El nuevo escenario político por el acceso al gobierno de Mauricio Macri fue la excusa elegida por la Iglesia para hacer una exhortación fuerte a reconstruir el diálogo, tras años de división en bandos que advirtió como irreconciliables, y a desterrar la corrupción y promover el desarrollo de todos los argentinos.

Los mensajes de Navidad de los obispos fueron coincidentes y se sustentaron en la bula con la que el papa Francisco convocó al Año Jubilar de la Misericordia, que comenzó el 8 de diciembre. También se fundamentaron en documentos episcopales, entre ellos uno de 2009 en el que reclamaban la plena vigencia de la división de los poderes republicanos, un justo y necesario federalismo y la promoción de un acuerdo sobre políticas públicas de desarrollo integral.

En su mensaje navideño, la Conferencia Episcopal Argentina, que preside monseñor José María Arancedo, hizo un llamado a la reconciliación, a sanar los vínculos lastimados y aseguró que la celebración de la Navidad compromete y desafía a la fraternidad y a practicar la misericordia. Arancedo también exhortó a reconstruir el diálogo y a trabajar juntos por el crecimiento del país, en un marco necesario de amistad social.

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, aseguró que la Argentina necesita un cambio, como propuso el frente que llevó a Macri a la presidencia, pero advirtió que para hacerlo es preciso “acabar con la mentira y con la patología ideológica, que ocultan una corrupción generalizada en las estructuras del Estado, y superar la discordia, la oposición sistemática y la promoción del odio”.

En provincias donde hay preocupación por la explotación minera a cielo abierto, el ensanchamiento de la brecha social y el clientelismo político, los obispos afirmaron que celebrar la Navidad es luchar contra la corrupción y cuidar el medio ambiente. Y también optar por una distribución equitativa de los bienes “para que todos vivan en la dignidad de hijos de Dios, superando el asistencialismo por la promoción integral de cada persona, en especial de los más pobres”.

El obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones, instó a trabajar en comunidad, al advertir sobre la existencia de estructuras de poder que deberían ofrecer soluciones “pero se refugian en su propia estructura caduca”.

El arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Zecca, sostuvo que la misericordia a la que invita el Papa excede los confines de la Iglesia y debe manifestarse en el ámbito de la sociedad transformando la convivencia. “La misericordia debe abrirnos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor de modo que eliminemos la cerrazón y el desprecio, y alejemos cualquier forma de violencia y discriminación”, reflexionó.

El obispo de Chascomús y secretario general del Episcopado, monseñor Carlos Malfa, aseveró que la realidad de tantos niños que nacen en una gran pobreza o que mueren por desnutrición es un llamado a comprometernos en el desarrollo de los más débiles. Por su parte, el presidente de Cáritas Argentina, monseñor Oscar Ojea, advirtió: “no podemos crecer si no crecemos juntos”.