Hay nuevos estudios de académicos europeos que afirman que Jesús nació unos cinco años antes de lo que siempre se planteó, y que lo hizo entre los meses de marzo y mayo, todo a partir de una relectura de algunos párrafos de los Evangelios y datos históricos.

Esas referencias poco importan a la hora de sentir la Navidad como un momento de cercanía y encuentro entre el hombre y Dios. No hay límites de espacio ni de tiempo, y de allí surgen las apropiaciones culturales, como la realizada por Daniel Kily Lobo en su “Pesebre zafrero” con marionetas: el hijo del Creador no llegó al mundo en Belén, sino en un rincón del campo tucumano.

“Es la recreación de todos los acontecimientos de la clásica historia del pesebre, pero transportados y ambientados en otro lugar muy distinto, como si todo aquello hubiera sucedido en nuestra provincia. Esto le da una significancia particular, teniendo en cuenta algunos cambios en el modo de la narrativa donde no varía la idea principal pero sí se encuentran recursos culturales como la tonada, los regionalismos o las costumbres, con fragmentos de la obra ‘Jesucristo Año 2000’, de Luis Pato Gentilini y José Augusto Moreno”, explica Lobo.

La puesta es producida por los grupos “La feliz comitiva” y “Los tucus”, y junto al autor actúan Olga Isabel Sánchez, Eduardo Enrique Guevara, Héctor Rodolfo Lobo y Darío Diblasi, acompañados por los músicos Héctor Topo Bejarano, Alejandro López Araujo y Nancy Pedro.

- ¿Qué te inspiró para hacer esta obra?

- Fueron dos aspectos interesantes y esenciales, que tienen que ver con algo que trasciende lo meramente fantástico, místico y mítico: primero, poner en un contexto distinto una misma historia con una fuerte carga y un contenido político, social y religioso; y segundo, fusionar todo un acontecimiento con una historia distinta, con otra cultura y otras costumbres, llevada además a un contexto más reconocible por los tucumanos. Lo misterioso también se hace presente y ahí es donde nace la inquietud de cómo podría haber sido si el nacimiento hubiera sido en Tucumán. En esta adaptación para el teatro de muñecos no podía faltar una cuota de humor reflejada en nuestras características tan particulares, nuestros simbolismos y modismos.

- ¿Hay una carga política en tu puesta?

- Aunque abordado desde el mundo de los muñecos, no podía estar ausente el reclamo político, reflejado en cuestiones tales como el exilio o la persecución en cualquiera de sus modos y por la cuestión que sea. Busco que interprete que todo puede ser mucho más cercano y actual que lo histórico, y que José y María, por ejemplo, fueron gente común y sencilla, trabajadores, cosecheros, peladores de caña, el vecino o personas de nuestra familia oprimidos por el yugo del poderoso. Quiero que al localizar y al poner en contexto un contenido tan profundamente sacro, el público no lo perciba como chocante, sino que lo acepte, se enternezca y lo tome como propio.

- ¿Cuánto tiempo insumió este proyecto?

- El trabajo de realización fue un proceso que llevo al menos cinco meses. Cada muñeco para cada personaje fue creado con un rol en particular, y es el actor titiritero el que tiene que poner su impronta en la caracterización. Son 10 marionetas de más de un metro de altura en escena, más algunos personajes secundarios, con la particularidad de poseer mecanismos manipulados de movimientos de los ojos y de la boca.