El año político impactó en la conciencia sobre el narcotráfico. La oposición habló de un avance que urge revertir. La Iglesia alimentó ese discurso. “El combate está desbordado”, pontificó el arzobispo tucumano Alfredo Zecca. “El Estado retrocedió ante el narcotráfico”, confirmó Ricardo Sanjuán, vocal de la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán.

Este año signado por las denuncias sobre la penetración de la droga encontró correlato en el informe relativo a la fragilidad de la frontera norte que confeccionó la Auditoría General de la Nación. A la presentación de ese documento concurrió Raúl Juan Reynoso, juez federal de Orán. En noviembre, el magistrado fue allanado por un par que sospecha que el juez lidera una red de protección para narcotraficantes. En caída libre, Reynoso fue suspendido e imputado, y enfrentará un juicio político que puede acabar en destitución.

Tucumán no está al margen de una realidad que evidencia el aumento constante de hechos vinculados con las drogas. Enfrentamientos entre clanes que se disputan el territorio, cabecillas ocultos en countries de Yerba Buena, madres desesperadas ante la presencia aterrorizadora de los dealers. Las crónicas policiales se llenaron de episodios de esta especie.

“El consumo de drogas crece y no estamos en camino de resolverlo”, se lamentó el obispo de Concepción, José María Rossi. Fiscales federales y provinciales confirmaron que Tucumán es una provincia de recepción de la droga destinada al comercio al por mayor. Este año una sola investigación por tráfico de drogas y lavado de dinero generó 30 allanamientos en la capital, Lules y Yerba Buena. Mientras tanto, en las calles de los barrios más humildes el paco y, solo para algunos, la “alita de mosca” (cocaína refinada), atrapan a los más jóvenes.

Luego de asumir, el gobernador Juan Manzur dijo que estaban realizando “un combate frontal y sin cuartel”. Literalmente sin cuartel porque otra de sus promesas fue la de instalar un escuadrón de Gendarmería Nacional para que 150 gendarmes luchen contra el narcotráfico. Y sin estructura judicial porque ni los Tribunales locales ni los federales parecen en condiciones de perseguir el narcomenudeo.

“Esta plaga crece al amparo del poder”, resumió la Conferencia Episcopal Argentina. Ahí está, para corroborarlo, la fuga inexplicable de los condenados por el triple crimen de General Rodríguez. Con este escape a lo “Chapo” Guzmán, líder del Cartel de Sinaloa, escapa también la posibilidad de esclarecer las ramificaciones políticas del negocio de la efedrina.

Sólo con una política de Estado en la que confluyan los distintos estamentos y que trascienda los gobiernos será posible encarar con probabilidades de éxito la desigual contienda con esta maquinaria feroz, que degrada al individuo, anula su voluntad y lo convierte en un despojo. De lo contrario, seguiremos disparando con armas de juguete a los portaaviones que nos avasallan con su poderío enquistado ya en los pliegues infinitos del Estado y que hace de la corrupción el complemento necesario para su nefasto comercio de vidas humanas.

CÓMO LO VIVÍ

CARLOS BRITO - FISCAL FEDERAL N°1

Sólo con una política de Estado en la que confluyan los distintos estamentos y que trascienda los gobiernos será posible encarar con probabilidades de éxito la desigual contienda con esta maquinaria feroz, que degrada al individuo, anula su voluntad y lo convierte en un despojo. De lo contrario, seguiremos disparando con armas de juguete a los portaaviones que nos avasallan con su poderío enquistado ya en los pliegues infinitos del Estado y que hace de la corrupción el complemento necesario para su nefasto comercio de vidas humanas.