BUENOS AIRES.- El cambio llegó al Congreso de la Nación. Los empleados y periodistas acreditados del Parlamento observan que ya en la primera actividad del nuevo Gobierno se modificaron los simbolismos políticos y partidarios.

"Los pasillos solían estar colmados de militantes, al igual que los palcos y hasta las escaleras de estos pisos", explica un empleado legislativo que pide no identificarse, pero que cuenta que lleva 30 años trabajando en el edificio. El hombre se refiere a los militantes, principalmente de La Cámpora, que supieron copar las instalaciones en sesiones en las que se debatían leyes polémicas o "bandera" del kirchnersimo. También se adueñaban de los espacios cuando la ahora ex presidenta, Cristina Fernández, hablaba ante los parlamentarios nacionales. Pancartas, papel picado, gritos, silbidos, "chicanas" y cánticos contra los opositores le daban color a los discursos presidenciales kirchneristas en el Congreso. Nada de eso sucedió esta mañana.

La asunción de Mauricio Macri se dio en el marco de una ceremonia austera y sencilla. Algunos, hasta la calificaron de aburrida. Sólo se escucharon aplausos en las pausas durante los apenas 28 minutos que duró la alocución el nuevo jefe de Estado. No hubo puesta en escena ni movilización dentro del edificio. Apenas algunas remeras amarillas en los palcos y el grito de "sí se puede" cuando Macri terminó de hablar. Mientras algunos de los presentes festejaban lo "aburrido" del discurso (por lo corto y sobrio) otros comenzaron a comparar las palabras que durante horas podía llegar a pronunciar Cristina Fernández sin ayuda de ningún escrito con las dificultades que mostró Macri para hablar en público (incluso leyendo).

Los opositores, que hasta ayer eran oficialistas, oyeron en silencio el discurso presidencial, mientras que los ahora oficialistas, hasta ayer opositores, aplaudieron hasta el hartazgo a su líder político.

Un Macri ajustado al protocolo cerró un acto rápido, que culminó apenas terminó de hablar. Segundo después ya iba camino a la Casa Rosada. La asamblea legislativa cerró entre ese cambio que descolocó a los parlamentarios más viejos y un tufillo de ruptura en el bloque del Frente para la Victoria de Diputados: varias decenas no respetaron el mandato partidario y aplaudieron a Macri en el recinto. Todo, interpretan en el Palacio de las Leyes, es parte del cambio.