Ensayo
LA MUERTE DEL PRÓJIMO
LUIGI ZOJA
(Fondo de Cultura Económica - Buenos Aires)
Luigi Zoja es un hombre de nuestro tiempo y su libro así lo demuestra; ya en sus primeras palabras, cual mensaje de texto muy bien escrito, contundente, claro y sin lugar para dobles interpretaciones, nos pone en el centro del problema: “Durante milenios, un doble mandamiento rigió la moral judeo-cristiana: ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo.
A fines del siglo XIX, Nietzsche anunció: Dios ha muerto. Terminado el siglo XX, ¿acaso no ha llegado el momento de decir lo que todos vemos? También ha muerto el prójimo.”
Al final de la Introducción, de sólo tres páginas, nos cuestiona duramente: “Los tiempos que siguen a la ‘muerte de Dios’ se han llamado alguna vez posteológicos o posreligiosos. Para el tiempo presente, todavía no se ha encontrado un nombre. Una posibilidad desagradable sería ‘posthumanos’”.
Así, el autor deja de lado cualquier visión idílica y nos invita a ver una realidad en la que, tras “la muerte de Dios”, la muerte del prójimo representa la desaparición de la segunda relación esencial para el hombre. El hombre cae en una soledad esencial. Es un huérfano sin precedentes en la historia (pág. 23).
Se impone una aclaración, Luigi Zoja no es clérigo. Es psicoanalista, escritor, se graduó también en Economía, estudió y fue docente en el Jung Institut de Zúrich y fue presidente de las asociaciones italiana e internacional de psicología analítica, que agrupan a los psicoanalistas junguianos.
Luigi Zoja no es “políticamente correcto”: en su libro, breve, claro, ameno e inquietante, cuestiona con notable profundidad y honestidad intelectual los paradigmas dominantes de nuestro tiempo, un tiempo de de alienación (“de la que ya no se habla porque está en todas partes”), un mundo en el que se ha puesto distancia del otro, dónde “no sólo el hombre, sino también el contexto humano, se encuentra cada vez menos próximo”. Un mundo mediatizado por pantallas en el que “la víctima ya no tiene la profundidad de la existencia: es un conjunto de pixeles”.
Ícaros ingenuos
Sostiene el autor que “nos hemos alejado de los continentes universales”, sufrimos una “inflación de la distancia”, “la palabra se ha alejado de quienes hablan”, “el concepto de persona se ha vuelto demasiado abstracto”. Todo ello desemboca en un mundo en el que “no interesa el hombre como es, sino el hombre que querríamos ser. Lo falso: subespecie de lo inalcanzable, lo contrario del prójimo” (pág. 72).
Interesa sobremanera el análisis de los movimientos contestatarios de los años 60 y 70, como precursores de una globalización cultural (”el espíritu revolucionario hizo su aporte a la caída en desgracia del prójimo”). Recurre el autor a nuestro Alberdi para recordar que “los pueblos, como los hombres, no tienen alas, hacen sus jornadas a pie y paso a paso” concluyendo que ello significa que “quien quiere hacerlos volar asume para sí la responsabilidad de verlos destrozados como inmensos Ícaros ingenuos y furiosos”.
Advierte Zoja que “la dimensión moral ha quedado sustituida por la social- darwiniana”, heredera de la moral fascista cuya fuente de justificación es la condición de ser “representantes de pueblos o grupos supuestamente triunfadores en un enfrentamiento entre fuerzas, no un enfrentamiento ético”. Todo Occidente se va identificando con estos valores, dice Zoja, ahora aplicados al enfrentamiento entre individuos.
Rebeldías
Considero de enorme interés, por tratarse de fenómenos íntimamente relacionados con nuestra historia reciente y con nuestra cultura política, el análisis sobre los revolucionarios del siglo XX, así como la relación entre el rebelde utópico del siglo XX y el rebelde antiutópico o a-utópico del siglo XXI (quien “se rebela contra la realidad”) y el fenómeno de la “Provocación” como exceso expresivo, excedente destructivo y patología narcisista que termina distorsionando y banalizando los reclamos de los movimientos sociales.
Con un final abierto porque, quizás, el futuro no está escrito, termina un libro que constituye un valioso aporte para el análisis del mundo que nos toca vivir. Zoja concluye con interrogantes sobre la posibilidad de revertir el proceso. Es un tema para la reflexión, la meditación y la discusión. Me permito tener esperanza: que se haya proclamado su muerte es algo que afecta a los hombres, no a Dios. Estos tiempos “poshumanos” no son sólo desagradables por su nombre. Como enseña el Salmo 66, “Dios abate los muros entre los hombres”.
© LA GACETA
Fernando D'Hiriart