Al cumplir la mayoría de edad en Cuba, José Ángel Sánchez se inscribió en la escuela de medicina por las razones usuales: ayudar a los enfermos a ganarse una vida mejor que la de la mayoría, en su desamparado pueblo oriental. Sin embargo, él también tenía otro motivo. “También era una forma de salir de Cuba”, dijo Sánchez, de 29 años, quien se mudó a Estados Unidos en septiembre, cuatro años después de que se graduó de médico general.

La ruta de escape de Sánchez la estableció el gobierno estadounidense de conformidad con un programa de 2006 por el cual se ofrece la residencia en Estados Unidos a trabajadores cubanos de medicina a los que enviaron al extranjero. Es una puerta que han atravesado miles de cubanos que trabajan en la salud para emigrar, algo que el presidente Raúl Castro está determinado a cerrar.

Un año después de que Cuba y Estados Unidos anunciaron la distensión en sus relaciones, políticas como ésta, que vienen de una era más hostil, muestran que la diplomacia no será tan fácil como izar banderas en las embajadas después de cinco décadas de tensiones. La cantidad de profesionales cubanos de la medicina que desertaron para conseguir la residencia en Estados Unidos alcanzó un récord este año, lo cual encrespó las recién restauradas relaciones entre los dos países y obligó a Cuba a buscar detener el éxodo.

El Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos tiene una vía rápida para autorizar la residencia de los médicos cubanos que desertan, pero se han retrasado debido a la enorme cantidad de solicitudes, acusaciones de fraude y rezagos que dejaron atoradas en Colombia a cientos de personas como Sánchez durante meses, este año.

En abril, a los 18 meses de su asignación por dos años en su destino médico en Venezuela, Sánchez viajó a Bogotá, Colombia. Ahí, presentó la solicitud para el Programa para Profesionales Médicos Cubanos en la embajada estadounidense. Sin embargo, el trámite, que normalmente se lleva de cuatro a seis semanas, se alargó a cinco meses.

“Siempre planeé irme; de alguna forma”, comentó Sánchez, ahora asistente médico en Peterson, Nueva Jersey.

Cuba criticó al programa cuando ambos países se reunían para hablar de la normativa estadounidense sobre inmigración por la cual se da a los cubanos oportunidades especiales para entrar en Estados Unidos y ser residentes.

Con tantos cubanos preocupados de que el ansiado estatus se disuelva ahora que se han establecido relaciones diplomáticas con La Habana, ha habido una oleada de personas de todas las profesiones que han salido de la isla en el último año. Ello ha creado una crisis migratoria, sostiene el gobierno de Castro, en la que han quedado varados miles de emigrantes cubanos en Centroamérica, en su intento por llegar por tierra a Estados Unidos.

El problema es un potente recordatorio -dicen analistas- de las pertinaces diferencias que siguen dividiendo a los dos gobiernos a pesar de la distensión. Robert Muse, un abogado que vive en Washington y se especializa en legislaciones estadounidenses y cubanas, dijo que el programa de médicos es “un puro explosivo que quedó del gobierno de George Bush” y que Barack Obama debería eliminar. “Ningún país va a recibir bien las deserciones organizadas de sus connacionales”, dijo Muse. Estados Unidos, notó, “no estaba actuando con el espíritu de las relaciones normalizadas”.

El sistema de salud de Cuba es una fuente de gran prestigio internacional para el gobierno, el cual proporciona instrucción gratuita a miles de cubanos y a estudiantes extranjeros pobres. El Estado ofrece atención médica universal, aunque esté lejos de ser perfecta, y ha obtenido elogios -hasta del gobierno de Obama- por enviar brigadas médicas a ayudar en ultramar.

La diplomacia médica es también una fuente indispensable de ingresos: Cuba renta los servicios de decenas de miles de médicos, enfermeras y dentistas a otros países en desarrollo a cambio de miles de millones de dólares en petróleo y efectivo, dicen los doctores. Tales recompensas, no obstante, se ganan sobre la espalda de los profesionales médicos que trabajan por poco dinero en condiciones difíciles, dicen ellos.

El doctor Lino Alberto Neira, un cirujano ortopedista que ejerció en Cuba durante 23 años antes de irse a Miami en 2013, dijo que su salario mensual de U$S 25 en Cuba apenas le alcanzaba para cuatro días. La iba pasando con propinas de pacientes que trabajaban en el turismo, contó.

“Alguien que limpia pisos en un hotel te está manteniendo”, agregó Neira, quien habló desde Miami. “Eso es muy humillante”.

El año pasado, los salarios de los doctores aumentaron a más del doble en Cuba, a unos U$S 70 mensuales. Sin embargo, de cara a salarios tan reducidos en el país, muchos de ellos aceptan puestos en ultramar para ganar dinero extra. No obstante, ganan solo una fracción de lo que el país anfitrión le paga a Cuba por su trabajo.

La doctora Mara Martínez, una dentista que es la prometida de Sánchez, sostiene que es una firme partidaria de la revolución cubana, pero se desilusionó cuando llegó a Venezuela y averiguó que tenía que trabajar seis días a la semana y dormir con otras dos personas en la misma habitación por un salario de U$S 210 mensuales. Venezuela, le dijeron sus supervisores, estaba pagando U$S 7,000 por sus servicios cada mes. “Es esclavitud moderna”, advierte Martínez, de 25 años, quien salió de Venezuela con Sánchez.

Muchos de los médicos en Venezuela están estacionados en alojamientos atiborrados, sin aire acondicionado, abrumados por la inflación en aumento y la economía en deterioro. “Era peor que en Cuba”, contó la doctora Dailanis Bárbara Martínez Peralta, una médica general, quien tras salir de Venezuela esperó siete meses en Colombia para llegar a Estados Unidos.

Se ha aprobado la residencia para 7,000 cubanos desde el inicio del programa hace ya casi una década, de acuerdo con los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos.

Según las estadísticas del Departamento de Seguridad Interna, se aceptó que 1,663 profesionales cubanos de la medicina asignados a ultramar ingresaran a Estados Unidos en el año fiscal de 2015, un incremento de 32 % respecto del año anterior. La cantidad de doctores que se admitieron en el programa ha sido de más del triple desde el 2011, cuando se aprobó a 386 personas.

Funcionarios cubanos han atacado repetidas veces al Programa para Profesionales Médicos por considerarlo “una práctica reprobable”, orientada a “robarse” el talento cubano. Un funcionario del Departamento de Estado, dijo que Estados Unidos “no recluta profesionales médicos cubanos”, sino que, simplemente, les da una ruta voluntaria para obtener la residencia. En la primavera, las aprobaciones estadounidenses de médicos que buscan asilo por medio de Colombia disminuyeron considerablemente en lo que los analistas tomaron como un gesto de buena voluntad, ya que Estados Unidos se preparaba para abrir una embajada en La Habana. El Departamento de Estado negó cualquier conexión entre los retrasos y el acercamiento en las relaciones, y afirma que no hay “planes inmediatos” para eliminar el Programa de Profesionales.

El Departamento de Seguridad Interna sugirió que los retrasos eran resultado del incremento en la cantidad de solicitantes. Martínez cree que, salvo por una docena, al final, le otorgaron la residencia a un grupo de más o menos 250 trabajadores de la medicina que estaban varados junto con Sánchez y con ella. Un funcionario estadounidense planteó que se había demorado el programa porque algunos solicitantes habían presentado credenciales fraudulentas, lo cual provocó que el gobierno revisara con rigor los documentos.

El gobierno cubano asegira que planteó el tema del programa durante las conversaciones sobre la migración con funcionarios estadounidenses a finales del mes pasado, pero funcionarios no respondieron los correos electrónicos ni las llamadas en los que se solicitaban más comentarios al respecto.

El día después de las conversaciones, Cuba anunció que, a partir del 7 de diciembre, los médicos especialistas tendrían que obtener permiso para viajar al extranjero con lo cual se volvió a una restricción que se levantó hace dos años y muchos profesionales de la medicina en la isla se enojaron profundamente por ello. La medida se produjo apenas tres meses después de que el gobierno cubano emitiera un llamado a los doctores que habían desertado para que regresaran al país, prometiéndoles la oportunidad de asistir a conferencias y reanudar su carrera.

Jorge Duany, el director del Instituto Cubano de Investigación en la Universidad Internacional de Florida, dice que la decisión de restringir los viajes es “parte de una partida de ajedrez”, cuyo propósito es ejercer presión sobre Estados Unidos para terminar el Programa y revisar otras regulaciones que ofrecen la residencia a casi cualquier cubano que llegue a la frontera con Estados Unidos.

Según la ONU, Cuba tiene una de las tasas más altas de médicos per cápita en el mundo. Sin embargo, con tantos a los que ha mandado al extranjero, los trabajadores de la medicina son menos y tienen menor experiencia que antes de que comenzaran los grandes desplazamientos a ultramar a principios de los 2000, se quejan trabajadores sanitarios.