“Encantador”. Así dicen que es Juan Luis Manzur. Posee un don especial para seducir a empresarios y a políticos. Esa cualidad le permite alejarse de la sombra que cubrió su arribo al poder. En el mes y días que lleva en el sillón de Lucas Córdoba no son pocos los hombres de negocios que quedaron obnubilados con los modos y la atención que les prestó el gobernador. Los trata como pares -él también es empresario- y comparte sus preocupaciones y problemas. Lo mismo sucede a nivel político, donde ya muchos gritan “Manzur conducción”, cuando el cadáver de líder político del ex gobernador aún está tibio.

Sin embargo, hay algunos -de ambos ámbitos, el privado y el público- que recuerdan que el mandatario es más bien como el príncipe de la película Shrek, que se esfuerza por ser simpático y legitimarse en el trono, pero que sin la magia de su madre termina en desgracia. El diario “Clarín” ayudó a refrescar la memoria de los “encantados” el lunes, con un informe que tituló “Cristina y sus funcionarios dejan el poder más ricos que cuando llegaron”. En la página 13, el matutino porteño rememora que el patrimonio de Manzur se incrementó un 398% mientras fue ministro nacional (de $ 5 millones a $ 23 millones), superado en porcentajes sólo por Aníbal Fernández, Héctor Icazuriaga, Sergio Berni y Ricardo Echegaray.

Sin la varita mágica del kirchnerismo, que lo protegía y apañaba, habrá que ver cómo pilotea la nueva era política nacional el gobernador que logró el sobreseimiento en una denuncia por enriquecimiento ilícito, pero que mantiene otras abiertas. Esta semana los tiempistas jueces federales comenzaron a dar muestras de que se están acomodando a los nuevos aires políticos: dieron por terminada la investigación contra Mauricio Macri, les dieron impulso a dos causas contra Amado Boudou y condenaron a Carlos Menem y a Domingo Cavallo. A varios de los que formaron parte de la era K les corrió un escalofrío por el cuello. Habrá que ver si los encantos de Manzur y los fondos que invirtió en lobbystas son suficientes para continuar borrando aquella imagen oscura con la que llegó al poder.

Por lo pronto, deberá decidir qué tipo de relación pretende mantener con su antecesor. José Alperovich no está feliz. Como Juan Román Riquelme, sonríe apenas para las fotos, pero está dispuesto a complicarle la vida a su sucesor si persiste con el desdén hacia su persona. El senador electo estalló en furia la semana pasada cuando se topó con una avenida Aconquija colmada de afiches con la frase “Manzur conducción”. Mandó a su fiel colaborador Alberto Kaleñuk a pedir que convocara a algunos muchachos para que los quitaran rápidamente de la vía pública. Así lo hicieron, aunque son cada vez menos, apenas unos cuantos, los que desayunan con el ex gobernador en su casa. Hasta hace poco, muchos hubiesen entregado un ojo de la cara por participar de esos encuentros.

Alperovich posee la llave de un sinnúmero de secretos de Manzur. Varios los inmiscuyen a ambos y hasta ahora eso es suficiente para que uno y otro respiren tranquilos. Uno de ellos es el del manejo del dinero en la Legislatura. El llamativo movimiento de $ 25 millones el día de traspaso de poder (29 de octubre) no es un dato menor. ¿Adónde fue ese dinero? ¿Para quién? ¿O mejor dicho, quién no lo recibió?

En la Cámara el escándalo por las valijas continúa haciendo estragos. Ex legisladores con el mandato recién cumplido desfilan por los despachos administrativos exigiendo el pago de gastos sociales adeudados. En estos días se oyó protestar a Ramón Graneros. Bajó de un ascensor refunfuñando que “esto no es así” y, palabras más, palabras menos, que encima debían soportar el escarnio público. Los nuevos también sufren. El líder del bloque oficialista, Ramón Santiago Cano, estaría pasándola mal por la falta de recursos legislativos. Posee una larga lista de punteros que esperan que cumpla con su promesa de darles un lugar. Los contratos para los flamantes parlamentarios aparecen en cuentagotas y con restricciones: no se paga ni título ni extensión horaria a los que acaban de firmar los papeles.

¿Y por qué Juan Ruiz Olivares entró en desgracia?, se preguntan en los pasillos del edificio de calle Muñecas. La inquisitoria apareció porque trascendió que el actual presidente de la Cámara, Osvaldo Jaldo, habría dado de baja hasta los empleados que el ex secretario legislativo había nombrado como transitorios. ¿Qué provocó que quien fuera un fiel soldado de Manzur durante su ausencia de la provincia ahora reciba semejante trato? La respuesta no aparece y eso sorprende.