Tucumán arrastra desde hace años un problema de identidad. ¿Qué es Tucumán? ¿Turismo apoyado en paisajes envidiables? ¿Azúcar? ¿Etanol? ¿Citrus y sus múltiples variables industriales? ¿Universidad inigualable como lo fue a mediados del siglo pasado? ¿Cultura, como en aquellos años de gloria, también del otro siglo? ¿Música? ¿Teatro? La lista podría hacerse extensa. A lo largo y ancho de nuestro mundo algún tucumano anda destacándose. Hay otras provincias -y países- que se conforman con ser una sola cosa y convierten ese don o esa capacidad en un escudo que les permite afrontar cualquier batalla. Con esa única virtud les basta para crecer y evolucionar. Tucumán es un privilegiado, pero con tantos talentos le cuesta saber qué es y qué quiere ser.

Tucumán es mucho y nada a la vez. La nada es un producto que con mano de orfebre se modela día a día, minuto a minuto. Los ejemplos sobran: podrían llenar esta columna y varias más. Es imposible imaginarse a un grupo de azucareros acordando un precio para el azúcar. También es difícil imaginar un ídolo provincial sin que pase por la máquina de despedazar. Ni la mágica voz de Mercedes Sosa se salvó de eso. En política es más difícil aún. La desesperación por decir lo “políticamente correcto” hace que lo que piensan o sienten por lo general nunca se conoce.

Con ese panorama es difícil que la sociedad -desconfiada, si las hay- pueda ponerse de acuerdo para hallar una identidad que le permita poner primera a Tucumán. Los viejos -seres pacientes porque saben de vivir- afirman que el tiempo cura todas las heridas. La historia ha hecho que desde hace 72 horas los tucumanos se vean obligados a vivir -y a ser protagonistas principales- del Bicentenario de la Independencia. Hace 200 años, en estas mismas tierras se terminaron de romper las cadenas que ataban a nuestra libertad. No hay diferencias entre 2015 y 2016 o 2017, pero nos hemos acostumbrados a festejar los años redondos. Es una oportunidad que tal vez no se debiera perder.

Fue emocionante leer en LA GACETA de ayer cómo los jóvenes abanderados miran este acontecimiento como un hecho trascendente. Hubo chicos que, incluso cuando pensaron qué regalo hacerle a Tucumán, respondieron: “mi compromiso”, como lo señaló Martina Chavanne. O como Paula Artaza, que no dudó en ofrendarle sus ganas de participar en todo proyecto que genere crecimiento para la provincia. Josefina Cotella decidió regalarle gente que cuide a Tucumán; y Melina Osuna le daría sus proyectos, sus talentos y sus ganas de trabajar por esta tierra. Son jóvenes con la ilusión en sus mochilas, que se animan a gritar lo que los adultos ya no se animan a decir por vergüenza, por temor, porque ya tiraron la toalla, porque “el qué dirán” o, simplemente, porque ya no sienten el viento contra la cara.

El aniversario 200 de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata abre estas puertas. Dos horas antes de que llegue el primer día del año, un grupo de vecinos puso el pie para que no se cierren. Uno de ellos, el elegido para hablar en la Casa Histórica, desafió la lógica. Los locos, los grandes hombres, los estadistas, los imprudentes, los que hacen lío, los que arriesgan, los que transgreden sanamente, son los que ayudan a construir, a pensar, a romper paradigmas.

Esa noche, el vecino elegido era Juan Carlos Hourcade. Él sugirió que tal vez habría que modificar algunas estrofas del Himno Nacional. Hace una treintena de años, al loco de Charly García se le ocurrió darle otro ritmo al himno. Después del zamarreo de las críticas, muchas generaciones se relamieron con la versión de Charly.

En la última noche del año previo al del Bicentenario, Hourcade advirtió que el Himno Nacional respondía a las necesidades del tiempo en el que transcurrieron aquellas ideas emancipatorias. Y se arriesgó a que tal vez deberíamos romper ese paradigma para decir: O juremos con honestidad vivir, O juremos con honor vivir, O juremos con laboriosidad vivir, O juremos con solidaridad vivir, “porque de eso se trata: de vivir como buenos ciudadanos, como buenos vecinos, como buenos hermanos aunque no lo seamos por la sangre. Y, al vivir así, moriremos con gloria”.

Encuentro inesperado
La semana que ya nunca más volverá no sólo cargó en sus espaldas el fin de año y el comienzo del año del Bicentenario. También fue testigo de un hecho que podría tener la trascendencia que suelen tener las cosas simples; sin embargo, se trata de un cambio de suma importancia porque más de una jornada mantuvo en vilo a la ciudadanía con hechos de violencia y con denuncias que terminaron en la Justicia.

En estos días que pasaron se convirtió en empleados de planta permanente de la Caja Popular aquella treintena de trabajadores que habían sido despedidos -y luego reincorporados- y que fue el punto culminante de la pelea entre la Asociación Bancaria y el gobierno de José Alperovich. Se sentaron a hablar el titular del Asociación Bancaria, Carlos Cisneros, y el gobernador, Juan Manzur, y quedó atrás un conflicto de tres años de antigüedad.

El encuentro no implica ninguna relación especial, aunque si abre un espacio de respeto; e inevitablemente deja algunas ineludibles lecturas políticas. Alperovich había convertido este conflicto en una verdadera causa de Estado. Un grave error porque subordinó acciones a este enfrentamiento. Por lo tanto, el diálogo entre Manzur y Cisneros profundiza diferencias entre el gobernador y su antecesor.

Así como puede verse en el rincón de los perdedores a Alperovich, también podría incluirse a Armando Cortalezzi, escudero del ex mandatario y principal espadachín en esta batalla cuyo armisticio ya se rubricó. Entre los ganadores se anotan los que frente a frente consiguieron pacíficamente suscribir el acuerdo.

Seis audaces
Los nubarrones veraniegos van y vienen, pero amenazan quedarse en la Universidad Nacional de Tucumán. Históricamente, el Rectorado ha concentrado el mayor poder y no era simple enfrentarlo. En los últimos días fueron seis decanatos los que salieron a la palestra y encontraron en la Nación un aliado, el secretario de Política Universitaria Albor Cantard. Un sexteto de mujeres audaces (Adela Seguí, decana de Derecho; Olga Paterlini, decana de Arquitectura; Rosa Castaldo, decana de Psicología; Liliana Zeman, decana de Odontología; Beatriz Silva, decana de Educación Física; y Liliana Pacheco, vicedecana de Ciencias Económicas) repitieron sus críticas contra la gestión de Alicia Bardón. Señalaron sus reclamos sobre el manejo del presupuesto, de la intervención de La Campora y de la utilización de los fondos que deja la minería en las arcas universitarias. Sobre el final, el funcionario que fue rector de la Universidad del Litoral era Nicky para las decanas.

Cantard no se olvida de la treintena de firmas que tenía el documento de las universidades que apoyaban enfáticamente al ex candidato presidencial del Frente para la Victoria, Daniel Scioli. Nicky dijo por entonces que se atentaba contra la autonomía universitaria. Bardón no sólo había firmado sino que hasta llegó a filmar aquel tan criticado video en apoyo del ex gobernador bonaerense.

Cuando la rectora se enteró del encuentro con el funcionario nacional buscó transmitir una fortaleza de la que no todos están convencidos: “estas decanas son las que responden a Colletti” (su rival en la batalla por el Rectorado). Además aclaró desafiante: “nunca perdí una votación en el Consejo Superior”.

Bardón comienza un año difícil con una división clara no sólo con los decanatos sino también con su vicerrector, José García.

Ausencias y disidencias
Los Tribunales provinciales tampoco son el centro de la concordia ciudadana. Allí se resuelven conflictos, pero también se cocinan desaguisados.

Cuando 2015 empezaba a dar sus últimos estertores quedaron solos en el Palacio dos fuertes -aunque desgastadas y magulladas- espadas tribunalicias. René Goane, en la Corte y Edmundo Jiménez en su Ministerio Fiscal. La ausencia del presidente y de otros vocales envalentonó a Jiménez, quien intentó apresurar la notificación de la causa que hizo ventilar el camarista Enrique Pedicone, donde deja durísimas críticas al funcionamiento del Ministerio Fiscal que conduce Jiménez. No son tiempos de paz los que se viven en Tribunales; y menos en la Corte, donde hay tantas ausencias y disidencias como acordadas.

El hogar de los padres

Mientras los conflictos diarios y los enfrentamientos se iban convirtiendo en historia, el año del Bicentenario abría las puertas a la oportunidad. La abanderada María Inés Valle sonríe con facilidad, aún cuando reflexiona sobre lo que llamaríamos cosas serias. “Hay mucho egoísmo en el hecho de no cuidar las cosas que son de todos”, advierte. Y coincide en cierto modo, y sin saberlo, con aquel vecino de la Casa Histórica.

“En este comienzo del Bicentenario, el compromiso que deberíamos asumir para honrar a los que juraron la Independencia y lo hicieron al precio de sus honras, sus bienes y sus vidas, es reconstruir una y ora vez la Patria, el hogar de nuestros padres como indica la etimología. Ojalá nos pongamos todos en esa tarea”, auguró Hourcade.