En el corazón de Nueva York se enclava el Central Park, ocupa 340 hectáreas (3,4 km2). Tiene varios lagos y estanques de apariencia natural y un reservorio de 43 hectáreas con una pista de atletismo que lo rodea, caminos extensivos, plazuelas y dos pistas de patinaje de hielo. En 1959, el director y productor teatral Joseph Papp pidió que se construyera un anfiteatro. En 1962, Papp inauguró el Teatro Delacorte, con capacidad para 2.000 personas, donde se realizan desde entonces los festivales veraniegos de “Shakespeare en el parque”. La Filarmónica de Nueva York brinda un concierto al aire libre cada verano en el Great Lawn (un óvalo de césped que alberga ocho canchas de béisbol) y la Ópera del Metropolitan pone en escena dos óperas. También se montan recitales de otros géneros musicales.
En 1856, la Alcaldía de Nueva York pagó U$S 5,5 millones por una extensión de tierra poblada de granjas y campamentos de colonos, y que era utilizada mayoritariamente como basurero. El parque recibe en la actualidad 25 millones de visitantes.
Hace 118 años, Alberto León de Soldati presentó un proyecto a la Legislatura para la creación del parque 9 de Julio. Se expropiaron 400 hectáreas, cuya mayor parte estaba cubierta por pantanos. Fue el arquitecto francés Charles Thays quien se ocupó de su diseño. Por iniciativa de Juan B. Terán, se adquirieron en Europa más de 60 réplicas de esculturas famosas como la Venus de Milo. En 1962 se proyectó la construcción de un anfiteatro, pero la obra se fue postergando y modificando en el tiempo hasta que, finalmente, en septiembre de 1976 se inauguró el Palacio de los Deportes, que fue empleado durante algún tiempo para espectáculos musicales. Es actualmente un elefante blanco, al igual que el autódromo. La emblemática confitería, inaugurada en 1961, cuyo techo paraboloide hiperbólico, le daba un toque de distinción y originalidad, fue demolida en 2008. Desde hace años, el lago San Miguel es víctima de vaciamientos y de basura. Con el transcurso del tiempo, la superficie del principal pulmón verde de la ciudad se fue amputando bruscamente.
En marzo de 2006, la Provincia le compró al Ejército las 37 hectáreas de Campo Norte $ 5,5 millones -curiosamente la misma cantidad, pero distinta moneda, que el Central Park- y se anunció que las iba a transferir al municipio, pero no ocurrió y ello es motivo de conflicto entre las partes. Funcionarios del Poder Ejecutivo dijeron el jueves que hay varios proyectos sobre su empleo: una parte se destinaría a la erección de un geriátrico, otras podrían otorgarse a las federaciones de Hockey y de Voley. Las propuestas serían anunciadas en el marco del Bicentenario. Si finalmente Campo Norte se destinara a ser pulmón verde, se podría convocar a los artistas plásticos para que lo embellecieran con sus obras. Se podría construir un anfiteatro o que diseñar un Parque Botánico del Bicentenario con especies arbóreas autóctonas tucumanas, como propuso la Junta de Estudios Históricos de Tucumán.
Pocas veces la cultura es motivo de interés de nuestros dirigentes. A los neoyorquinos no se les habría ocurrido, por ejemplo, quitarle terreno a su pulmón verde para construir un geriátrico o para emprendimientos inmobiliarios -según afirmó un edil-.
Los hombres del pasado tenían conciencia de la importancia de los espacios verdes como lugares ideales para el esparcimiento, donde se podía permanecer alejado de los ruidos urbanos y gozar del contacto con la naturaleza. Tal vez si los tucumanos hubiéramos conservado ese espíritu, Tucumán sería un verdadero Jardín de la República.