Se cierra el año fiscal y se abren las expectativas de cambios en uno de los impuestos más controvertidos de los últimos tiempos: Ganancias. Los trabajadores esperan que el nuevo gobierno cumpla la promesa de campaña de reformular la carga de ese tributo, para que no se coma gran parte del salario, como sucede hasta ahora. Las centrales obreras han insistido, en los últimos días, ante el flamante presidente Mauricio Macri que el salario no es ganancia y que, por lo tanto, no debería estar gravado, particularmente para los salarios más bajos de la escala. Macri anticipó que habrá cambios y que el mínimo no imponible puede incrementarse por encima de los $ 30.000 mensuales, de tal modo que los que cobran menos de ese monto (casados con dos hijos) estén exentos. Pero eso sucedería a partir del año que viene si se aprueban las reformas al marco legal. En el camino, distintos sectores vienen solicitando que la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) no retenga el impuesto en el medio aguinaldo, como viene sucediendo en los últimos años. Sería una suerte de paliativo de fin de año.

Según el tributarista Luis Alberto Comba, es imprescindible que Ganancias retorne a la senda de la racionalidad. Y que se recaude lo que sea justo dentro del cumplimiento de esta pauta que es de sentido común.

En este caso las distintas medidas que deberían esperarse, a su criterio, son las siguientes:

• Ajustar el mínimo no imponible, cargas de familia y deducción especial, para no gravar a quien no tenga capacidad contributiva. Debajo de estos niveles de ingresos no existen contribuyentes potenciales que deban ser gravados. Y esa cifra debe ser adecuadamente definida.

• Ajustar los tramos de las escalas, a los fines de que la imposición sea efectivamente progresiva y tributen más quienes tienen mayores ingresos, y no como en la actualidad, donde el “achatamiento” de las escalas hace que la mayoría tribute a la escala máxima, lo que elimina la igualdad de sacrificios.

• Que se ajusten los valores referenciales en la ley que se mantienen desde hace décadas, por ejemplo la posibilidad de amortizar automóviles afectados a la actividad (que hoy sólo se permite en $ 4.000 anuales), o los gastos vinculados a estos vehículos (monto de $ 7.200 anuales hoy permitidos).

• Que se permita actualizar el costo de los bienes de uso a los efectos de practicar amortizaciones sobre valores cercanos a la realidad.

• Mientras exista inflación que se permita practicar ajustes que eviten que se tribute sobre ganancias ficticias.

• Actualizar los mínimos sujetos a retención del impuesto a las ganancias, a los fines de que no sean sujetos obligados a actuar como tales, todas las empresas del país (como lo es hoy donde los mínimos son irrisorios).

• Los jueces y legisladores son ciudadanos y como tales deben tributar impuesto a las Ganancias por la remuneración que perciben, indica el experto. Y debe recordarse que lo que estos últimos reciben por “gastos sociales” son una remuneración alcanzada por el impuesto, completa.

Comba sostiene que no debe pensarse en que las medidas “tendrán” costo fiscal, porque la actual recaudación es una vulneración a principios constitucionales y constituye un verdadero saqueo legal que debe terminar.

Derechos

Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) el contribuyente, además de la obligación de cumplimentar con el sistema tributario vigente, tiene una serie de derechos que están siendo vulnerados en la situación actual de Ganancias

• Visibilidad: el contribuyente tiene derecho a conocer cuál es la alícuota impositiva que lo afecta y si la misma es modificada, algo que en la actualidad es muy dificultoso porque las alícuotas legalmente establecidas se transforman, como consecuencia de la falta de adecuación de los parámetros, en tasas efectivas crecientes sin que medie la modificación legal correspondiente.

• Previsibilidad: es el derecho que el contribuyente tiene a saber con anterioridad al momento de tomar decisiones cual va a ser el costo impositivo a afrontar. Actualmente este es incierto porque ante un incremento nominal de salarios brutos, el aumento efectivo del salario de bolsillo dependerá de la decisión del Poder Ejecutivo respecto a mínimos y tramos de escala.

• Equidad: la carga tributaria debe ser equitativa en relación a la capacidad contributiva.

• Progresividad: Forma parte de la esencia del impuesto a las ganancias su carácter progresivo, lo que en este caso se traduce en alícuotas legales crecientes para niveles de ingresos más altos.

La carga tributaria

lo que se lleva el fisco en el año

La carga tributaria formal integral durante el 2015 se ubicaría entre el 47,3% y el 61,6% del ingreso total (incluyendo contribuciones patronales) de una familia, dependiendo de los tramos de ingresos de las familias, de acuerdo con un reporte elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). En otras palabras, un argentino debe trabajar casi medio año para cubrir sus obligaciones fiscales. En el caso límite de quienes hoy no pagan impuesto a las ganancias, la carga tributaria total asciende a un 47,4% de los ingresos totales, incluidas contribuciones patronales.
 
Autónomos
inequidades y desigualdades

Según el tributarista Ricardo Nassif, debe efectuarse una reforma integral de los impuestos, con el fin de eliminar las desigualdades y las inequidades existentes en el actual esquema. Por caso, el experto mencionó la situación de los autónomos. “El mínimo no imponible y la deducción que tienen los trabajadores independientes tampoco fue actualizada en la misma medida que fue subiendo en otras franjas contributivas”, dijo. Y acotó: “hay una discriminación injustificada sobre los profesionales  sobre los trabajadores independientes”.
 
Informes
simplificación de trámites

La reforma integral del sistema impositivo debe venir acompañada por una verdadera simplificación de trámites fiscales, sin que ello implique disminuir los controles fiscales, dice Luis Comba. Por lo contrario, aclara, debe concentrarse en los verdaderos bolsones de evasión, haciendo más eficiente el uso de la tecnología y no, como se ha convertido hoy, en un fin en sí mismo, donde el Estado -o mejor dicho sus funcionarios- requieren información sin un análisis del “país real” y poniendo a todos los contribuyentes en la misma bolsa, sin analizar tamaño ni ubicación geográfica.