Un gran dinosaurio

origen: EEUU, 2015. dirección: Peter Sohn. voces (en inglés): Raymond Ochoa, Jeffrey Wright, Frances McDormand. violencia: con escenas. sexo: sin escenas. otra joya: como es habitual en las funciones de Pixar, a la película la acompaña un corto: “Sanjay’s Super Team”, un delicioso cuento sobre la relación padre-hijo que mezcla superhéroes y tradiciones religiosas indias.

Muy buena

La clave de la historia está en el comienzo, cuando el asteroide destinado a extinguir a los dinosaurios pasa de largo en lugar de estrellarse en la península de Yucatán. Se explica así ese escenario tantas veces explorado por el cine: la convivencia entre humanos y dinos. La diferencia la hace Pixar desde su capacidad para crear personajes tan simples como entrañables y, en especial, para regalar una belleza visual subyugante.

El guiño de la trama es tan sencillo como la estructura del guión: Arlo, el más pequeño de tres hermanos dinosaurios, adopta a un niño humano como mascota. Entre Arlo y el salvaje Spot fluye la amistad, puro amor en medio de un azaroso viaje a casa, porque Arlo ha perdido a su padre y vivirá infinidad de peripecias mientras busca el camino el hogar.

Hay momentos muy graciosos, como el encuentro de Arlo con el más bizarro de los triceratops, y otro casi lisérgico, por obra y gracia de la ingesta de un fruto muy particular. De paso, “Un gran dinosaurio” se permite también homenajear al western. ¿Quién hubiera imaginado a un tiranosaurio convertido en cowboy?

Las proezas técnicas de Pixar nunca dejan de asombrar. El tratamiento del agua, por ejemplo, es increíble. Los colores, las texturas y los escenarios invitan a sumergirse en la pantalla. Es un feliz debut en la dirección de Peter Sohn (de quien habíamos visto el corto “Parcialmente nublado”, estrenado junto a “Up”).

Exenta de toda complejidad, sin bromas cinéfilas ni códigos reservados para adultos, “Un gran dinosaurio” se disfruta con placidez y ojos de niño. Para los chicos es una fiesta; para los grandes, también.

Poco novedosa colección de monstruos

Víctor Frankenstein

origen: EEUU, 2015. dirección: Paul McGuigan. CON: Daniel Radcliffe, James McAvoy. violencia: con escenas. sexo: sin escenas. gigante: a Charles Dance le alcanza con una escena para dar una clase de actuación. la reflexión: será muy difícil que el cine dé luz a un Igor tan formidable como el que construyeron a dúo Marty Feldman y Mel Brooks.

Regular

Max Landis, guionista de esta versión absolutamente libre del clásico de Mary Shelley, y Paul McGuigan llevan al extremo el concepto de monstruo. En la novela es un juego de espejos entre creador y creatura, con un trasfondo filosófico-religioso decididamente incómodo. En la película de McGuigan monstruos son todos, a excepción de Igor -que empieza en la piel de un buen salvaje- y la angelical Lorelei (Jessica Brown Findlay, irresistible). Igor y Lorelei representan una península de humanidad entre el oleaje de perversión y locura provocado por el doctor Frankenstein.

La monstruosidad empieza por la tumultuosa Londres victoriana y pervierte a todos los personajes: Frankenstein (desbocado James McAvoy), su padre, el ambicioso Finnegan (Freddie Fox) y el inspector Turpin (el notable Andrew Scott). No hay límites morales para ninguno de ellos. Poco podía esperarse del anhelado Prometeo.

McGuigan cuenta la historia desde la perspectiva de Igor, al que Daniel Radcliffe mete en caja sin dejarse tentar por la desmesura que se advierte alrededor. Es un punto de vista interesante, aunque la película, en su voracidad visual y narrativa, lo fagocita rápidamente. Es la marca de la época.