No fue un robo al azar. O al menos eso es lo que piensa Sara Quesada, quien ayer a la mañana tuvo que dialogar y negociar durante una hora y media con cuatro ladrones que, armados con pistolas, la amenazaban con matar a sus hijos si nos les daba el dinero que buscaban.

El robo comenzó a las 10.30. A esa hora Quesada volvió a su casa, en Bascary al 300, en Yerba Buena, a bordo de su Renault Megane gris. Estacionó en la acera. Entró a su casa y caminó hasta el fondo. Se paró al costado de la pileta y mientras pensaba, según dijo, en qué producto iba a comprar para limpiar el agua un ladrón la atacó por la espalda. “Pensé que era uno de mis hijos porque somos de hacernos bromas pesadas. Pero después de taparme la boca me agarraron del pelo y me apuntaron con una pistola en la cabeza. Después el ladrón me obligó a entrar a la casa”, relató la víctima.

El panorama que encontró en el living llevó a Quesada a tomar una decisión. “Había tres ladrones apuntándole a mis hijos. La empleada y la profesora de mi hija estaban tiradas en el suelo. Les dije que se llevaran todo”, continuó la mujer. Pero ése iba a ser sólo el inicio de 90 minutos de amenazas y miedo.

Supuesta intimidación

Los ladrones robaron $ 15.000 y una camioneta Renault Kangoo (dominio HKP 096). Pero el tiempo que pasaron dentro de la casa, el horario en el que cometieron el robo y la charla que tuvieron con la víctima plantea, al parecer, una situación distinta a un robo. “Me dieron vuelta la casa. Sacaron todo lo que había en los cajones. Apilaron los LCD en la cocina y dos computadoras. Tenían todo listo y hasta se querían llevar mi auto. Pero al final sólo se llevaron la plata, un televisor, un anillo de oro y la camioneta de mi sobrino que anoche (por el jueves) se había quedado a dormir acá. El padre de uno de mis hijos es un empresario que secuestraron hace dos años y los ladrones todo el tiempo me decían que querían ajustar cuentas con él”, aseveró Quesada.

El empresario al que se refirió la víctima es César Soria quien es dueño de una empresa de seguridad privada y que, en enero de 2014, sufrió un secuestro extorsivo.

Quesada y Soria, según explicó la mujer, tuvieron una relación afectiva y tienen un hijo en común. “Sabían como nos movíamos en la casa y sabían quienes estábamos adentro. Por eso pienso que nos tenían vigilados”, sostuvo Quesada. La hipótesis de la víctima fue sopesada por los investigadores de esta causa, que está siendo instruida por la fiscala Marta Mariana Rivadeneira, quienes coincidieron con la víctima en algunas de sus especulaciones. “Entraron de día. Se robaron una camioneta que no era de la víctima y hay otros indicios que nos hacen sospechar que se podría tratar de un mensaje para esta familia”, señaló una de las fuentes vinculadas con la causa. Sin embargo, no aportaron más precisiones acerca del robo.

Atrapados en el living

Tanto los dos hijos como el sobrino de Quesada son menores de edad. Cuando los ladrones irrumpieron al domicilio la hija de la víctima estaba tomando clases con una maestra particular por las materias que debe rendir en marzo, en la secundaria a la que asiste. Su hijo estaba durmiendo en el primer piso y su sobrino había llegado casi al mismo tiempo que ella en la camioneta Kangoo que se llevaron los ladrones.

La empleada doméstica, según dijo la mujer, sufre una afección cardíaca y se descompuso durante el robo. “Tuve que hacerla que se acueste en el sofá porque estaba por desmayarse y a la maestra de mi hija le robaron la llave del auto. No sé como pude estar tranquila pero ya tengo decidido irme de esta casa porque siento miedo de que esta gente vuelva”, concluyó Quesada.

Minutos antes del mediodía los ladrones huyeron porque, se pusieron nerviosos cuando -circunstancialmente- un vecino estacionó su camioneta frente a la casa. La Policía confirmó que los delincuentes circulaban en Peugueot 308 y que todavía no hay rastros de ellos.