Los sueños de Joaquín Correa ya no entran en su cabeza. Tomaron tanta dimensión que ni siquiera cobran un tamaño menor cuando se cumplen. El joven tucumano aprovechó el receso de la liga italiana, donde juega en Sampdoria, para pasar las fiestas con su familia, en Alberdi, y para seguir confesando deseos, ya que no se terminaron cuando llegó a Europa.

- ¿Cuánto vale estar en casa?

- Estoy muy feliz de haber estado con mi familia y mis amigos especialmente para pasar la Navidad. Me sirvió para cargar pilas.

- ¿Cumpliste un sueño al llegar a Europa?

- Gracias a Dios tuve esa chance porque es el sueño de cualquier chico tucumano. Siempre que nos cruzamos con (Maximiliano) Pereyra hablamos de los feliz que somos. También me puso contento lo de (Matías) Kranevitter que se incorpora a Atlético Madrid.

- ¿Qué te genera aparecer en la lista de preselección olímpica?

- Apunto a estar ahí, en Río de Janeiro. Es un sueño para mi así que espero estar como sea.

- ¿Cómo fue tu vida en Italia?

- Estoy cumpliendo mi primer año y pasé por momentos buenos y malos, como la lesión del segundo semestre, pero ya estoy recuperado. Estoy contento de poder jugar a este nivel. Personalmente me costó adaptarme al principio por el idioma y las costumbres diferentes pero pude superar eso y todo se me hizo más fácil.

- ¿Cómo la superaste?

- Con amigos podés pasarla de otra manera. Me hice amigo de (Sergio) “Chiquito” Romero, Gonzalo Bergessio, el paraguayo Edgar Barreto, el colombiano Luis Muriel, Carlos Carbonero. Todo esto nos hace pasar mucho mejor la nostalgia y hacer más llevadero al tema.

- ¿Qué extrañás de acá cuando estás allá?

- Muchas cosas. Desde la comida porque no nos dejan comer mucha carne hasta, por supuesto, la familia y los amigos. Trato que ellos siempre me visiten para sentirme acompañado.