elogia a sus anfitriones en Tucumán. “Con Álvaro y con Martín nos identifica la complicidad, el sabio delito de querer abrir el corazón, de ponerle verso y música a los momentos de la vida. Nos separan los kilómetros, claro: yo vivo en Rosario y ellos en Tucumán, pero esta distancia sólo nos aleja geográficamente y siempre es una fiesta reencontrarnos”, afirma en diálogo con LA GACETA.

- ¿Cómo está yendo esta gira por la región?

- El NOA es, para mí, un manantial de canciones, amigos, cultura, poesía, historia… Mis recitales son sólo una excusa para escuchar y aprender en estos lugares donde habita la magia.

- ¿Hay diferentes públicos según el lugar?

- Sí, sin duda que hay diferentes públicos según los lugares; quizás uno no es el mismo, uno puede estar colorido como los cerros de Jujuy, o metafórico como el río que baña a Rosario.

- ¿Qué caracteriza tus canciones?

- Mis canciones tienen un paisaje en su interior, relatan un espacio y un tiempo, un movimiento que las vuelve bellas y reconocibles. A mí me gusta escuchar a esos autores que pueden relatar un tiempo más allá de los breves minutos de una canción: The Beatles cuentan las inquietudes de la década del 60, y la inmigración tiene su orilla de tantos lenguajes en el tango “Volver”. Con mis canciones, aspiro a hacer cosas lindas, poéticas y que tengan un corazón latiendo en su interior. La distancia y el tiempo dirán si algo las caracteriza.

- ¿De dónde nacen tus letras?

- Las letras nacen de ese soplo que es una palabra, cuando ella impacta en el cuerpo, cuando ese soplo cantado puede erizar el contorno de la vida cotidiana, cuando una frase nos hace ver al día desde otro lugar. Ahí en el viento, como decía Atahualpa Yupanqui, puede haber una canción. Las letras entonces salen de escuchar el viento.

- ¿El cantautor, necesariamente, habla de lo cotidiano que lo rodea?

- No sabía que el oficio de cantautor llevaba implícito un viaje hacia afuera, porque uno va a otro sitio, y también un viaje que es hacia el interior. Habita una ciudad dentro de uno, donde cada cual tiene sus calles iluminadas y sus calles oscuras, y es a la vez el intendente y el cartonero que recicla los momentos olvidados. Uno canta historias o cuenta canciones, pero también escucha, comparte y se funde en un abrazo en las esquinas de una emoción. Circular entre las millones de imágenes y de canciones, construyendo una identidad, es un desafío enorme. Buscamos algo intimista desde la canción, para responder nuestras preguntas.