MIGUEL ANGEL ROUCO
DYN
BUENOS AIRES.- Las cuentas públicas de octubre reflejan la magnitud del déficit fiscal que dejará la presidenta Cristina Fernández al cabo de ocho años al frente de la Casa Rosada.
El modelo económico diseñado por Néstor Kirchner y basado en una expansión del gasto público como motor de la economía, traspasó las posibilidades del país y comprometió seriamente la viabilidad de la Nación, a menos que la futura administración encare un programa de austeridad fiscal y un ajuste de las variables económicas de gran magnitud y de manera integral.
Los cálculos más optimistas en el sector privado estiman que el rojo que deja el kirchnerismo llega hasta el 8% del Producto Bruto Interno (PBI), una cifra muy similar a la que dejaron los gobiernos de los últimos 40 años a sus sucesores.
Claro que la situación macroeconómica y las posibilidades del país variaron notablemente desde aquellos años y eso depende en gran medida de la productividad de la economía y de su estructura.
A poco que se revisa el perfil de las exportaciones argentinas se puede colegir que 4/5 de ellas son productos primarios o con escaso valor agregado.
Esto significa que aun cuando el mundo ha evolucionado y se ha tecnificado en términos exponenciales, la Argentina continúa exportando lo mismo que en la época de la colonia: Materias Primas.
De urgencias y desafíos
Lo cierto es que Mauricio Macri, a partir del próximo jueves, cuando se haga cargo de la conducción institucional de la Argentina, deberá afrontar una situación llena de urgencias y de desafíos que superan todo lo que imaginaban sus más experimentados colaboradores.
Todo lo que quiera hacer Macri, si es que intenta cumplir con las promesas de campaña, tendrá un impacto en el desequilibrio fiscal.
Si baja retenciones, habrá más déficit; si no actualiza tarifas y mantiene los subsidios, habrá más déficit y en estas condiciones, el levantamiento del cepo se torna cada vez más difícil de concretar. Y la situación fiscal se agrava, a partir del decreto con el cual la Presidenta Fernández reintegra el 15% de los recursos coparticipables a las provincias porque deja sin fondos a la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).
Los problemas van en aumento debido a que el actual gobierno no deja de desprenderse de las divisas que tiene el Banco Central (BCRA). En tres días, la autoridad monetaria nacional perdió 520 millones de dólares en sus intervenciones en el mercado.
La escasez de reservas internacionales obligará al futuro gobierno a extremar las medidas de austeridad y a acelerar la llegada de fondos frescos, si los consigue, en un ambiente turbulento.
Baches peligrosos
Pero hay una cuestión de tiempos que deja un bache muy peligroso entre el momento en que se tomen esas decisiones de bajar retenciones, mantener algunos subsidios -como los del transporte, tal como lo anunció el designado ministro del área Guillermo Dietrich-, la liquidación de exportaciones y la llegada de fondos frescos.
Ese margen puede disparar la paridad cambiaria y provocar zozobra en los agentes económicos y en la población, a menos que el futuro gobierno cuente con un respaldo extraordinario.
En este contexto, de alta volatilidad cambiaria y aumentos de precios, es difícil que la Argentina pueda atraer capitales privados, en medio de una tormenta financiera.
De allí que crece fuertemente la probabilidad de una rápida asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional (FMI), tal como lo hizo Néstor Kirchner en septiembre de 2003, con una situación mucho peor, ya que la Argentina tenía, en aquel momento, atrasos por más de 20.000 millones de dólares con el organismo.
Hoy, la situación es bien distinta ya que el país no tiene acuerdos, ni deuda con el FMI y eso le permite reducir los tiempos de acceso y ampliar los montos de los créditos.
Por ahora, las negociaciones se manejan en estricta reserva y públicamente, las futuras autoridades y los funcionarios del FMI lo niegan. Pero el desembolso tendría luz verde para antes de fin de año con el sólo compromiso de realizar, en ese lapso, la auditoría del Artículo IVº.
Luego, para formalizar el acuerdo, en el marco de una línea Stand-by, la Argentina debería comprometerse a alcanzar objetivos de reducción de déficit más ambiciosos, en los próximos tres años. Pero esa es otra historia...