YOKOHAMA, Japón.- Parece una paradoja, pero para vencer a un equipo sudamericano, nada mejor que estrellas sudamericanas. Tal fue la receta de Barcelona, que con su triunfo ante River no sólo obtuvo el Mundial de Clubes, sino que expuso las abismales diferencias que separan a los clubes europeos del resto. Por eso, la frase que cada tanto se repite sería: “el fútbol es un deporte de 11 contra 11, en el que pugnan por una pelota y en el cual siempre, pero siempre gana Barcelona”.

El conjunto “azulgrana” se impuso sin atenuantes por 3-0. El “millonario” pudo hacer muy poco ante un rival varios escalones por encima de su nivel, y en general de todos los equipos del mundo. Y fue precisamente la actuación de los jugadores sudamericanos del “culé” la que encaminó la victoria del equipo catalán.

Lionel Messi abrió el camino del éxito, el uruguayo Luis Suárez marcó los otros dos goles, el brasileño Neymar dio una buena asistencia, el arquero chileno Claudio Bravo se lució con buenas tapadas y Javier Mascherano se mostró sólido en la zaga.

Una máquina

Suárez, Messi y Neymar conforman la que es, sin duda, la mejor delantera del mundo. En lo que va de la temporada, el tridente lleva marcados 134 de los 176 goles que anotó Barcelona.

El torneo, de todas formas, no hizo más que remarcar las asimetrías cualitativas y económicas que existen hoy en día entre el fútbol europeo y el del resto del mundo, en especial con respecto al sudamericano, cuyos equipos, antaño competitivos, parecen estar cada vez más lejos de ser un desafío de cuidado para los grandes del viejo continente.

El conjunto de Luis Enrique, que marcha líder en la liga española, jugó una final casi perfecta, demostrando no sólo que no fue a Japón de excursión, sino que es en los partidos decisivos cuando potencia su rendimiento, cuando sube la vara de su fútbol hacia niveles desconocidos.

Impresionante respaldo

En relación a River, su actuación en el Mundial de Clubes será recordada por el apoyo de los 18.000 simpatizantes que, desafiando la distancia y la posibilidad remota de poner en jaque al “Barça”, llegaron hasta Japón para apoyar a su equipo y alentaron todo el tiempo. Pero en lo meramente futbolístico, el conjunto de Núñez redondeó una actuación discreta. Todo indica que en River se inicia una nueva etapa, con algunos jugadores que se marchan, como Matías Kranevitter y Carlos Sánchez, y la incertidumbre por ver si Marcelo Gallardo continúa como entrenador.

Por debajo de su nivel

La “banda” no pudo desplegar su juego y sus piezas estuvieron muy por debajo de su nivel, además de ser neutralizado por la tenencia y el control de pelota del rival.

El torneo subrayó una tendencia inapelable, la que indica que el llamado tercer mundo futbolístico (Asia y África) se encuentra cada vez más cerca del que podría considerarse como el segundo (América), una realidad que no sólo quedó en evidencia con el apretado triunfo de River sobre el Sanfrecce de Japón, sino sobre todo con la derrota del América de México ante el Guangzhou de China por los cuartos de final.

Con todo, esta nueva edición del Mundial de clubes será evocada por la eficiencia de la organización, las impecables sedes de Yokohama y Osaka y el fuego sagrado que le aporta “el factor sudamericano” al campeón Barcelona, un equipo que no sólo ganó todo, sino que ya integra el Olimpo del fútbol.

Barcelona demostró que su nivel está muy por encima del resto, esfumó el sueño de River y conquistó su tercer Mundial de Clubes, cerrando un 2015 perfecto y quedando en la cúspide del fútbol. (Especial, DPA y DyN)