En la Casa de Gobierno lo saben y se están preparando. Ajustan tuercas y analizan posibilidades. Concretan reuniones y repasan planes. Borradores se hacen y deshacen sobre los escritorios. Sucede que los exámenes más difíciles que rendirá la novel gestión encabezada por el gobernador Juan Manzur llegarán casi en simultáneo. Los pronósticos climatológicos prevén un enero de lluvias impiadosas y, por lo tanto, de posibles inundaciones. Los pronósticos políticos, en tanto, un inicio de año de complejas paritarias.

Primer examen

Los feroces desmontes y el rápido cambio climático le van sacando varios cuerpos al avance de las obras públicas para prevenir inundaciones. El nuevo Gobierno no terminó de desarmar las valijas y ya deberá afrontar, según las proyecciones, un verano difícil. El climatólogo Juan Minetti, director del Laboratorio Climatológico Sudamericano, ya adelantó que las zonas más propensas a inundarse podrían sufrir consecuencias peores que durante el verano pasado y señaló entre los períodos críticos de tormentas el inicio y el final del primer mes de 2016.

El Ejecutivo cuenta con informes sobre el asunto desde un primer momento y, de acuerdo con altas fuentes gubernamentales, se ha trabajado contrarreloj para estar listos para responder y asistir con rapidez si es que las previsiones se cumplen. Se han puesto en marcha, en este contexto, algunas obras en ríos y canales para mitigar los efectos, pero reconocen en el Ejecutivo que no están seguros de que den abasto. Si hay temporales descomunales, afirman, nada podría evitar inundaciones. Una lamentable obviedad.

Los grandes -y costosos- trabajos de infraestructura que se requerirían para ello no han encontrado en la Nación ni en organismos internacionales el financiamiento necesario durante los últimos gobiernos.

Los planes prelluvia de la gestión anterior -del que muchos de los funcionarios actuales formaron parte- no habían incluido las suficientes obras de magnitud.

El primero en asumirlo tras las inundaciones de marzo y abril que terminaron con el desborde de un dique, puentes dañados y dos pueblos evacuados había sido el entonces secretario de Obras Públicas, Oscar Mirkin. Si bien valoró que los trabajos concretados evitaron una catástrofe mayor, reconoció que no se habían llevado adelante todas las obras necesarias porque, básicamente, se habían priorizado otras. “Es un problema de posibilidades, de hacer las cosas en el momento que hay que hacerlas y de ir priorizando las más importantes. Algunas no se hicieron, no por el desconocimiento de que había que hacerlas, sino porque significaba incurrir en ingentes sumas y que había que priorizar. Tal vez, (se hicieron) otras por necesidades más puntuales, en algunas situaciones en las que se resolvieron problemas de la gente. Lo que no desconocemos es que sí, lógicamente, hay que hacer otras grandes obras que están planteadas y proyectadas; aprobadas y con gestión de financiamiento. Las van a disfrutar en otra gestión”, había dicho Mirkin en un pasillo de la Casa de Gobierno durante los momentos más críticos del temporal.

El año electoral y los fondos que escasearon durante los últimos meses del anterior Gobierno nacional generaron que los trabajos quedaran en suspenso y la preocupación, a flor de piel. Aún hay familias tucumanas que pasan sus días en casillas de emergencia tras haber perdido todo en las últimas y no tan últimas inundaciones grandes.

Manzur y el director del Plan Belgrano, el radical José Cano, prometieron ocuparse. Será para la próxima. Pero hay que tomar nota del compromiso y revisar si se cumplió más adelante.

En paralelo, la situación generó rispideces políticas. Dirigentes de la capital rebotaron otra vez frente a la puerta de la Gobernación. Intentaron gestionar recursos o asistencia para habitantes de barrios anegados en sus territorios. La mayoría, de familias pobrísimas. Cansados y con fastidio, los políticos decidieron dejar de mediar y los punteros y vecinos llegan desde entonces, de a pequeños grupos, por sus propios medios hasta la Casa de Gobierno para manifestarse o pedir ayuda.

Segundo examen

El otro frente de Manzur será el gremial. El sorpresivo anuncio del bono navideño puso en alerta a varios dirigentes sindicales. Les llamó la atención que fuera vehementemente negado con el argumento de la falta de dinero en un principio y anunciado luego entre gallos y medianoche.

Los miembros de los diferentes frentes estatales, tanto los afines al Ejecutivo y opositores, plantearon que la discusión debe comenzar cuanto antes y que no deberían tratarse aumentos salariales inferiores al 35%. Dirigentes sostienen que este año pondrán sobre la mesa una vez más la necesidad de que las paritarias se renueven semestralmente. En el Ejecutivo no rechazan aún esta posibilidad, al menos hasta que el panorama nacional esté un poco más claro, de acuerdo afirman.

En los ámbitos gremiales están convencidos de que las paritarias de la salud, uno de los sectores estatales más populosos, serán las más duras. Incluso, los representantes gremiales que tuvieron mejor relación con la gestión anterior desconfían de cómo se desarrollarán con las nuevas autoridades del área. Sucede que algunos movimientos de personal y otras medidas los alertaron sobre el cambio de estilo. Destacan que, pese a que durante los primeros años las discusiones con el ex ministro Pablo Yedlin- hoy secretario General de la Gobernación- habían sido ríspidas, luego se habían mejorado sustancialmente las formas y, por ende, los resultados de las negociaciones. No están seguros, sostienen, de que la actual conducción de la cartera sea una continuidad de la anterior.

El resultado de las pruebas y cómo el Gobierno capee ambos temporales será clave para definir dos aspectos clave del rumbo político de la gestión: sus capacidades de reacción y de negociación.